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Nuevas incertidumbres para la ISS tras la llegada de la Soyuz MS-28 y daños en Baikonur

Nuevas incertidumbres para la ISS tras la llegada de la Soyuz MS-28 y daños en Baikonur

La Estación Espacial Internacional (ISS) ha alcanzado esta semana uno de sus picos históricos de ocupación, con diez astronautas a bordo tras la llegada de la tripulación lanzada mediante la nave Soyuz MS-28. Sin embargo, este éxito se ve ensombrecido por graves problemas en la infraestructura de lanzamiento rusa, que amenazan el futuro inmediato de los vuelos tripulados y, por extensión, el funcionamiento de la propia estación.

El pasado 28 de noviembre, la Soyuz MS-28 acopló con éxito a la ISS, añadiendo tres nuevos miembros a la tripulación multinacional que ya residía en la plataforma orbital. Este tipo de rotaciones, habituales desde hace más de dos décadas, garantizan la continuidad de las investigaciones científicas y el mantenimiento de los complejos sistemas vitales del laboratorio espacial.

Sin embargo, la situación en Tierra es mucho menos estable. El cosmódromo de Baikonur, en Kazajistán, sufrió daños significativos en una de sus plataformas de lanzamiento principales, utilizada históricamente para las misiones tripuladas de la Soyuz. Este incidente, cuyas causas aún se investigan, pone en jaque la capacidad de Rusia para mantener su tradicional frecuencia de vuelos hacia la ISS, abriendo un periodo de incertidumbre que afecta tanto a la logística orbital como a la cooperación internacional en el espacio.

El papel de Rusia en la aventura espacial internacional

Desde el año 2000, la ISS ha estado ocupada de forma continua gracias a la colaboración entre las agencias espaciales de Estados Unidos (NASA), Rusia (Roscosmos), Europa (ESA), Japón (JAXA) y Canadá (CSA), entre otras. La Soyuz ha sido, durante largos periodos, el único medio fiable de transporte de astronautas hacia y desde la estación, especialmente tras la retirada de los transbordadores estadounidenses en 2011.

El cosmódromo de Baikonur, operativo desde los años 50, es un enclave histórico: desde allí partió Yuri Gagarin en 1961 para convertirse en el primer ser humano en órbita. En las últimas décadas, a pesar de la entrada en servicio de nuevas plataformas y empresas privadas, Baikonur ha seguido siendo la columna vertebral de los vuelos tripulados rusos.

Daños en Baikonur: consecuencias técnicas y políticas

El reciente daño en la plataforma de lanzamiento amenaza con provocar retrasos en la programación de futuras misiones Soyuz. Una reparación a fondo podría requerir meses de trabajo especializado, lo que plantea la posibilidad de un parón temporal en los vuelos tripulados rusos. Esta situación resulta especialmente delicada en un momento en el que el futuro de la ISS está en discusión: varias agencias han anunciado su intención de retirar la estación en algún momento de la próxima década, y cualquier interrupción en los relevos de tripulación podría precipitar decisiones sobre su deorbitación y final seguro.

Mientras tanto, los socios internacionales observan con preocupación. La NASA, que desde 2020 ha recuperado la capacidad de enviar astronautas gracias a las cápsulas Crew Dragon de SpaceX y, más recientemente, al Starliner de Boeing, dispone de alternativas para mantener la presencia estadounidense y europea. No obstante, la cooperación con Rusia sigue siendo vital para la operatividad total de la ISS, especialmente en aspectos como la gestión de la órbita y el mantenimiento de sistemas críticos.

El auge de los lanzadores privados y el futuro de la presencia humana en órbita

La situación actual subraya la importancia de la diversificación en el acceso al espacio. Empresas privadas como SpaceX han revolucionado el sector con lanzadores reutilizables y cápsulas tripuladas, permitiendo a la NASA reducir su dependencia de Roscosmos. Blue Origin, por su parte, continúa desarrollando el cohete New Glenn y la cápsula tripulada, con la vista puesta en una futura estación comercial en órbita baja. En Europa, compañías como PLD Space avanzan en el desarrollo de lanzadores reutilizables, mientras que Virgin Galactic explora el turismo suborbital.

Estas iniciativas privadas y públicas, junto con el interés creciente por parte de China y otras naciones, apuntan a una nueva era en la exploración y explotación del espacio. No solo se multiplican las opciones para el transporte tripulado, sino que se abren nuevas oportunidades para la investigación científica, la observación de exoplanetas y el establecimiento de bases permanentes fuera de la Tierra.

Reflexión final: la ISS ante una encrucijada

La crisis en Baikonur es un recordatorio de la fragilidad de la infraestructura espacial y de la necesidad de una colaboración internacional sólida. El futuro de la ISS, símbolo máximo de la cooperación científica global, dependerá en gran medida de la capacidad de sus socios para superar desafíos técnicos y geopolíticos. Entretanto, la carrera por la presencia permanente en el espacio se acelera, y nuevas generaciones de vehículos y estaciones prometen mantener viva la llama de la exploración humana más allá de nuestro planeta.

(Fuente: SpaceDaily)