China da un paso decisivo hacia la Luna con el debut en 2026 de su cohete Larga Marcha 10

La carrera lunar del siglo XXI suma un nuevo contendiente decidido: China ha anunciado que en 2026 pondrá a prueba por primera vez su flamante cohete Larga Marcha 10, una pieza clave para sus ambiciosos planes de llegada tripulada a la Luna y futuras misiones en órbita baja terrestre (LEO). Este lanzamiento inaugural no solo marcará un hito para la agencia espacial china (CNSA), sino que también situará al gigante asiático en la vanguardia de la exploración espacial, compitiendo directamente con los avances de la NASA, SpaceX y otras potencias aeroespaciales.
El Larga Marcha 10, conocido en mandarín como Chang Zheng 10, es el resultado de años de desarrollo y representa la próxima generación de lanzadores pesados chinos. Con una estructura de tres etapas y capacidad para transportar alrededor de 27 toneladas a la órbita baja terrestre y hasta 70 toneladas en futuras versiones reutilizables, este cohete está diseñado para misiones tripuladas y de carga con destino a la Luna. Su debut será una prueba crítica para validar las capacidades de China en el transporte de astronautas y módulos lunares más allá de la órbita terrestre.
El primer vuelo del Larga Marcha 10 servirá como ensayo general para la misión de alunizaje tripulado que China planea ejecutar antes de 2030. Dicha misión, bautizada como «Programa Lunar Tripulado de China», contempla el envío de dos cohetes: uno para depositar el módulo de alunizaje en la órbita lunar y otro para transportar a los astronautas hasta el satélite. Tras acoplarse en órbita lunar, la tripulación descenderá a la superficie, en un esquema que recuerda a las misiones Apolo pero con tecnología y procedimientos actualizados.
La construcción del Larga Marcha 10 se enmarca en el ambicioso programa lunar chino, que se ha venido desarrollando en paralelo a la exitosa estación espacial Tiangong y las misiones robóticas Chang’e. China se ha convertido en los últimos años en una potencia espacial consolidada, con hitos como el retorno de muestras lunares (Chang’e 5), el aterrizaje en la cara oculta de la Luna (Chang’e 4) y la exploración de Marte (misión Tianwen-1). El próximo gran salto es demostrar la capacidad de enviar y traer de vuelta a taikonautas desde la Luna, un logro que hasta ahora solo ostenta Estados Unidos.
Mientras tanto, el panorama internacional no se queda atrás. La NASA sigue avanzando en su programa Artemis, con el objetivo de regresar astronautas estadounidenses a la superficie lunar a partir de 2026. Para ello, cuenta con el cohete SLS (Space Launch System) y la colaboración de SpaceX, que desarrolla la nave Starship como módulo de alunizaje. SpaceX, liderada por Elon Musk, también ha protagonizado titulares recientemente con la cuarta prueba de vuelo integrada de Starship, destinada a validar el sistema para misiones lunares y, en un futuro, a Marte. Por su parte, la empresa Blue Origin, de Jeff Bezos, ha sido elegida para desarrollar un segundo módulo de alunizaje para Artemis, fomentando la competencia y la innovación en el sector privado.
En Europa, destaca el impulso de la compañía española PLD Space, que en 2023 logró el primer lanzamiento privado de un cohete suborbital, el Miura 1. Este éxito ha posicionado a España en el mapa del acceso comercial al espacio y sienta las bases para el desarrollo del Miura 5, un lanzador orbital que buscará competir en el mercado de pequeños satélites. Además, la ESA (Agencia Espacial Europea) sigue avanzando con el Ariane 6, cuya entrada en servicio está prevista para este año tras varios retrasos.
En el ámbito de la exploración exoplanetaria, tanto la NASA como la ESA mantienen activos programas de búsqueda y caracterización de planetas fuera del Sistema Solar, con telescopios como TESS y CHEOPS. El descubrimiento de nuevos exoplanetas potencialmente habitables sigue alimentando el interés científico y público por la exploración más allá de nuestro entorno inmediato.
El debut del Larga Marcha 10 en 2026 representa, por tanto, un punto de inflexión para China y para el equilibrio global en la exploración espacial. El éxito o fracaso de esta misión inaugural no solo determinará el calendario de alunizaje tripulado chino, sino que también influirá en la estrategia de Estados Unidos, Europa y las empresas privadas que pugnan por liderar la próxima era lunar. La cuenta atrás ya ha comenzado, y el mundo observa expectante cómo se reconfigura el tablero de la conquista espacial.
(Fuente: SpaceNews)
