Las claves ocultas de la exploración espacial: el papel imprescindible de los microbios

El futuro de la exploración espacial, tanto por parte de agencias públicas como privadas, pasa por la convivencia con un compañero invisible pero omnipresente: el mundo microbiano. Desde los primeros vuelos de la NASA hasta las misiones comerciales de SpaceX y Blue Origin, la presencia de bacterias y hongos ha sido una constante, no solo como polizones inevitables, sino como actores potencialmente cruciales para el éxito de la vida humana fuera de la Tierra.
Imposible de evitar, esencial de comprender
Los microbios nos acompañan en cada paso: viven sobre nuestra piel, en nuestro aparato digestivo, en los alimentos e incluso en las superficies de las naves espaciales. Por mucho que se apliquen estrictos protocolos de limpieza en los lanzamientos de SpaceX, la ISS o las misiones Artemis de la NASA, es imposible erradicar completamente a estas diminutas formas de vida. Lejos de limitarse a ser un problema de contaminación, los microorganismos pueden convertirse en aliados indispensables en la exploración del espacio profundo.
Desde las primeras misiones tripuladas, los científicos han observado cómo la microgravedad y la radiación afectan tanto a las bacterias como a los hongos. La NASA, pionera en el estudio de estos efectos desde los tiempos del programa Apollo, ha documentado cambios sorprendentes en el comportamiento microbiano fuera de la Tierra. Por ejemplo, se ha detectado que algunas bacterias aumentan su resistencia a los antibióticos y modifican su virulencia durante las estancias en órbita.
Microbios y salud humana: un binomio inseparable
A medida que los vuelos espaciales se alargan —como prevén las futuras misiones de la NASA a Marte o los planes de asentamientos lunares liderados por Blue Origin y SpaceX—, el impacto de los microbios sobre la salud de los astronautas se vuelve una cuestión crítica. La alteración de la microbiota intestinal, fundamental para el sistema inmunitario, puede aumentar la susceptibilidad a infecciones. Por ello, la investigación sobre cómo mantener un equilibrio saludable de bacterias “buenas” en el espacio se ha convertido en una prioridad para las agencias espaciales.
Proyectos como el Microgravity Investigation of Cement Solidification (MICS) de la NASA, o los experimentos de la ESA en la Estación Espacial Internacional, analizan la evolución de comunidades microbianas en condiciones extremas. De igual modo, empresas privadas como Virgin Galactic y Blue Origin han mostrado interés en el estudio de la biocompatibilidad de sus aeronaves, conscientes de que la salud de los tripulantes es un factor clave para el éxito comercial de sus misiones suborbitales y orbitales.
Los microorganismos como aliados tecnológicos
Pero el papel de los microbios no se limita al ámbito médico. Investigaciones recientes sugieren que ciertas bacterias y hongos pueden convertirse en aliados tecnológicos de primer orden. Por ejemplo, existen cepas capaces de reciclar residuos orgánicos, producir oxígeno o incluso extraer minerales útiles del regolito lunar o marciano, proporcionando así recursos esenciales para la vida y la construcción en otros planetas.
PLD Space, la empresa española de lanzadores reutilizables, ha mostrado interés en colaborar con universidades y centros de investigación para experimentar con biotecnología microbiana en vuelos suborbitales. Estos estudios no solo ayudarán a comprender cómo los microbios pueden facilitar la producción de alimentos, agua y materiales en misiones de larga duración, sino que también podrían revolucionar la manera en que abordamos la sostenibilidad en el espacio.
Un campo de investigación en auge
La exploración de exoplanetas habitables, uno de los grandes objetivos de la próxima generación de telescopios espaciales (como el James Webb de la NASA o los futuros proyectos de la ESA), ha reavivado el interés por la astrobiología y el papel de los microorganismos en la colonización de nuevos mundos. La posibilidad de encontrar vida microbiana en otros planetas, o de utilizar microorganismos terrestres para terraformar ambientes hostiles, abre escenarios que hace apenas unas décadas solo pertenecían a la ciencia ficción.
La colaboración entre agencias públicas y empresas privadas está acelerando la investigación en este campo. Ejemplo de ello es el reciente consorcio internacional entre la NASA, Blue Origin y varias universidades europeas, centrado en el desarrollo de sistemas de soporte vital basados en bacterias modificadas genéticamente. Estos sistemas podrían ser la clave para garantizar la autosuficiencia de futuras bases en la Luna, Marte o incluso más allá, en los exoplanetas más prometedores identificados por misiones como TESS o CHEOPS.
Un desafío integral para la humanidad espacial
Así, comprender y aprovechar el comportamiento de los microorganismos en condiciones espaciales no es solo una cuestión de salud, sino una pieza fundamental del puzle tecnológico, ecológico y social que supone la expansión de la humanidad más allá de nuestro planeta. Los microbios, lejos de ser simples polizones, pueden convertirse en los verdaderos pioneros de la vida humana en el cosmos.
La próxima vez que una nave de SpaceX, PLD Space o una cápsula de la NASA cruce los confines de la atmósfera terrestre, recordemos que su tripulación nunca viaja sola. En el viaje hacia las estrellas, los microorganismos serán tanto nuestro desafío como nuestra esperanza.
(Fuente: SpaceDaily)
