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Artemis: El ambicioso regreso lunar combina tecnología de décadas y retos de última generación

Artemis: El ambicioso regreso lunar combina tecnología de décadas y retos de última generación

El programa Artemis de la NASA representa la mayor apuesta estadounidense por devolver astronautas a la superficie lunar desde la era Apolo. Pero, aunque el nombre Artemis y su hoja de ruta oficial se presentaron hace apenas un lustro, el proyecto es, en realidad, el resultado de un largo y tortuoso proceso de desarrollos técnicos, ideas heredadas y componentes que arrastran décadas de historia. Este complejo trasfondo se refleja en la evolución de sus primeras misiones, cuyos diseños, calendarios y objetivos han cambiado varias veces a medida que la NASA, las empresas privadas y los socios internacionales ajustaban ambiciones y presupuestos.

El corazón de Artemis es el cohete SLS (Space Launch System), un lanzador pesado cuyo origen se remonta a los años posteriores a la retirada del transbordador espacial estadounidense. Tras el accidente del Columbia en 2003, la NASA inició el programa Constellation, que pretendía regresar a la Luna con el cohete Ares V y la cápsula Orión. Cuando Constellation fue cancelado en 2010 por sobrecostes y retrasos, parte de sus tecnologías y equipos fueron rescatados para dar forma al SLS y a la nave Orión, que ahora son elementos fundamentales en Artemis. Este reciclaje de hardware y know-how explica por qué, a pesar de ser una iniciativa «nueva», los primeros lanzamientos de Artemis emplean tecnologías con raíces que se hunden en los años 2000, e incluso antes.

El debut de Artemis, la misión Artemis I, despegó en noviembre de 2022 tras múltiples aplazamientos y problemas técnicos. Este vuelo no tripulado demostró con éxito la capacidad del SLS y de la nave Orión para viajar hasta la órbita lunar y regresar a la Tierra. Sin embargo, el calendario para Artemis II, el primer vuelo tripulado, se ha visto afectado por revisiones técnicas y la necesidad de garantizar la seguridad de la tripulación ante las exigencias de una misión tan compleja. La NASA ha anunciado que Artemis II no despegará antes de septiembre de 2025, y la histórica Artemis III, que supondrá el primer alunizaje humano desde 1972, se retrasa hasta al menos 2026.

Uno de los grandes cambios respecto al programa Apolo reside en la colaboración con empresas privadas. SpaceX, liderada por Elon Musk, tiene la responsabilidad de desarrollar la versión lunar de su nave Starship, que será el módulo de aterrizaje para Artemis III. El proyecto ha supuesto un reto sin precedentes en la historia de la exploración espacial comercial, ya que Starship deberá acoplarse en órbita lunar con la nave Orión y llevar a los astronautas hasta la superficie del satélite. Este ambicioso planteamiento ha obligado a replantear los perfiles de misión y ajustar los requisitos técnicos, al tiempo que SpaceX prosigue con los lanzamientos de prueba y la mejora de su gigantesco cohete, el más potente jamás construido.

Paralelamente, otras compañías como Blue Origin, de Jeff Bezos, y Dynetics, compiten por participar en futuras misiones Artemis aportando sus propios diseños de módulos lunares. En Europa, la Agencia Espacial Europea (ESA) colabora a través del desarrollo del Módulo de Servicio Europeo (ESM) para la nave Orión, una pieza clave que proporciona propulsión, energía y soporte vital a la tripulación. Además, la ESA aspira a que astronautas europeos viajen a la Luna en una próxima fase del programa.

El renovado interés por la Luna no se limita a Estados Unidos y sus socios. China y Rusia han anunciado sus propios planes para establecer bases lunares a partir de la próxima década, mientras que países como India, Japón y Emiratos Árabes Unidos avanzan en misiones robóticas. En este contexto, Artemis se convierte en el eje de una nueva carrera lunar en la que la exploración científica, la demostración tecnológica y la geopolítica se dan la mano.

Mientras, empresas como PLD Space en España, Virgin Galactic en Estados Unidos o startups emergentes en Asia y Europa demuestran que el auge del sector privado está cambiando las reglas del juego. El acceso comercial al espacio, la proliferación de lanzadores reutilizables y la búsqueda de exoplanetas habitables configuran un panorama sin precedentes para la cooperación internacional y la competitividad tecnológica.

En definitiva, Artemis es mucho más que el regreso de la humanidad a la Luna: es la culminación de décadas de desarrollo, de herencias técnicas y de innovación empresarial, que sientan las bases para una presencia humana sostenible fuera de la Tierra. A medida que las fechas clave se acercan y los desafíos persisten, el mundo permanece atento al desenlace de una nueva era en la exploración lunar.

(Fuente: Space Scout)