Betelgeuse y el misterio de las supernovas: ¿Qué ocurre cuando muere una estrella gigante?
El universo es un escenario de cambios titánicos, y pocos espectáculos son tan impresionantes como la muerte de una estrella masiva. En 2019, la estrella Betelgeuse, fácilmente identificable como el hombro rojizo de la constelación de Orión, sorprendió a astrónomos y aficionados al disminuir notablemente su brillo. Este fenómeno, conocido como el “Gran Apagón de Betelgeuse”, desató rumores globales sobre la inminente explosión de la estrella como supernova, un evento que podría iluminar nuestros cielos durante semanas. Sin embargo, aunque el estallido no parece inminente, la inquietud despertó el interés por entender qué ocurre realmente cuando una estrella de estas características llega al final de su vida.
Betelgeuse, ubicada a unos 650 años luz de la Tierra, es una supergigante roja, una de las estrellas más grandes y luminosas de nuestra galaxia. Su tamaño es tan colosal que, si se situase en el centro de nuestro Sistema Solar, engulliría las órbitas de Mercurio, Venus, la Tierra y Marte. Como variable semirregular, su brillo fluctúa de forma natural, pero la disminución de 2019 fue la más significativa jamás registrada, provocando un auténtico revuelo en la comunidad astronómica.
Las supergigantes rojas como Betelgeuse viven rápido y mueren jóvenes, en términos astronómicos. Agotan su combustible nuclear en apenas unos millones de años, en comparación con los miles de millones de años que tarda nuestro Sol. Cuando el hidrógeno en su núcleo se agota, la estrella comienza a fusionar elementos más pesados, hasta llegar al hierro. Es entonces cuando el equilibrio entre la presión radiativa y la gravedad se rompe, y la estrella colapsa sobre sí misma, desencadenando una explosión de supernova.
Para anticipar el destino de Betelgeuse, los astrofísicos miran hacia el pasado, concretamente a la Nebulosa del Cangrejo. Este remanente, situado a unos 6.500 años luz en la constelación de Tauro, es el resultado de una supernova observada en la Tierra en 1054 d.C. por astrónomos chinos y árabes. La Nebulosa del Cangrejo es hoy una nube de gas y polvo en expansión, con un núcleo de estrella de neutrones —un púlsar— en su centro, testimonio de las fuerzas extremas desatadas en la muerte de una estrella masiva.
El estudio de estos remanentes es crucial para comprender los procesos físicos y nucleares que ocurren durante una supernova. Además, las explosiones estelares desempeñan un papel esencial en la química cósmica: los elementos pesados, como el oro, el platino o el uranio, se originan en estos cataclismos y se dispersan por el espacio, fertilizando futuras generaciones de estrellas y planetas.
En la actualidad, la observación de Betelgeuse y su entorno cuenta con la colaboración de instituciones públicas y privadas, desde la NASA hasta empresas como SpaceX. La astrofísica contemporánea se apoya en una red de telescopios terrestres y espaciales, como el Hubble o el James Webb Space Telescope, que permiten estudiar no solo el comportamiento de las estrellas moribundas, sino también su impacto en el medio interestelar. Iniciativas privadas, como Blue Origin y Virgin Galactic, han anunciado proyectos para lanzar telescopios y experimentos orbitales, ampliando el acceso a la ciencia de frontera.
En España, la empresa PLD Space ha dado pasos importantes en el sector aeroespacial privado, desarrollando cohetes reutilizables que podrían facilitar la puesta en órbita de instrumentos científicos de última generación. Mientras tanto, la búsqueda de exoplanetas habitables y el análisis de atmósferas planetarias en sistemas estelares moribundos complementan el estudio del ciclo vital estelar. El descubrimiento de planetas orbitando estrellas que han explotado recientemente abre nuevas preguntas sobre la resiliencia de la vida y la evolución de los sistemas planetarios en entornos extremos.
El caso de Betelgeuse, aunque aún no ha culminado con una supernova, sirve como recordatorio de la dinámica violenta y fascinante del cosmos. Los astrónomos continúan vigilando la estrella, recopilando datos que ayudarán a predecir cuándo llegará su final y qué podremos aprender de ese instante. La expectación no solo reside en el espectáculo visual que supondría una supernova tan cercana, sino también en la oportunidad única de estudiar en tiempo real uno de los procesos más fundamentales del universo.
En definitiva, la muerte de una estrella como Betelgeuse no es el fin, sino el inicio de un nuevo ciclo de creación y transformación en la galaxia. El trabajo conjunto de agencias espaciales tradicionales y nuevas empresas privadas está permitiendo desentrañar los misterios de estas gigantes cósmicas, abriendo una ventana privilegiada al futuro de la astronomía y la exploración espacial.
(Fuente: NASA)
