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China tropieza en 2024, pero su programa espacial prepara un 2026 de grandes hitos

China tropieza en 2024, pero su programa espacial prepara un 2026 de grandes hitos

El arranque de 2024 no ha sido el esperado para el ambicioso programa espacial chino. Dos fallos consecutivos en lanzamientos han empañado el inicio de año para la potencia asiática, que sin embargo mantiene una hoja de ruta repleta de objetivos técnicos y misiones clave para los próximos años. A pesar de estos tropiezos, expertos y analistas prevén que 2026 será un año crucial para el avance de China en la carrera espacial global, en la que rivaliza tanto con las agencias estatales como con empresas privadas de Occidente.

El primer revés llegó con el cohete Zhuque-2, desarrollado por la empresa privada LandSpace, que sufrió un fallo durante el encendido de la segunda etapa. El Zhuque-2 es el primer lanzador operativo del mundo propulsado por metano y oxígeno líquido, una apuesta tecnológica que también persiguen compañías como SpaceX y Blue Origin. Este combustible es más limpio y eficiente que los tradicionales, y su desarrollo se considera clave para el futuro de los cohetes reutilizables y las misiones interplanetarias.

Pocos días después, la Corporación de Ciencia y Tecnología Aeroespacial de China (CASC), responsable de buena parte de los lanzamientos estatales, experimentó otro contratiempo con un cohete Long March 6A. Este modelo, una variante moderna de la prolífica familia Chang Zheng (Long March), falló en colocar en órbita su carga útil debido a un mal funcionamiento en la etapa superior. Aunque la CASC cuenta con una tasa de éxito superior al 95%, este incidente subraya los desafíos de mantener una cadencia elevada de lanzamientos y de introducir innovaciones en sus vehículos.

Estos fracasos contrastan con los éxitos recientes de la industria espacial china. En 2023, el país realizó más de 60 lanzamientos orbitales, situándose solo por detrás de Estados Unidos, donde SpaceX batió récords con más de 90 misiones. China mantiene activa su propia estación espacial, Tiangong, y desarrolla sondas lunares y misiones a Marte. Las empresas privadas, estimuladas por una apertura regulatoria, han comenzado a experimentar con motores de metano, tecnologías de reutilización y cohetes de diseño avanzado, en paralelo a lo que realizan SpaceX con su Falcon 9 y el futuro Starship, o Blue Origin con su New Glenn.

En el horizonte de 2026, los planes chinos son especialmente ambiciosos. Uno de los hitos más esperados es el lanzamiento de la misión Chang’e-7, destinada a explorar el polo sur de la Luna, una región de gran interés científico y estratégico por la posible existencia de agua en forma de hielo. Esta misión incluirá un orbitador, un aterrizador, un rover y un pequeño dron saltador, lo que la convierte en una de las más complejas enviadas por China al satélite natural.

El desarrollo de nuevos cohetes también es central en la estrategia china. El Long March 10, diseñado específicamente para vuelos tripulados al entorno lunar y al espacio profundo, podría realizar su vuelo inaugural en torno a 2026. Este lanzador de gran capacidad será fundamental para las misiones que, a finales de la década, intentarán llevar astronautas chinos a la superficie lunar, siguiendo los pasos del programa Artemis de la NASA y sus socios internacionales.

En el ámbito internacional, la competencia es feroz. La NASA, impulsada por el sector privado, avanza en la consolidación de Artemisa, que prevé el regreso de astronautas estadounidenses –con participación europea y japonesa– a la Luna antes de que termine la década. SpaceX, por su parte, sigue testando el colosal Starship, un vehículo totalmente reutilizable que promete reducir drásticamente el coste de los viajes espaciales. Blue Origin, con New Glenn y su módulo lunar Blue Moon, aspira a participar tanto en misiones comerciales como gubernamentales.

Mientras, en Europa, la española PLD Space ha logrado hitos históricos con el lanzamiento del Miura 1, el primer cohete suborbital privado del continente, y prepara el debut orbital del Miura 5 para 2025. Virgin Galactic, desde Estados Unidos, sigue desarrollando su turismo espacial suborbital, y la búsqueda de exoplanetas continúa a ritmo acelerado con telescopios como el James Webb y misiones como CHEOPS o TESS.

A pesar de los recientes fallos, la trayectoria de China muestra una clara determinación por consolidarse como una potencia espacial integral. El apoyo estatal, la pujanza de startups tecnológicas y la cooperación internacional selectiva auguran que 2026 será un año decisivo, con nuevas misiones lunares, avances en la exploración de Marte y pasos firmes hacia la presencia humana en el espacio profundo. El programa espacial chino no solo busca superar sus propios desafíos técnicos, sino también posicionarse como rival directo de las principales agencias y empresas del sector a escala global.

En definitiva, aunque 2024 haya comenzado con dificultades, el futuro inmediato de la exploración espacial china promete ser apasionante y marcará el ritmo de la nueva era espacial en la que participan, cada vez más, actores públicos y privados de todo el mundo.

(Fuente: NASASpaceflight)