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Cien años de cohetes de combustible líquido: el motor que impulsó la era espacial

Cien años de cohetes de combustible líquido: el motor que impulsó la era espacial

Hace exactamente un siglo, la humanidad dio un pequeño gran salto hacia la conquista del espacio. El 16 de marzo de 1926, en una granja de Auburn, Massachusetts (Estados Unidos), el físico Robert H. Goddard realizó con éxito el primer lanzamiento de un cohete propulsado por combustible líquido. Aquel artefacto, que apenas alcanzó una altitud de 12,5 metros y una distancia de 56 metros, marcó el inicio de una revolución tecnológica que cambiaría para siempre nuestra relación con el cosmos.

La relevancia de este centenario es indiscutible. El principio fundamental del cohete de Goddard —la propulsión mediante la combustión controlada de un combustible líquido y un oxidante— sigue siendo la base sobre la que se asienta la mayoría de los lanzamientos espaciales modernos. Frente a los cohetes de combustible sólido, que ya se usaban desde siglos atrás en pirotecnia y armamento, el diseño de Goddard ofrecía un control mucho más preciso sobre el empuje, la posibilidad de apagar el motor a voluntad y una eficiencia muy superior, abriendo la puerta a las misiones espaciales tal y como las conocemos.

El avance iniciado por Goddard fue recogido décadas más tarde por otras figuras clave como Wernher von Braun, Sergei Koroliov o Elon Musk. Los cohetes de combustible líquido permitieron primero enviar satélites artificiales al espacio (como el Sputnik 1 en 1957), luego a seres vivos y, finalmente, llevaron al ser humano a la Luna en 1969 con el Saturn V, el coloso que impulsó las misiones Apolo.

En la actualidad, compañías privadas como SpaceX y Blue Origin han revolucionado la industria al perfeccionar la reutilización de cohetes de combustible líquido. SpaceX, bajo la dirección de Elon Musk, ha logrado aterrizar y reutilizar con éxito las primeras etapas de sus cohetes Falcon 9 y Falcon Heavy, reduciendo drásticamente los costes de acceso al espacio. Además, su nave Starship, diseñada para ser completamente reutilizable y con capacidad para transportar grandes cargas y tripulación a la Luna y Marte, está construida íntegramente en torno a motores de metano y oxígeno líquido, una evolución directa del legado de Goddard.

Blue Origin, fundada por Jeff Bezos, también ha apostado por la propulsión líquida en su familia de cohetes New Shepard y New Glenn, orientados tanto a vuelos suborbitales turísticos como a misiones orbitales para clientes comerciales y gubernamentales. El motor BE-4, que utiliza metano líquido como combustible, es uno de los desarrollos más avanzados en este campo y será utilizado tanto en el propio New Glenn como en el cohete Vulcan de United Launch Alliance.

En Europa, la empresa española PLD Space ha cosechado un éxito reciente con el lanzamiento de su cohete Miura 1, también de combustible líquido, que representa el primer paso hacia el Miura 5, su vehículo orbital. Este logro sitúa a España en el reducido grupo de países capaces de desarrollar y lanzar cohetes de este tipo, abriendo nuevas oportunidades para la industria aeroespacial nacional y europea.

Por su parte, la NASA continúa confiando en motores de combustible líquido para sus grandes proyectos. El reciente lanzamiento del Artemis I hacia la Luna utilizó el Space Launch System (SLS), el cohete más potente construido hasta la fecha por la agencia estadounidense, equipado con motores RS-25 alimentados por hidrógeno y oxígeno líquidos. Estos avances no solo sirven para misiones lunares, sino que serán fundamentales en el futuro para el envío de astronautas a Marte y más allá.

Virgin Galactic, aunque se ha centrado en vuelos suborbitales turísticos con su nave SpaceShipTwo, también ha explorado la propulsión líquida para futuras actualizaciones y conceptos. Este tipo de tecnología promete mejorar la seguridad y el control de sus misiones comerciales.

El desarrollo de cohetes de combustible líquido ha sido igualmente crucial en la exploración de exoplanetas. Gracias a estos motores, telescopios espaciales como el Hubble, el James Webb o el futuro Roman Space Telescope han podido situarse en órbitas óptimas para observar los confines del universo y buscar nuevos mundos habitables.

Un siglo después del modesto experimento de Goddard, la propulsión líquida sigue siendo el pilar de la exploración espacial, impulsando tanto el avance científico como la expansión de la actividad humana más allá de la Tierra. Las próximas décadas prometen desafíos y desarrollos aún más ambiciosos, pero la chispa que encendió Goddard sigue iluminando el camino de la humanidad hacia las estrellas.

(Fuente: NASA)