Descubren cómo una joven estrella similar al Sol esculpe su propia burbuja en la galaxia

Por primera vez, un equipo internacional de astrónomos ha logrado observar en detalle cómo una estrella joven y similar al Sol genera una gigantesca burbuja en el espacio interestelar, un fenómeno conocido como «astrosfera». Este hallazgo, realizado gracias a la sensibilidad del Observatorio de Rayos X Chandra de la NASA, permite comprender mejor las primeras etapas de la evolución estelar y su impacto en el entorno galáctico.
La estrella en cuestión, situada a varios cientos de años luz de la Tierra, representa una versión mucho más joven de nuestro actual Sol. Mientras que el Sol cuenta con unos 4.600 millones de años, este astro apenas supera los pocos millones de años de edad, lo que lo posiciona en la fase de pre-secuencia principal, cuando la actividad magnética y los vientos estelares son considerablemente más intensos que los de una estrella madura.
El fenómeno observado, la astrosfera, es una inmensa burbuja compuesta por plasma caliente y material interestelar barrido por el viento estelar. Este viento, formado por partículas cargadas que la joven estrella expulsa a velocidades supersónicas, colisiona con el gas y polvo del entorno, inflando y delimitando la burbuja. En el caso del Sol, su equivalente es la heliosfera, la cual protege al Sistema Solar del bombardeo directo de rayos cósmicos galácticos y partículas de alta energía provenientes del espacio interestelar.
Las imágenes obtenidas por el Chandra han permitido identificar, por primera vez, la estructura completa de una astrosfera alrededor de una estrella de tipo solar en formación. El análisis de los datos revela que el interior de la burbuja está a temperaturas de varios millones de grados Kelvin, como resultado de los choques entre el viento estelar y el medio interestelar circundante. Esta burbuja se expande a lo largo de varios años luz, lo que sugiere que los vientos de estrellas jóvenes pueden remodelar el medio interestelar en escalas mucho mayores de lo que se pensaba.
Desde el punto de vista técnico, el Observatorio Chandra ha sido crucial para este descubrimiento. Gracias a su capacidad para captar rayos X de alta energía, los astrónomos han podido detectar el plasma caliente y estudiar la dinámica interna de la astrosfera. Los rayos X son emitidos cuando las partículas del viento estelar colisionan con el material interestelar, calentándolo hasta alcanzar temperaturas extremas. Esta metodología ya había resultado exitosa en el estudio de restos de supernovas y regiones de formación estelar, pero nunca antes se había aplicado con tanto detalle a las astrosferas de estrellas similares al Sol.
La importancia de este hallazgo no se limita solo a la comprensión de la evolución estelar. La existencia y características de la astrosfera influyen directamente en la habitabilidad de los exoplanetas que orbitan estas estrellas. Una burbuja protectora suficientemente robusta puede atenuar la llegada de partículas cósmicas dañinas, preservando las atmósferas planetarias y favoreciendo el desarrollo de condiciones aptas para la vida. Por el contrario, una astrosfera débil o inestable podría exponer a los planetas a intensas radiaciones, dificultando la formación de entornos habitables.
Este descubrimiento también tiene implicaciones para la búsqueda de exoplanetas y la caracterización de sus entornos. Los próximos telescopios espaciales, como el James Webb de la NASA o futuros satélites de la ESA, podrán utilizar estos datos para refinar sus modelos sobre la interacción entre estrellas jóvenes, sus vientos y los discos protoplanetarios donde nacen los planetas. Además, la investigación de astrosferas contribuye al estudio de cómo las estrellas y sus sistemas planetarios contribuyen a la química y dinámica del medio interestelar galáctico.
El avance supone un hito en la astronomía moderna y se suma a los recientes logros de la exploración espacial, en un año donde empresas privadas como SpaceX y Blue Origin continúan impulsando nuevos lanzamientos, y donde la atención internacional está centrada en la próxima misión Artemis de la NASA para el retorno humano a la Luna. Por su parte, la empresa española PLD Space ha realizado con éxito el lanzamiento del cohete Miura 1, consolidando a España en la carrera espacial europea.
En conclusión, la observación de esta joven estrella similar al Sol formando su propia burbuja cósmica abre nuevas vías para entender el origen y la evolución de los sistemas planetarios, incluido el nuestro, y refuerza el papel de los observatorios espaciales en la exploración de los misterios del universo.
(Fuente: NASA)
