El equipo closeout: guardianes del acceso a la nave Orion en la misión Artemis II

Mientras que para la mayoría de las personas subirse a un coche es un acto cotidiano, sencillo y casi automático, para los astronautas cuyo destino es la Luna el proceso de acceder a su vehículo es una coreografía cuidadosamente ensayada, en la que cada movimiento cuenta y la seguridad es primordial. En la próxima misión Artemis II, que marcará el regreso de astronautas a la órbita lunar tras más de medio siglo, este acceso estará supervisado y facilitado por un grupo de élite: el equipo closeout.
El equipo closeout de la NASA desempeña una función tan fundamental como discreta: son los encargados de asistir a la tripulación en los momentos previos al lanzamiento, ayudándoles a entrar en la cápsula Orion, asegurando que todo esté en su lugar y que los complejos sistemas de soporte vital estén activados y listos para el viaje. Este grupo de técnicos e ingenieros, entrenados específicamente para las misiones Artemis, actúa como el último eslabón humano entre la Tierra y la nave antes de que la escotilla se cierre y los astronautas queden aislados del mundo exterior hasta su regreso.
La misión Artemis II, prevista para no antes de septiembre de 2025 tras diversos retrasos, será la primera vez desde el programa Apolo que humanos orbiten la Luna. A bordo de la cápsula Orion viajarán cuatro astronautas, entre ellos Christina Koch, Victor Glover, Reid Wiseman y el canadiense Jeremy Hansen. La misión pondrá a prueba todos los sistemas implicados en viajes tripulados de larga duración más allá de la órbita terrestre baja, sentando las bases para futuras misiones con alunizaje y, a más largo plazo, para la exploración humana de Marte.
El acceso a Orion es uno de los momentos más delicados de la secuencia previa al despegue. Los trajes espaciales deben estar perfectamente ajustados, las conexiones de oxígeno y comunicación revisadas, y cada astronauta debe ser acomodado en su asiento ergonómico, diseñado para protegerles de las fuerzas G durante el lanzamiento. El equipo closeout, que actúa en el entorno controlado de la Torre de Lanzamiento 39B del Centro Espacial Kennedy, sigue un procedimiento meticuloso: comprueba los sistemas de sujeción, asegura los arneses y verifica, checklist en mano, que no queda ningún objeto extraño dentro de la cápsula.
Esta tradición de ayuda personalizada no es nueva: ya en los tiempos de Apolo, un reducido grupo de técnicos, conocidos como “pad closeout crew”, eran los últimos en ver a los astronautas antes de cerrar la escotilla del módulo de mando. Con el transbordador espacial, la figura del asistente de cabina evolucionó y se sofisticó, y en la era Artemis, en la que la tecnología ha avanzado pero los riesgos siguen siendo elevados, el papel del equipo closeout es más esencial que nunca.
Mientras la NASA se prepara para Artemis II, el panorama internacional de la exploración espacial vive un momento de efervescencia. Empresas privadas como SpaceX, con su nave Starship, y Blue Origin, con su vehículo lunar Blue Moon, compiten por liderar la nueva carrera a la Luna, colaborando y rivalizando al mismo tiempo con las agencias nacionales. SpaceX, en particular, ha marcado hitos recientes con el éxito de los vuelos de prueba de Starship, que se postula como el futuro módulo de alunizaje para Artemis III y misiones posteriores.
En Europa, la española PLD Space ha logrado captar la atención del sector con el lanzamiento exitoso de su cohete MIURA 1, el primero desarrollado íntegramente en España, y avanza en el desarrollo del MIURA 5, con el objetivo de posicionarse como un actor relevante en el mercado de lanzamientos medianos y pequeños. Por su parte, Blue Origin, la empresa fundada por Jeff Bezos, prepara el debut de su cohete New Glenn y continúa desarrollando el módulo lunar para la NASA, mientras que Virgin Galactic ha retomado sus vuelos suborbitales turísticos, ampliando el acceso privado al espacio.
El descubrimiento de exoplanetas continúa imparable gracias a misiones como TESS y el telescopio espacial James Webb, que han identificado miles de nuevos mundos más allá del sistema solar, algunos con condiciones prometedoras para la habitabilidad. Estas investigaciones abren el camino a futuras misiones robóticas e incluso tripuladas que algún día podrían explorar estos sistemas lejanos.
El sector espacial vive, por tanto, una auténtica revolución, en la que colabora tanto el talento de ingenieros veteranos como el de jóvenes empresas disruptivas. Sin embargo, cuando suena la cuenta atrás y los astronautas se disponen a emprender su viaje, la responsabilidad recae sobre el equipo closeout, el último contacto humano antes del silencio del espacio.
Así, la figura de estos técnicos especializados se erige en símbolo de la meticulosidad y el trabajo en equipo que hacen posible cada misión, recordándonos que el camino a las estrellas empieza, siempre, con un gesto de confianza en la Tierra.
(Fuente: NASA)
