El legado de Kepler: 20 años desvelando los secretos de una supernova con los ojos de Chandra

El firmamento alberga vestigios de cataclismos cósmicos que, siglos después de producirse, siguen deslumbrando a la ciencia moderna. Uno de los más emblemáticos es el remanente de la supernova de Kepler, cuyo estudio acaba de dar un importante salto adelante gracias a nuevos análisis realizados a partir de los datos recopilados durante más de 25 años por el telescopio espacial de rayos X Chandra de la NASA. Un reciente vídeo, elaborado a partir de estas observaciones, permite a los astrónomos y al gran público contemplar la fascinante evolución de esta nube de escombros estelares.
La supernova de Kepler, bautizada así en honor al astrónomo alemán Johannes Kepler, fue avistada por primera vez en el año 1604. En aquel entonces, su repentina aparición en el firmamento nocturno causó un gran revuelo entre los observadores europeos y asiáticos. Kepler la documentó meticulosamente, contribuyendo con sus registros a la comprensión de estos fenómenos violentos que, en su época, aún eran un misterio.
Hoy sabemos que la brillante estrella que iluminó el cielo durante varias semanas era en realidad una explosión termonuclear: una enana blanca, el núcleo degenerado de una estrella moribunda, acumuló materia de una compañera hasta superar su límite crítico, desencadenando una violenta deflagración que dispersó sus capas externas a velocidades vertiginosas. El resultado es el espectacular remanente que ahora lleva el nombre del astrónomo.
El telescopio Chandra, lanzado en 1999, ha sido testigo privilegiado de la transformación de este remanente. Equipado con instrumentos capaces de captar los rayos X emitidos por el gas caliente, los electrones acelerados y los átomos ionizados, Chandra ha permitido a los científicos reconstruir, década tras década, la expansión y el enfriamiento progresivo del material eyectado.
El nuevo vídeo, elaborado combinando imágenes de los años 2000, 2016 y 2021, revela con asombroso detalle cómo la nube de escombros se expande y cambia de forma bajo la influencia del medio interestelar. Los anillos y filamentos de gas brillante, ricos en hierro, silicio y otros elementos pesados, se desplazan a velocidades de hasta 20 millones de kilómetros por hora. Los científicos pueden observar, casi en tiempo real, cómo los choques generados por la onda expansiva calientan el gas a decenas de millones de grados, haciendo que emita en rayos X.
Además del valor estético, estas imágenes tienen una enorme importancia científica. Estudiar la evolución del remanente de Kepler permite a los astrofísicos afinar sus modelos sobre las supernovas de tipo Ia, un tipo especial de explosión estelar que se utiliza como patrón para medir distancias cósmicas. Comprender los detalles de la expansión, el enfriamiento y la interacción con el entorno es crucial para calibrar la “regla cósmica” que ha permitido descubrir, entre otras cosas, la aceleración de la expansión del Universo y la existencia de la energía oscura.
El análisis de los datos de Chandra también ha permitido identificar regiones donde el material expulsado encuentra mayor resistencia, ralentizándose y calentándose aún más, y otras donde la expansión es más libre. Estas diferencias ayudan a reconstruir la estructura del entorno interestelar y la historia de la propia estrella progenitora.
El remanente de la supernova de Kepler es uno de los mejor estudiados del hemisferio norte, junto al de Tycho y el de Casiopea A. Sin embargo, la posibilidad de seguir su evolución durante más de dos décadas con la misma instrumentación es un logro sin precedentes en astronomía de rayos X. Los científicos esperan que estas “películas” de alta resolución abran la puerta a nuevas investigaciones sobre la física extrema de las explosiones estelares y el reciclaje de materia en la galaxia.
Mientras tanto, otras misiones espaciales privadas y públicas, como la ESA, SpaceX o Blue Origin, siguen ampliando el acceso al espacio y permitiendo el desarrollo de nuevos observatorios que, en el futuro, podrán continuar el legado de telescopios veteranos como Chandra. El auge de la exploración privada y la cooperación internacional promete una nueva era de descubrimientos sobre el origen y el destino de las estrellas.
La historia de la supernova de Kepler es un recordatorio del poder destructivo y creativo del cosmos, y de la capacidad de la humanidad para aprender de los vestigios de su pasado. Gracias a la tecnología y la perseverancia de generaciones de astrónomos, seguimos desentrañando los secretos de las estrellas que brillaron, y murieron, mucho antes de que naciéramos.
(Fuente: NASA)
