El legendario “crawler” de la NASA despliega su poder para transportar el SLS a la rampa 39B

El Centro Espacial Kennedy ha vuelto a ser escenario de una espectacular operación de ingeniería, evocando las gestas de la era Apolo, con el despliegue del gigantesco “crawler-transporter” de la NASA. Este coloso, con un peso de 3.000 toneladas —unos 6,6 millones de libras—, fue puesto en movimiento este martes para trasladar el colosal cohete Space Launch System (SLS) junto a su plataforma móvil de lanzamiento (MLP) hasta la histórica rampa 39B. La suma total del conjunto —cohete, plataforma y vehículo— supera los 20 millones de libras, una cifra que remite a los desafíos logísticos de las misiones lunares de hace medio siglo.
Un titán sobre orugas con medio siglo de historia
El “crawler-transporter” es uno de los vehículos terrestres más pesados jamás construidos. Fabricado a mediados de los años 60 por la empresa Marion Power Shovel Company, fue diseñado expresamente para soportar y desplazar las enormes cargas de los cohetes Saturno V, protagonistas de las misiones Apolo que llevaron al ser humano a la Luna. Cada uno de los dos vehículos construidos mide 40 metros de largo, 35 metros de ancho y 8 metros de alto, avanzando a una velocidad máxima de 3,2 kilómetros por hora sin carga, o apenas 1,6 km/h cuando transportan un cohete.
A pesar de los avances tecnológicos de las últimas décadas, la NASA ha seguido confiando en estos titanes para las misiones más ambiciosas. Tras una serie de modernizaciones —como nuevos sistemas hidráulicos, eléctricos y de control, así como motores diésel más eficientes—, los “crawlers” han sido readaptados para el programa Artemis, que busca devolver astronautas a la superficie lunar.
Del Saturno V al SLS: la evolución de los lanzadores lunares
El protagonista de esta semana ha sido el SLS, un cohete de próxima generación que, con sus 98 metros de altura y un peso de 1.600 toneladas en configuración Block 1, es el mayor lanzador operativo en la actualidad. El SLS integra tecnologías probadas, como los motores RS-25 del transbordador espacial, junto a innovaciones en los segmentos de combustible sólido y electrónica de vuelo. Su misión es impulsar la nave Orion, parte fundamental del programa Artemis, más allá de la órbita baja terrestre hasta la Luna y, eventualmente, Marte.
En esta ocasión, el SLS reposaba sobre su plataforma móvil de lanzamiento, una estructura de acero de 11,3 millones de libras que sirve tanto de soporte como de umbilical para los sistemas de abastecimiento y comunicaciones hasta el momento del despegue. El conjunto fue cuidadosamente alineado sobre el “crawler”, que lo transportó por la célebre rampa inclinada hasta la plataforma 39B, la misma desde la que partieron naves legendarias como el Apolo 10, Skylab o el transbordador Challenger.
El renacer del espacio lunar y la competencia privada
La operación de traslado del SLS simboliza el resurgir de la exploración lunar, en un momento en que la NASA y sus socios internacionales redoblan esfuerzos para establecer una presencia sostenible en la Luna. Artemis I, la misión inaugural sin tripulación, allanó el camino en 2022, y los preparativos avanzan para Artemis II, que llevará a bordo a astronautas en una vuelta alrededor de nuestro satélite.
Pero el panorama espacial actual es radicalmente distinto al de la era Apolo. La irrupción de actores privados ha revolucionado las capacidades de lanzamiento y abaratado costes. SpaceX, con su Falcon 9 y el colosal Starship en desarrollo, está a la vanguardia de la reutilización y ha sido seleccionada para construir el módulo lunar que llevará a los astronautas de Artemis a la superficie lunar. Blue Origin, tras el éxito de sus vuelos suborbitales con New Shepard y la reciente adjudicación del contrato para un segundo módulo lunar por parte de la NASA, se posiciona como otro rival de peso. Virgin Galactic, aunque centrada en el turismo suborbital, ha reavivado la carrera por democratizar el acceso al espacio.
En Europa, compañías como la española PLD Space avanzan en el desarrollo de lanzadores reutilizables como Miura 5, mientras que la Agencia Espacial Europea (ESA) ultima el debut del Ariane 6. La exploración de exoplanetas y la búsqueda de vida más allá del sistema solar, con misiones como TESS de la NASA o CHEOPS de la ESA, amplían aún más el horizonte de la exploración.
Un legado que impulsa el futuro
El imponente desfile del “crawler” bajo el SLS no es solo una proeza logística: es un recordatorio de la continuidad entre el pasado y el futuro de la exploración espacial. Las infraestructuras y vehículos que llevaron al ser humano a la Luna se han transformado para afrontar los retos del siglo XXI, en un contexto donde la colaboración internacional y la innovación privada son más esenciales que nunca. Con cada traslado a la rampa 39B, el sueño de regresar a la Luna —y de ir más allá— se acerca un poco más a la realidad.
(Fuente: Spaceflight Now)
