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El nuevo cohete de la NASA, Exploration Upper Stage, se aleja del objetivo lunar

El nuevo cohete de la NASA, Exploration Upper Stage, se aleja del objetivo lunar

El ambicioso objetivo de la NASA de regresar a la Luna en esta década ha vuelto a toparse con un obstáculo técnico y presupuestario. El desarrollo del Exploration Upper Stage (EUS), la etapa superior mejorada para el cohete Space Launch System (SLS), lejos de acercar a la agencia estadounidense a un alunizaje tripulado, ha supuesto un desvío de recursos y tiempo que complica la hoja de ruta del programa Artemis.

El SLS, considerado el mayor cohete construido por la NASA desde la era del Saturn V, está llamado a ser el pilar de los lanzamientos tripulados en los próximos años. Su diseño original incluía una primera versión, denominada Block 1, equipada con una etapa superior provisional llamada ICPS (Interim Cryogenic Propulsion Stage), suficiente para enviar la nave Orion en misiones no tripuladas alrededor de la Luna. Sin embargo, la NASA apostó por una versión más potente, el SLS Block 1B, dotado del EUS como segunda etapa, con la intención de aumentar la capacidad de carga y posibilitar misiones tripuladas más allá de la órbita lunar.

El EUS prometía multiplicar la capacidad del SLS hasta las 40 toneladas métricas a la órbita lunar, más del doble que la versión actual. Pero la realidad ha sido otra: el desarrollo de esta etapa superior se ha visto lastrado por problemas técnicos, sobrecostes y retrasos. El presupuesto destinado al EUS ha superado ya los 1.000 millones de dólares y, pese a todo, su entrada en servicio no se espera antes de la segunda mitad de la década.

Este retraso ha tenido consecuencias directas sobre el calendario del programa Artemis. La primera misión tripulada que aterrizaría en la superficie lunar, Artemis III, necesitará una serie de lanzamientos y acoplamientos en órbita, complicando la logística y aumentando los riesgos. Inicialmente, se preveía que el EUS permitiera lanzar de una sola vez tanto la nave Orion como los elementos clave del módulo de aterrizaje lunar. Ahora, con la ausencia de esta etapa, la NASA debe coordinar lanzamientos adicionales de cargas útiles mediante cohetes comerciales, incrementando la complejidad y el coste global de la operación.

Mientras tanto, el sector privado avanza a pasos agigantados. SpaceX, la empresa de Elon Musk, ha desarrollado y probado con éxito el Falcon Heavy y avanza en el desarrollo del colosal Starship, cuya capacidad —superior incluso a la del SLS con EUS— podría revolucionar el acceso a la Luna y Marte. Por su parte, Blue Origin, liderada por Jeff Bezos, ha presentado el New Glenn, un cohete pesado reutilizable que aspira a participar en futuras misiones lunares y a competir en el mercado de lanzamientos comerciales.

En Europa, la firma española PLD Space ha logrado hitos significativos con el lanzamiento del cohete MIURA 1, demostrando el creciente papel de las pequeñas empresas en el desarrollo de tecnologías espaciales. Virgin Galactic, con su enfoque en el turismo suborbital, ha abierto nuevas posibilidades para la industria, aunque todavía está lejos de rivalizar con las capacidades de carga pesada de los gigantes estadounidenses.

A nivel científico, la carrera por la exploración lunar se ha visto acompañada por importantes descubrimientos en el campo de los exoplanetas. Telescopios como el James Webb, gestionado por la NASA y la ESA, han permitido detectar atmósferas y condiciones potencialmente habitables en planetas fuera de nuestro sistema solar, ampliando el horizonte de la exploración espacial más allá de la Luna y Marte.

Sin embargo, el caso del Exploration Upper Stage pone de manifiesto los retos que afrontan las grandes agencias públicas frente a la agilidad y la innovación de las empresas privadas. Mientras la NASA sigue comprometida con mantener el SLS como columna vertebral de su programa lunar, el rápido avance de SpaceX y otras compañías presiona para replantear la estrategia de acceso al espacio profundo. El debate sobre si continuar invirtiendo miles de millones en el SLS o apostar por soluciones más económicas y flexibles está más vivo que nunca.

En definitiva, aunque el Exploration Upper Stage nació con la intención de impulsar la exploración lunar, en la práctica ha supuesto un lastre para los planes inmediatos de la NASA. La combinación de retrasos, sobrecostes y una competencia cada vez más feroz por parte del sector privado obliga a la agencia estadounidense a reevaluar su papel en la nueva era espacial, donde la colaboración y la eficiencia serán claves para llegar, por fin, de nuevo a la superficie lunar.

(Fuente: Arstechnica)