El satélite Sentinel-6B amplía la vigilancia del clima global desde el espacio

El 16 de noviembre de 2025 marcó otro hito en la observación terrestre con el exitoso lanzamiento del satélite Sentinel-6B desde la Base de la Fuerza Espacial Vandenberg, en California. Esta misión, fruto de una sólida cooperación internacional, involucra a la NASA, la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de EE.UU. (NOAA), la Agencia Espacial Europea (ESA), la Organización Europea para la Explotación de Satélites Meteorológicos (EUMETSAT) y la agencia espacial francesa, el CNES. Juntos, estos organismos han dado continuidad al programa Copernicus, reforzando la vigilancia de los océanos y la atmósfera en un contexto de creciente preocupación por el cambio climático y el aumento del nivel del mar.
Un relevo crucial para la monitorización oceánica
El Sentinel-6B es el segundo de dos satélites gemelos diseñados para recopilar datos de alta precisión sobre la topografía de la superficie oceánica. Su objetivo principal es medir con extrema exactitud la altura del mar, una variable esencial para comprender la dinámica climática global y anticipar los impactos del calentamiento global. La serie Sentinel-6 continúa el legado iniciado por los satélites TOPEX/Poseidon en 1992 y la serie Jason, que han proporcionado datos fundamentales para la oceanografía y la climatología durante más de tres décadas.
La importancia de estos satélites radica en su capacidad para detectar cambios milimétricos en la altura del mar. Esta información, combinada con otros parámetros como la temperatura del agua y los vientos superficiales, permite a los científicos elaborar modelos más precisos de las corrientes marinas, la circulación global y los fenómenos meteorológicos extremos, como huracanes y tormentas tropicales.
Tecnología de vanguardia para la Tierra
El Sentinel-6B incorpora un altímetro radar de última generación, Poseidon-4, que utiliza pulsos de microondas para medir la distancia entre el satélite y la superficie oceánica con una precisión sin precedentes. Además, el satélite está equipado con un radiómetro avanzado para corregir los efectos de la atmósfera en las mediciones y un sistema de posicionamiento GNSS para garantizar una geolocalización exacta de los datos recogidos.
Gracias a su órbita, que recorre el planeta a unos 1.336 kilómetros de altitud, el Sentinel-6B puede cubrir el 95% de la superficie oceánica cada diez días, complementando y ampliando las capacidades de su predecesor, el Sentinel-6A, lanzado en 2020. La misión conjunta de ambos satélites garantizará una continuidad de datos sin precedentes hasta, al menos, 2030.
Colaboración internacional y contexto espacial actual
El programa Sentinel-6 es un ejemplo paradigmático de colaboración transatlántica en el sector espacial. La NASA y la NOAA aportan su experiencia en gestión de misiones y procesamiento de datos, mientras que la ESA y EUMETSAT supervisan la integración técnica y la explotación operativa de los datos en Europa. El CNES francés, por su parte, ha contribuido con componentes clave del altímetro y la experiencia en dinámica orbital.
En este contexto, la industria espacial internacional vive un momento de intensa actividad. Empresas privadas como SpaceX y Blue Origin avanzan en el desarrollo de cohetes reutilizables y nuevas tecnologías de lanzamiento, mientras que la NASA mantiene su papel pionero con misiones científicas y el programa Artemis, que busca devolver astronautas a la Luna. En Europa, la española PLD Space se posiciona como un actor emergente con el desarrollo de lanzadores reutilizables, y Virgin Galactic continúa sus vuelos suborbitales de turismo espacial. Por otro lado, la búsqueda de exoplanetas y la exploración de nuevos mundos siguen en auge, con telescopios espaciales internacionales como James Webb marcando el ritmo de los descubrimientos.
Impacto en la investigación y predicción climática
La información suministrada por Sentinel-6B es esencial para anticipar tendencias y fenómenos asociados al cambio climático, como la subida del nivel del mar, el deshielo polar y la intensificación de eventos extremos. Estas mediciones no solo benefician a la comunidad científica, sino que también resultan cruciales para la toma de decisiones en materia de políticas ambientales, gestión de recursos costeros y planificación urbana frente a los riesgos climáticos.
El lanzamiento del Sentinel-6B consolida un sistema global de observación terrestre que permite a la humanidad seguir el pulso de los océanos y mejorar nuestra capacidad de respuesta ante los desafíos del siglo XXI. La cooperación internacional y el avance de la tecnología espacial se perfilan así como herramientas imprescindibles para afrontar el futuro de nuestro planeta con información precisa y fiable.
(Fuente: NASA)
