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El telescopio James Webb desvela el mapa de materia oscura más detallado hasta la fecha

El telescopio James Webb desvela el mapa de materia oscura más detallado hasta la fecha

El universo está plagado de misterios, y uno de los más intrigantes sigue siendo la materia oscura, esa sustancia invisible que compone cerca del 27% de la masa y energía del cosmos, pero cuya naturaleza exacta continúa eludiendo a la ciencia. Gracias a la sensibilidad sin precedentes del telescopio espacial James Webb de la NASA, un equipo internacional de astrónomos ha conseguido elaborar uno de los mapas de materia oscura más precisos y detallados jamás obtenidos, arrojando nueva luz sobre el papel fundamental que desempeña este enigmático componente en la formación y evolución de galaxias, estrellas e incluso planetas como la Tierra.

Hasta ahora, la materia oscura solo podía estudiarse de manera indirecta, observando los efectos gravitacionales que ejerce sobre la materia visible. Su presencia se deduce, por ejemplo, del movimiento de las estrellas en las galaxias o de la forma en que la luz de objetos lejanos se curva al atravesar grandes cúmulos de galaxias. Sin embargo, las limitaciones de los telescopios anteriores impedían generar mapas de alta resolución capaces de desentrañar la compleja estructura de la materia oscura a escalas más pequeñas.

El James Webb, lanzado en diciembre de 2021, ha cambiado radicalmente este panorama. Equipado con instrumentos capaces de captar luz infrarroja con una sensibilidad y resolución nunca vistas, el observatorio ha permitido a los investigadores analizar con un nivel de detalle sin precedentes la distribución de la materia oscura en el cúmulo galáctico Abell 2744, conocido popularmente como «el cúmulo del Pícaro».

Aprovechando el fenómeno de lente gravitacional —por el cual la masa de un cúmulo de galaxias curva y amplifica la luz de objetos aún más lejanos—, los científicos han reconstruido la red de materia oscura que envuelve y entrelaza las galaxias del cúmulo. El nuevo mapa revela filamentos y concentraciones de materia oscura que, hasta ahora, resultaban invisibles incluso para los observatorios espaciales más avanzados, como el Hubble.

Este avance es mucho más que un logro técnico. Comprender la distribución y el comportamiento de la materia oscura es clave para explicar cómo se ensamblan las galaxias y cómo evolucionan a lo largo de miles de millones de años. Las simulaciones por ordenador sugieren que la materia oscura actúa como un andamiaje cósmico sobre el que se agrupa la materia visible, regulando la formación de estrellas y planetas. Sin embargo, solo mapas detallados como el recién obtenido pueden confirmar o refutar estas teorías.

La influencia de la materia oscura trasciende la astrofísica pura. Al comprender con mayor precisión su papel en la evolución de las galaxias, los científicos pueden afinar los modelos que explican la formación de sistemas planetarios como el nuestro y, por extensión, la aparición de la vida. Además, el mapeo de la materia oscura también podría proporcionar pistas sobre la propia naturaleza de esta sustancia, que sigue siendo uno de los grandes interrogantes de la física moderna.

El legado del James Webb no termina aquí. En paralelo a este trabajo, el telescopio continúa explorando exoplanetas, buscando atmósferas potencialmente habitables, y captando imágenes de galaxias formadas apenas unos cientos de millones de años después del Big Bang. Su capacidad para observar en el infrarrojo complementa los esfuerzos de otras iniciativas privadas y públicas, como los lanzamientos de SpaceX, los desarrollos de Blue Origin y las misiones de exploración planetaria de la NASA y la ESA.

El sector espacial privado también ha mostrado un interés creciente en la investigación astrofísica, como demuestran las recientes colaboraciones entre SpaceX y la NASA para el lanzamiento de telescopios de próxima generación y satélites de observación. Mientras tanto, compañías europeas emergentes como PLD Space continúan impulsando la democratización del acceso al espacio con el desarrollo de lanzadores reutilizables, abriendo nuevas vías para la ciencia y la tecnología.

Por otro lado, Virgin Galactic avanza en el turismo suborbital, pero no descarta un futuro en el que sus plataformas puedan ser utilizadas para experimentos astronómicos en microgravedad. Así, la competencia y colaboración entre actores públicos y privados está acelerando el ritmo de los descubrimientos y potenciando la capacidad de la humanidad para escrutar los secretos más profundos del cosmos.

En definitiva, el nuevo mapa de materia oscura confeccionado por el James Webb no solo representa un hito científico, sino que también inaugura una era en la que la exploración del universo será más precisa, ambiciosa y colaborativa que nunca. El desafío de desvelar la verdadera naturaleza de la materia oscura sigue en pie, pero cada avance nos acerca un poco más a comprender nuestro lugar en el tejido cósmico.

(Fuente: NASA)