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Imágenes inéditas del Hubble desvelan el nacimiento de estrellas ocultas en nubes de polvo

Imágenes inéditas del Hubble desvelan el nacimiento de estrellas ocultas en nubes de polvo

El Telescopio Espacial Hubble, incansable centinela del cosmos, ha vuelto a ofrecer un avance extraordinario en la comprensión del origen estelar. Utilizando su sofisticada capacidad para captar luz en el espectro del infrarrojo cercano, el Hubble ha conseguido obtener imágenes inéditas de estrellas en pleno proceso de formación, conocidas como protoestrellas, envueltas en densas nubes de polvo interestelar. Estas “primeras fotografías de bebés estelares” constituyen un hito en la investigación sobre el nacimiento y evolución de los astros más masivos del universo.

Las protoestrellas, que representan la fase inicial del ciclo vital de una estrella, suelen estar ocultas en el interior de vastas nubes moleculares. El polvo y el gas que las rodea absorbe la mayor parte de la luz visible, convirtiéndolas en prácticamente invisibles para los telescopios convencionales. Sin embargo, la cámara de infrarrojo cercano del Hubble es capaz de penetrar estas cortinas cósmicas, detectando las emisiones que logran escapar a través de pequeños resquicios en la densa envoltura de polvo.

El estudio de estos embriones estelares es crucial para desentrañar los mecanismos responsables de la formación de las estrellas más masivas, cuya influencia sobre la evolución galáctica es enorme. Estas gigantes, que pueden superar en decenas de veces la masa del Sol, ejercen un profundo impacto sobre su entorno, generando intensos vientos estelares, radiación y explosiones de supernova que enriquecen el medio interestelar con elementos pesados.

A lo largo de las últimas décadas, la formación de estrellas masivas ha planteado desafíos importantes a la astrofísica. A diferencia de las estrellas de masa similar o inferior al Sol, las más grandes evolucionan a una velocidad vertiginosa y alcanzan temperaturas tan elevadas que, en teoría, la presión de la radiación debería disipar rápidamente el gas circundante, interrumpiendo el crecimiento de la estrella. Sin embargo, las nuevas imágenes del Hubble sugieren que el proceso de acreción, mediante el cual la protoestrella acumula masa, puede continuar gracias a la presencia de discos y chorros de material que canalizan el flujo de gas y polvo, permitiendo que la estrella siga creciendo incluso bajo condiciones extremas.

Estas observaciones, fruto de campañas de estudio dirigidas a regiones de formación estelar en la Vía Láctea, aportan detalles sin precedentes sobre la morfología de los discos protoplanetarios, los flujos bipolares y las cavidades excavadas por los chorros energéticos que emanan de las protoestrellas. En algunos casos, se han identificado estructuras en forma de “pilas” o filamentos que podrían estar relacionadas con la fragmentación del gas y la formación de sistemas estelares múltiples.

El legado histórico del Hubble en el campo de la astrofísica es difícil de igualar. Desde su lanzamiento en 1990, el telescopio ha sido protagonista de descubrimientos clave, como la determinación precisa de la edad del universo, la observación de galaxias en su infancia y el hallazgo de exoplanetas en tránsito. Ahora, con la llegada de nuevas plataformas como el Telescopio Espacial James Webb, que operará en longitudes de onda aún más largas del infrarrojo, la exploración del universo oculto tras el polvo interestelar se encuentra a las puertas de una revolución.

En este contexto, la colaboración internacional y la sinergia entre agencias públicas y empresas privadas están marcando una nueva era para la astronomía. La NASA, líder en la exploración del espacio profundo, continúa colaborando con socios como la ESA (Agencia Espacial Europea) y empresas como SpaceX y Blue Origin, que ya han demostrado su capacidad para lanzar y mantener misiones científicas de alto valor. Mientras tanto, compañías como PLD Space en España avanzan en el desarrollo de lanzadores reutilizables, y Virgin Galactic sigue perfeccionando su oferta de vuelos suborbitales, acercando el espacio a una nueva generación de exploradores.

El descubrimiento y análisis de exoplanetas, otro de los campos donde NASA y la comunidad internacional han cosechado éxitos recientes, también se beneficia de estas innovaciones tecnológicas. El estudio de atmósferas planetarias y la búsqueda de vida fuera del sistema solar dependen cada vez más de la capacidad para observar en el infrarrojo y penetrar las nubes de polvo, tanto en sistemas cercanos como en las regiones de nacimiento estelar más remotas.

Las nuevas imágenes del Hubble no solo enriquecen nuestro conocimiento sobre el nacimiento de las estrellas más masivas, sino que abren la puerta a futuras investigaciones que podrían cambiar nuestra comprensión sobre el origen de los sistemas planetarios y, en última instancia, de la vida misma.

La astronomía moderna sigue desvelando los secretos más profundos del universo, y el Hubble, incluso tras más de tres décadas en órbita, continúa siendo una herramienta insustituible para desentrañar los misterios del cosmos. (Fuente: NASA)