La incertidumbre persiste: NASA y Boeing retrasan el regreso del Starliner mientras se acerca una nueva misión tripulada

A medida que la NASA se prepara para enviar una nueva tripulación a la Estación Espacial Internacional (ISS, por sus siglas en inglés), la agencia estadounidense aún no ha determinado qué vehículo espacial utilizará para la próxima misión de rotación de astronautas. El motivo de esta indecisión radica en los problemas técnicos persistentes del Starliner, la cápsula desarrollada por Boeing, cuyo regreso al servicio activo sigue sin fecha definida.
El programa de tripulaciones comerciales de la NASA, lanzado hace más de una década, tenía como objetivo acabar con la dependencia de las naves rusas Soyuz para el transporte de astronautas a la ISS. Dos empresas estadounidenses fueron seleccionadas para diseñar y operar nuevos vehículos: SpaceX, con su Crew Dragon, y Boeing, con el CST-100 Starliner. Mientras la Crew Dragon de SpaceX ya ha realizado más de una decena de misiones tripuladas con rotundo éxito, el Starliner continúa afrontando obstáculos técnicos que han retrasado su certificación y despliegue operativo.
El último hito importante del Starliner fue la misión OFT-2 (Orbital Flight Test-2) en mayo de 2022, en la que la cápsula voló sin tripulación hasta la ISS y regresó a la Tierra, completando una serie de objetivos técnicos que no se lograron en su primer vuelo de prueba en 2019. Sin embargo, la certificación final para misiones tripuladas se ha visto retrasada por varios contratiempos, incluyendo problemas con el sistema de propulsión y los paracaídas, así como detectores de fugas en las válvulas.
En el contexto actual, la NASA enfrenta la presión de mantener la cadencia de rotaciones de tripulación en la ISS. La agencia suele programar estos relevos cada seis meses, alternando entre Crew Dragon y, en teoría, Starliner, para garantizar redundancia y seguridad operacional. Sin embargo, ante la falta de avances concretos por parte de Boeing, todas las misiones recientes y futuras inmediatas han recaído en la cápsula de SpaceX.
SpaceX, por su parte, ha consolidado su papel como socio fiable y esencial para la exploración tripulada estadounidense. Desde el histórico vuelo Demo-2 en mayo de 2020, la Crew Dragon ha transportado astronautas de la NASA, la ESA, JAXA y otras agencias, así como misiones privadas y comerciales. El éxito continuado de la Crew Dragon ha permitido a la NASA mantener la presencia humana en la órbita baja terrestre sin depender de Rusia, especialmente relevante tras las tensiones geopolíticas derivadas de la guerra en Ucrania.
Mientras tanto, Boeing continúa trabajando en las mejoras técnicas del Starliner. La compañía ha invertido recursos adicionales para resolver los problemas detectados en vuelos de prueba anteriores, con especial atención al sistema de paracaídas, un componente crítico para la seguridad en el regreso de la tripulación. La NASA, aunque frustrada por los retrasos, mantiene su compromiso con el programa, consciente de la importancia estratégica de contar con dos proveedores independientes para el acceso al espacio.
En el panorama internacional, otras compañías y agencias espaciales también avanzan en el desarrollo de nuevos sistemas de transporte orbital. Blue Origin, la empresa liderada por Jeff Bezos, continúa con los ensayos de su futuro vehículo orbital, aunque por el momento se centra en vuelos suborbitales con el New Shepard. Virgin Galactic, tras superar varios tropiezos, ha retomado sus vuelos turísticos al espacio suborbital, aunque su impacto operativo en la ISS es, por ahora, nulo.
En Europa, la española PLD Space ha destacado recientemente con el exitoso lanzamiento del Miura 1, el primer cohete recuperable desarrollado en el continente. Aunque su objetivo principal es el acceso suborbital y el transporte de pequeños satélites, la empresa ilicitana aspira a desarrollar capacidades orbitales en el corto plazo, lo que podría situar a España en el club de los países con acceso autónomo al espacio.
La exploración de exoplanetas también continúa avanzando con proyectos ambiciosos. La NASA y la ESA preparan el lanzamiento de nuevas misiones como el telescopio espacial Roman y Ariel, respectivamente, que permitirán analizar atmósferas de planetas fuera del sistema solar y buscar indicios de habitabilidad.
En este contexto de avances y desafíos, la situación del Starliner recuerda la complejidad inherente al desarrollo de vehículos espaciales tripulados. Cada retraso implica no solo un sobrecoste económico, sino también la necesidad de replantear calendarios y estrategias operativas. La NASA, mientras tanto, sigue valorando sus opciones para la próxima rotación de tripulación en la ISS, a la espera de que Boeing supere los obstáculos técnicos y el Starliner pueda finalmente unirse al selecto grupo de vehículos capaces de transportar astronautas al espacio.
El futuro a corto plazo del transporte espacial estadounidense dependerá en buena medida de la resolución de estos problemas técnicos y de la consolidación de más actores comerciales, en un sector cada vez más dinámico y competitivo. El desenlace de la historia del Starliner marcará un hito en la colaboración público-privada que define la actual era espacial.
(Fuente: SpaceNews)
