Space39a

Noticias del espacio

Space39a

Noticias del espacio

Nasa

La NASA acelera el futuro supersónico: el X-59 desafía el veto al vuelo sobre tierra

La NASA acelera el futuro supersónico: el X-59 desafía el veto al vuelo sobre tierra

Hace más de medio siglo, el estruendo provocado por las aeronaves supersónicas llevó a que Estados Unidos prohibiese los vuelos civiles de este tipo sobre territorio continental. El incómodo “boom sónico” —la violenta onda de choque producida cuando un avión supera la velocidad del sonido— supuso un obstáculo insalvable para la aviación comercial, frenando el desarrollo de rutas supersónicas que, desde entonces, han estado reservadas principalmente a trayectos transoceánicos.

Sin embargo, la NASA está decidida a reescribir la historia con su ambicioso proyecto Low Boom Flight Demonstrator (LBFD), cuyo buque insignia es el revolucionario X-59 QueSST (Quiet SuperSonic Technology). Esta aeronave experimental pretende demostrar que es posible volar más rápido que el sonido sobre tierra firme sin provocar el molesto estampido que tanto incomoda a la población.

### Un desafío histórico y tecnológico

El veto impuesto en 1973 por la Administración Federal de Aviación (FAA) supuso un jarro de agua fría para los fabricantes de aviones y compañías aéreas. El Concorde, símbolo de la era dorada del supersónico, solo pudo aprovechar rutas sobre el Atlántico, viéndose limitado por la normativa estadounidense y la presión social. Tras su retirada en 2003, el futuro de la aviación supersónica comercial parecía cada vez más lejano.

Hoy, la NASA lidera una nueva era con el X-59, cuya misión es allanar el camino para cambiar esas regulaciones. El objetivo es lograr que el impacto acústico de los vuelos supersónicos se reduzca hasta niveles comparables al cierre de una puerta de coche, en vez del típico «boom» que puede romper cristales y asustar a la población.

### Así es el X-59: ingeniería al servicio del silencio

El X-59 es fruto de la colaboración entre la NASA y la empresa Lockheed Martin. Con una longitud de 29 metros y una envergadura de 9 metros, su diseño es radicalmente diferente al de cualquier otro avión actual. Su morro extremadamente alargado y fuselaje estilizado permiten controlar la forma en que las ondas de choque se propagan y, en lugar de fusionarse en un único estruendo, se dispersan a lo largo de la aeronave.

La cabina del piloto es otro de los grandes avances: no tiene ventanilla frontal tradicional, sino que recurre a una innovadora visión por cámara de alta definición, la External Vision System (XVS). Esto permite optimizar la aerodinámica y reducir las perturbaciones en el flujo de aire.

El X-59 está equipado con un motor General Electric F414, similar al que usan algunos cazas modernos, y está diseñado para volar a velocidades de hasta Mach 1.4 (alrededor de 1.700 km/h) a una altitud de 16.700 metros. Sin embargo, la clave de su éxito radica en que, a esas velocidades, el ruido percibido en tierra no supere los 75 decibelios, lejos del estruendo habitual de los aviones supersónicos.

### Una hoja de ruta para el futuro

El plan de la NASA contempla vuelos de prueba a partir de 2024, en los que sobrevolará distintas ciudades estadounidenses para medir la reacción del público y recopilar datos sobre el impacto acústico. El objetivo final es proporcionar a la FAA y a la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI) los datos necesarios para establecer nuevas normativas de ruido, abriendo así la puerta a una nueva generación de aviones comerciales supersónicos capaces de operar sobre tierra.

La NASA no está sola en esta carrera. Empresas privadas como Boom Supersonic y Aerion Supersonic también exploran alternativas para devolver la velocidad supersónica a los cielos, mientras que en Europa, Airbus estudia tecnologías similares de reducción de ruido. No obstante, el X-59 y el LBFD se sitúan a la vanguardia por el respaldo institucional y el enfoque científico del programa.

### Una revolución que puede cambiar la aviación

Si la NASA y sus socios logran demostrar que el vuelo supersónico silencioso es viable, se abriría un nuevo capítulo en la historia de la aviación. Rutas hoy impensables, como Nueva York-Los Ángeles en menos de tres horas, volverían a estar sobre la mesa, con un impacto potencialmente revolucionario en el transporte global, la economía y la conectividad.

En definitiva, el X-59 no solo es un prodigio de la ingeniería, sino también la llave para recuperar un sueño truncado hace décadas. El éxito de este programa podría cambiar para siempre la manera en que surcamos los cielos, devolviendo el supersónico a la vida cotidiana y marcando el inicio de una nueva era en la aviación comercial.

(Fuente: NASA)