La NASA despliega el SLS y la nave Orion en la rampa para Artemis 2 mientras persisten dudas sobre el calendario

El pasado 17 de enero, la NASA culminó una de las etapas clave en la preparación para la misión Artemis 2, trasladando su imponente cohete Space Launch System (SLS) junto con la nave espacial Orion hacia la plataforma de lanzamiento del Centro Espacial Kennedy, en Florida. Sin embargo, el movimiento de ambos elementos hacia la rampa no despeja las incertidumbres que aún rodean la fecha definitiva de despegue, lo que refleja tanto la complejidad del programa Artemis como la cautela de la agencia ante desafíos técnicos recientes.
El SLS, considerado el sistema de lanzamiento más potente jamás construido por la NASA, constituye la columna vertebral de la estrategia estadounidense para retornar a la Luna. Con una altura de 98 metros y una capacidad de empuje inicial de 4 millones de kilogramos, el SLS ha sido diseñado para transportar tanto carga útil como tripulación más allá de la órbita terrestre baja. En la parte superior del lanzador, la cápsula Orion, desarrollada en colaboración con la Agencia Espacial Europea (ESA), será la encargada de transportar a cuatro astronautas en un viaje de circunnavegación lunar que supondrá el primer vuelo tripulado hacia la Luna desde la misión Apolo 17 en 1972.
El traslado a la plataforma 39B es un hito logístico y técnico, pues implica que tanto el SLS como Orion han superado numerosas pruebas en las instalaciones del Edificio de Ensamblaje de Vehículos (VAB). Allí, ingenieros y técnicos han realizado las verificaciones finales de sistemas, integración de componentes y simulaciones de cuenta atrás, en un proceso que dura semanas y exige una meticulosa coordinación entre los distintos equipos de la NASA y contratistas privados como Boeing y Lockheed Martin.
Pese a este avance visible, el calendario de lanzamiento de Artemis 2 sigue bajo revisión. Originalmente previsto para noviembre de 2024, la NASA reconoció recientemente que los problemas detectados en el sistema de baterías de Orion y en las válvulas del SLS podrían obligar a posponer la misión, quizás hasta 2025. Estos inconvenientes se suman a desafíos logísticos propios de un programa de esta magnitud, desde la coordinación de sistemas de soporte vital hasta la integración de nuevos protocolos de seguridad tras el vuelo no tripulado Artemis 1, que en 2022 completó con éxito su vuelo alrededor de la Luna.
El objetivo de Artemis 2 es doble: validar en vuelo todos los sistemas necesarios para misiones tripuladas prolongadas y, al mismo tiempo, abrir la puerta a la llegada de la primera mujer y la primera persona de color a la superficie lunar en Artemis 3, prevista para finales de esta década. Para ello, la NASA ha intensificado la colaboración tanto con la ESA, responsable del módulo de servicio europeo de Orion, como con el sector privado. Compañías como SpaceX, Blue Origin y Dynetics están desarrollando los módulos de alunizaje que permitirán los futuros descensos tripulados.
El SLS y Orion representan, por tanto, la apuesta pública más ambiciosa de la última década frente a las iniciativas privadas lideradas por SpaceX y Blue Origin. Mientras que el gigante de Elon Musk avanza en el desarrollo de la nave Starship, llamada a revolucionar los lanzamientos orbitales y las misiones a Marte, la NASA refuerza la fiabilidad y la seguridad de los lanzadores tradicionales con tecnología de última generación. Por su parte, la europea PLD Space ha logrado hitos notables en el sector de lanzadores reutilizables desde suelo español, y Virgin Galactic sigue apostando por el turismo suborbital, aunque en un segmento muy diferente al de la exploración lunar.
En paralelo, la comunidad científica internacional sigue pendiente de los avances de la misión Artemis 2, pues el retorno tripulado a la órbita lunar permitirá realizar experimentos inéditos y validar tecnologías fundamentales para la futura exploración de Marte. Además, el éxito del programa Artemis podría impulsar nuevos acuerdos de cooperación internacional, como los ya establecidos con Japón, Canadá, Italia y otras agencias públicas y privadas interesadas en la explotación de recursos lunares y la búsqueda de exoplanetas habitables.
A pesar de los retrasos y obstáculos técnicos, la determinación de la NASA y sus socios por mantener el pulso de la exploración lunar es clara. El despliegue en la rampa del SLS y Orion marca el inicio de la última fase de preparación antes del lanzamiento, situando a la humanidad un paso más cerca de regresar a la Luna. La próxima ventana de lanzamiento dependerá del resultado de las pruebas finales y de la resolución de los problemas detectados, pero el compromiso con el programa Artemis sigue firme.
En definitiva, la expectación por el regreso de astronautas a la Luna tras más de medio siglo aumenta con cada avance técnico y cada hito logístico. El éxito de Artemis 2 será determinante para consolidar una nueva era de exploración espacial, en la que la colaboración entre agencias y empresas privadas será la clave para conquistar nuevos horizontes más allá de la Tierra.
(Fuente: SpaceNews)
