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La NASA y Roscosmos refuerzan la vigilancia ante grietas detectadas en la Estación Espacial Internacional

La NASA y Roscosmos refuerzan la vigilancia ante grietas detectadas en la Estación Espacial Internacional

La Estación Espacial Internacional (EEI) vuelve a estar en el centro de la atención internacional tras la reciente confirmación de la existencia de grietas en uno de sus módulos. Tanto la NASA como la agencia espacial rusa, Roscosmos, han incrementado sus esfuerzos para monitorizar y analizar en profundidad estas fisuras, poniendo de manifiesto los retos técnicos y la complejidad inherente al mantenimiento de una infraestructura que lleva más de dos décadas surcando la órbita terrestre.

El origen del problema radica en la detección de una serie de microgrietas en el módulo ruso Zvezda, uno de los elementos más antiguos de la EEI, puesto en órbita en el año 2000. Estas primeras señales de desgaste estructural se observaron en 2021, cuando cosmonautas rusos hallaron pequeñas fracturas en la superficie interior del módulo. Desde entonces, la preocupación por el envejecimiento de la estación ha ido en aumento, especialmente porque Zvezda alberga sistemas críticos para la vida y el control de la estación, como la provisión de oxígeno y el soporte vital.

Los ingenieros de ambas agencias espaciales han llevado a cabo inspecciones detalladas, utilizando cámaras de alta resolución y sensores especializados para monitorizar la evolución de las grietas. Según fuentes técnicas, se cree que podrían deberse a la fatiga de materiales, resultado de los ciclos térmicos extremos y las vibraciones provocadas por acoplamientos y desacoplamientos de naves, así como por la propia microgravedad.

La situación es aún más relevante si se tiene en cuenta el papel de la EEI como plataforma internacional de investigación y cooperación. Desde su lanzamiento a finales de los años noventa, la estación ha sido un símbolo de colaboración entre potencias espaciales rivales, permitiendo experimentos clave en biología, física y tecnología de materiales. La vida útil original de la estación estaba prevista hasta 2020, pero tras numerosas actualizaciones y el interés continuado de países como Estados Unidos, Rusia, Japón, Canadá y la Unión Europea, su funcionamiento se ha prorrogado hasta al menos 2030.

Sin embargo, la aparición de grietas pone en entredicho la capacidad de la estructura para mantenerse operativa durante tanto tiempo adicional. Los expertos advierten que, si bien las fisuras detectadas no suponen un peligro inmediato para la tripulación, sí requieren una vigilancia constante. El riesgo de que se agranden y provoquen una fuga de aire o un fallo estructural no puede descartarse a largo plazo.

En paralelo a estas investigaciones, el sector espacial privado está ganando protagonismo en el desarrollo de futuras estaciones orbitales. Empresas como SpaceX, Blue Origin y Axiom Space están trabajando en módulos comerciales y hábitats espaciales que podrían relevar a la EEI en la próxima década. SpaceX, por ejemplo, ha demostrado la fiabilidad de su nave Crew Dragon para el transporte de astronautas a la estación, mientras que Blue Origin colabora con la NASA en el desarrollo de la estación Orbital Reef, un complejo comercial que podría estar listo a finales de esta década. Por su parte, la española PLD Space está avanzando en el lanzamiento de pequeños cohetes reutilizables para carga suborbital y orbital, con el objetivo de democratizar el acceso al espacio.

El creciente protagonismo de compañías privadas también ha reavivado el debate sobre el futuro de la exploración espacial en régimen de cooperación internacional versus la competencia comercial. Mientras la NASA apuesta por mantener la EEI operativa el mayor tiempo posible, Roscosmos baraja la opción de construir una estación propia, aunque sin descartar la colaboración con socios internacionales.

Por otra parte, la investigación de exoplanetas y la búsqueda de vida fuera de nuestro sistema solar siguen siendo líneas prioritarias tanto para la NASA como para la Agencia Espacial Europea (ESA). El telescopio espacial James Webb, lanzado en 2021, ha abierto nuevas ventanas de observación, permitiendo el análisis de atmósferas de planetas lejanos. Estos avances científicos, sin embargo, dependen en parte de la infraestructura y la experiencia acumulada en la EEI, que ha servido de campo de pruebas para muchas de las tecnologías que ahora se aplican en misiones más ambiciosas.

En definitiva, la detección de grietas en la Estación Espacial Internacional es un recordatorio de los desafíos asociados a la exploración espacial de larga duración. Tanto la NASA como Roscosmos continúan trabajando de forma coordinada para garantizar la seguridad de la tripulación y la integridad de la estación, mientras la industria espacial —tanto pública como privada— se prepara para afrontar una nueva era en la conquista del espacio.

(Fuente: Arstechnica)