La velocidad a la que un granizo se derrite durante su caída depende de varios factores atmosféricos, entre ellos la temperatura, la humedad y la velocidad del viento. En general, los granizos grandes tienden a derretirse más lentamente que los pequeños, debido a su menor relación superficie-volumen, lo que significa que tienen más masa en comparación con su área expuesta al aire cálido que los rodea.

Los estudios meteorológicos indican que una piedra de granizo típica de 2 centímetros de diámetro puede perder aproximadamente un milímetro de su radio por cada kilómetro que cae a través de capas de aire por encima del punto de congelación. Sin embargo, esta cifra varía: si la atmósfera es especialmente cálida y húmeda, el derretimiento será más rápido; en cambio, si el aire es frío y seco, el granizo puede llegar al suelo con poco o ningún derretimiento.
Los meteorólogos emplean modelos numéricos para estimar el tamaño final de las piedras de granizo cuando llegan al suelo, considerando la temperatura, la humedad relativa y la velocidad vertical de caída. Además, el tamaño inicial del granizo al salir de la nube es un factor clave. Granizos de gran tamaño, como los de más de 5 centímetros de diámetro, pueden tardar varios minutos en alcanzar el suelo y perderán parte de su masa en el proceso, pero aún así pueden causar daños considerables al impactar.
En definitiva, aunque el granizo comienza a derretirse en cuanto entra en capas más cálidas de la atmósfera, la rapidez de este proceso depende de un delicado equilibrio de factores meteorológicos y del propio tamaño de la piedra. Por eso resulta tan difícil predecir con exactitud el daño potencial de cada tormenta de granizo.
