Space39a

Noticias del espacio

Space39a

Noticias del espacio

Nasa

Los poderosos aceleradores de cohetes impulsarán el primer vuelo tripulado de Artemis II

Los poderosos aceleradores de cohetes impulsarán el primer vuelo tripulado de Artemis II

La NASA avanza con paso firme hacia una nueva era de exploración lunar, y los preparativos en el Centro Espacial Kennedy de Florida ya dejan ver el músculo tecnológico de la misión Artemis II. Esta semana, dos impresionantes aceleradores de combustible sólido, fabricados por Northrop Grumman, han sido instalados en la icónica plataforma 39B, consolidando otro hito en la cuenta atrás para el primer vuelo tripulado del Sistema de Lanzamiento Espacial (SLS), previsto para principios de febrero de 2026.

Estos aceleradores gemelos, que alcanzan una altura de 54 metros (177 pies), no solo dominan la silueta del cohete SLS, sino que son pieza clave para superar la gravedad terrestre. Cada uno es capaz de generar un empuje de hasta 1.630 toneladas (3,6 millones de libras) en el momento del despegue. Juntos, proporcionan más del 75% de la potencia necesaria para elevar la monstruosa estructura desde la plataforma, un auténtico prodigio de la ingeniería moderna.

La tecnología de estos boosters se remonta a la era de los transbordadores espaciales, aunque han sido rediseñados con un quinto segmento adicional para incrementar tanto la eficiencia como la capacidad de carga útil. El uso de aceleradores sólidos, frente a los motores criogénicos de combustibles líquidos, permite una ignición más predecible y una fiabilidad probada durante décadas de vuelos espaciales. El SLS, con estos motores laterales y su núcleo central alimentado por hidrógeno y oxígeno líquidos, se convierte así en el cohete más potente jamás construido para vuelos tripulados.

Artemis II supone un salto decisivo tras el exitoso vuelo no tripulado de Artemis I, que completó su misión alrededor de la Luna en 2022. La nueva misión llevará a bordo a cuatro astronautas –tres estadounidenses y un canadiense– en un periplo que, por primera vez en más de medio siglo, pondrá a humanos en órbita lunar. No está previsto que desciendan a la superficie, pero sí que realicen una serie de maniobras críticas para ensayar el futuro alunizaje de Artemis III.

La NASA y sus socios internacionales, como la Agencia Espacial Europea (ESA) y la Agencia Espacial Canadiense (CSA), contemplan el programa Artemis como el embrión de una presencia humana sostenible en la Luna y, más allá, como el trampolín hacia Marte. El despliegue y encendido de estos aceleradores es una imagen poderosa de ese objetivo: cada segmento ha sido ensamblado con precisión milimétrica, y la logística detrás de su transporte desde Utah, donde se fabrican, hasta Florida, ofrece una muestra de la complejidad industrial que sostiene el programa.

Pero la carrera espacial contemporánea no es exclusiva del sector público. Empresas como SpaceX y Blue Origin también avanzan hacia sus propios hitos. SpaceX, por ejemplo, continúa desarrollando su colosal Starship, un sistema completamente reutilizable que aspira a transportar suministros y tripulación tanto a la Luna como a Marte. La NASA ha seleccionado a Starship como módulo de alunizaje para las misiones Artemis posteriores, estableciendo así una colaboración histórica entre la agencia y la compañía de Elon Musk. Por su parte, Blue Origin, liderada por Jeff Bezos, ha sido elegida recientemente para desarrollar un segundo módulo lunar, incrementando la competencia y la innovación en el sector.

Mientras tanto, otras compañías como Virgin Galactic siguen apostando por el turismo suborbital, con vuelos comerciales regulares que permiten a civiles experimentar la ingravidez y contemplar la curvatura terrestre. Este auge en la iniciativa privada está transformando el acceso al espacio, abaratando costes y facilitando nuevas oportunidades para la ciencia y la industria.

En paralelo, el sector espacial europeo también se mueve. La española PLD Space, pionera en lanzadores reutilizables en Europa, prepara el debut orbital de su cohete MIURA 5, que aspira a situar pequeños satélites en órbita baja a partir de 2025. Su éxito podría marcar un antes y un después en el acceso europeo al espacio, consolidando la presencia de España en el competitivo mercado global de lanzamientos.

No menos relevante es la revolución científica que vive la astronomía de exoplanetas. El telescopio James Webb, lanzado por la NASA y sus socios en 2021, continúa desvelando atmósferas de mundos lejanos, algunos de ellos potencialmente habitables. Estos hallazgos alimentan el sueño de encontrar vida más allá de la Tierra, un objetivo que, aunque lejano, se percibe ahora más alcanzable gracias a los avances en tecnología de observación y en el desarrollo de cohetes de nueva generación.

Con el despliegue de los aceleradores sólidos para Artemis II, la NASA y sus aliados internacionales y privados reafirman su apuesta por la exploración tripulada. Cada paso en la rampa de lanzamiento es un recordatorio de que la humanidad está decidida a volver a pisar la Luna y, algún día, a conquistar Marte. La cuenta atrás para 2026 ya ha comenzado, y el futuro de la exploración espacial nunca ha estado tan cerca ni ha sido tan apasionante.

(Fuente: SpaceDaily)