NASA avanza en el camino hacia Artemis IV con una prueba clave del sistema de agua en Stennis

El pasado 30 de enero, el Centro Espacial Stennis de la NASA, situado en Mississippi, dio un paso fundamental en la preparación de la misión Artemis IV al activar con éxito el sistema de refrigeración de alta capacidad en el histórico banco de pruebas Thad Cochran (B-2). Esta maniobra marca un avance esencial para el esperado «Green Run», el ensayo integral del nuevo y más potente segmento superior del lanzador SLS (Space Launch System) que impulsará la próxima generación de vuelos lunares.
El banco B-2, conocido por su papel en el desarrollo de los motores del Saturno V durante la era Apolo y, más recientemente, en la validación de los motores RS-25 de los transbordadores espaciales, se enfrenta ahora a un nuevo reto técnico: poner a prueba el «Exploration Upper Stage» (EUS). Esta segunda etapa mejorada, desarrollada para sustituir a la Interim Cryogenic Propulsion Stage (ICPS) utilizada en las primeras misiones Artemis, permitirá transportar cargas mucho más pesadas y tripulación hacia la órbita lunar y más allá.
La activación consistió en poner en funcionamiento todo el entramado de tuberías, válvulas y bombas que componen la red de agua industrial a alta presión, diseñada para refrigerar el banco durante los ensayos de encendido de los potentes motores criogénicos. Según los ingenieros de la NASA, este sistema es capaz de suministrar millones de litros de agua en cuestión de minutos, una necesidad crucial para absorber el calor extremo y amortiguar el estruendo sónico generado en las pruebas de larga duración.
Con este ensayo hidráulico superado, el equipo de Stennis se prepara ahora para acoger el «Green Run» del EUS, una campaña de pruebas que simulará el ciclo completo de lanzamiento de la segunda etapa. Este procedimiento abarca desde la carga de propelentes y la secuencia de encendido hasta el funcionamiento prolongado de los motores RL10C-3, desarrollados por Aerojet Rocketdyne, que serán los encargados de impulsar la etapa superior hacia la Luna.
La relevancia de este avance trasciende el simple ámbito técnico: la misión Artemis IV será la primera en emplear el EUS, incrementando la capacidad de carga útil hasta las 40 toneladas con destino lunar. Esto permitirá, por primera vez desde el programa Apolo, el envío conjunto de astronautas y módulos habitables a la futura estación Gateway en órbita lunar. Además, allana el camino hacia posteriores misiones con destino a Marte y el espacio profundo.
El renovado protagonismo de Stennis y su banco B-2 subraya el papel histórico de las infraestructuras de pruebas en el desarrollo de cohetes estadounidenses. Desde la década de 1960, este centro ha sido testigo de los ensayos de los motores F-1 y J-2 del Saturno V, pasando por los SSME del transbordador y, en la última década, los RS-25 adaptados para el SLS. La adaptación del banco para acoger las pruebas criogénicas de la segunda etapa del SLS requirió una modernización exhaustiva, especialmente en los sistemas de refrigeración y control, que ahora han demostrado estar listos para afrontar los desafíos de la nueva etapa lunar.
Mientras la NASA avanza en sus preparativos, la competencia en la industria espacial no se detiene. SpaceX continúa desarrollando su sistema Starship, que este año afrontará nuevas pruebas orbitales tras el éxito parcial de sus vuelos de 2023 y 2024. Blue Origin, por su parte, se prepara para las primeras pruebas integradas del cohete New Glenn, diseñado para competir en el mercado de lanzamientos pesados. En Europa, la española PLD Space ha culminado con éxito el vuelo inaugural del Miura 1 y avanza en el desarrollo del Miura 5, su primer lanzador orbital, consolidando su posición en el auge de la industria espacial privada. Virgin Galactic, tras superar contratiempos técnicos, ha reanudado sus vuelos suborbitales tripulados desde Spaceport America.
En el terreno científico, 2026 también promete avances en la búsqueda de exoplanetas, con el telescopio espacial James Webb y la misión europea ARIEL liderando la caracterización de atmósferas de mundos lejanos. Las agencias públicas y privadas, cada vez más interconectadas, marcan así una nueva era de colaboración y competencia que promete acelerar el retorno del ser humano a la Luna y la exploración del Sistema Solar.
La exitosa activación del sistema de agua en el banco B-2 simboliza el compromiso de la NASA y sus socios por mantener la excelencia técnica y la seguridad en el desarrollo de vehículos espaciales de nueva generación. El esperado «Green Run» del Exploration Upper Stage será, sin duda, uno de los hitos más destacados en la cuenta atrás hacia Artemis IV y el regreso humano a la superficie lunar.
(Fuente: SpaceDaily)
