NASA rediseña Artemis: nuevo vuelo de prueba y fin de las mejoras para el SLS

En un giro significativo en la estrategia estadounidense para la exploración lunar, la NASA ha anunciado una revisión profunda de la arquitectura de su programa Artemis, que tiene como objetivo devolver seres humanos a la superficie de la Luna y sentar las bases para futuras misiones tripuladas a Marte. El cambio más relevante es la incorporación de un vuelo de prueba en órbita terrestre baja para los módulos de aterrizaje lunares, al tiempo que se descartan las mejoras previstas para el potente cohete Space Launch System (SLS).
Estas decisiones llegan en un momento en que la competencia internacional y la colaboración con empresas privadas como SpaceX o Blue Origin redefinen el panorama de la exploración espacial, marcando una ruptura con la hoja de ruta original presentada hace apenas unos años.
Un nuevo ensayo para los módulos lunares
La NASA ha optado por introducir un vuelo de prueba de los módulos de aterrizaje lunar en órbita baja terrestre antes de enviarlos a la Luna. Este ensayo, que no estaba contemplado en los planes originales, permitirá verificar en un entorno más controlado el funcionamiento de los sistemas críticos del alunizador, incluyendo el acoplamiento con la nave Orión, la transferencia de tripulación y la gestión de los sistemas de soporte vital, propulsión y energía.
El objetivo es reducir los riesgos técnicos y operativos antes de la primera misión tripulada que intente descender sobre la superficie lunar desde el programa Artemis. SpaceX, principal responsable del desarrollo del primer módulo de aterrizaje de nueva generación basado en su Starship, será uno de los principales beneficiados de este cambio, dado que podrá validar en vuelo real aspectos esenciales como las maniobras de repostaje en órbita y la integración con los sistemas de la NASA.
Cancelación de las mejoras al Space Launch System
Una de las medidas más controvertidas es la cancelación de las mejoras previstas para el SLS, el gran lanzador desarrollado a partir de tecnología heredada del transbordador espacial y el programa Apolo. Inicialmente, la NASA planeaba introducir la versión Block 1B del SLS, equipada con una etapa superior más potente (Exploration Upper Stage) que permitiría transportar cargas útiles más pesadas y tripulación en una sola misión. Esta ampliación suponía un salto cualitativo, pero también requería una inversión adicional considerable y enfrentaba retrasos técnicos.
Con esta decisión, la NASA apostará por mantener el SLS en su configuración original (Block 1), que, aunque fiable, limita el tamaño y la masa de las cargas útiles enviadas más allá de la órbita terrestre baja. Este movimiento obligará a depender en mayor medida de lanzadores comerciales para determinadas misiones, reforzando la tendencia hacia la colaboración público-privada que ya encabezan compañías como SpaceX, Blue Origin y, en el ámbito europeo, la española PLD Space.
Implicaciones para la hoja de ruta lunar
La introducción de un vuelo de prueba intermedio y la renuncia a mejorar el SLS suponen un reajuste en el calendario y la logística de las futuras misiones Artemis. La NASA prevé que estos cambios aportarán mayor flexibilidad y una reducción de riesgos, aunque podrían suponer retrasos adicionales en los plazos para el regreso de astronautas a la Luna, previsto actualmente para no antes de 2026.
En paralelo, la agencia estadounidense redobla su apuesta por la participación del sector privado y el empleo de tecnologías más innovadoras y competitivas. SpaceX, con su Starship, y Blue Origin, que desarrolla el módulo Blue Moon, se perfilan como actores clave en el suministro de sistemas de aterrizaje y logística para la exploración lunar. Al mismo tiempo, estos cambios abren la puerta a que otras empresas y agencias internacionales, como la ESA o incluso la emergente PLD Space española, puedan sumarse a futuras misiones, tanto de carga como tripuladas.
Un contexto internacional en rápida evolución
La exploración lunar vive un momento álgido a nivel internacional. Mientras China avanza con determinación en su propio programa de alunizaje tripulado y Rusia explora opciones para retomar su presencia lunar, la NASA debe adaptar su estrategia para mantener el liderazgo frente a estos desafíos. La cooperación con socios europeos y asiáticos, así como la apertura a soluciones comerciales, parecen ser las claves del nuevo enfoque estadounidense.
En el ámbito científico, el renovado esfuerzo por regresar a la Luna también busca allanar el camino para el estudio de exoplanetas y la preparación de misiones a Marte, donde la experiencia adquirida en la superficie lunar será crucial para garantizar la seguridad y el éxito de la exploración humana de otros mundos.
En definitiva, la revisión del programa Artemis representa un ejercicio de realismo y pragmatismo por parte de la NASA, que opta por priorizar la seguridad y la colaboración internacional y comercial, aunque eso suponga renunciar a desarrollos tecnológicos propios como la mejora del SLS. El futuro de la exploración lunar dependerá, más que nunca, de la capacidad de adaptación y cooperación entre agencias públicas y empresas privadas de todo el mundo.
(Fuente: SpaceNews)
