NASA refuerza las pruebas de Artemis II tras detectar fugas de hidrógeno en el ensayo general

Tras el fallido ensayo general húmedo (“Wet Dress Rehearsal”, WDR) de la misión Artemis II, realizado a principios de junio, la NASA ha decidido intensificar su programa de pruebas antes de autorizar el lanzamiento de la primera misión tripulada del programa Artemis. El equipo de Exploration Ground Systems identificó fugas de hidrógeno durante las operaciones de carga de combustible, lo que impidió completar satisfactoriamente el ciclo previsto. Este contratiempo, aunque no insólito en operaciones criogénicas, vuelve a poner de manifiesto los desafíos que implica el manejo de propelentes superfríos y la ambición tecnológica del regreso humano a la Luna.
El ensayo general húmedo es una de las etapas más críticas en la preparación de cualquier misión espacial que implique lanzadores de altas prestaciones. Esta prueba simula todas las operaciones realizadas en la cuenta atrás del lanzamiento, incluidas las secuencias de repostaje de los tanques principales del SLS (Space Launch System), el cohete más potente jamás construido por la agencia estadounidense. El objetivo es detectar cualquier anomalía en los procedimientos y en la interacción entre el lanzador, el segmento terrestre y el control de misión, minimizando así los riesgos antes del despegue real.
En esta ocasión, las complicaciones surgieron al intentar cargar hidrógeno líquido en la etapa central del SLS, el mismo tipo de problema que ya afectó a la misión Artemis I en 2022. El hidrógeno líquido, que debe mantenerse a temperaturas cercanas a los -253 °C, tiende a filtrarse por juntas y conexiones debido a su extremadamente bajo tamaño molecular, lo que complica el sellado de los sistemas. El equipo de Exploration Ground Systems detuvo la operación tras detectar una fuga significativa, optando por preservar la integridad del vehículo y la seguridad de las instalaciones.
La misión Artemis II, que tiene como objetivo llevar a cuatro astronautas –tres estadounidenses y uno canadiense– en una órbita alrededor de la Luna, representa el primer vuelo tripulado del SLS y la cápsula Orion. Es un paso decisivo en el programa Artemis, que aspira a establecer una presencia humana sostenible en el satélite natural y servir de plataforma para futuras misiones a Marte. La NASA, consciente del simbolismo y la complejidad de este retorno lunar, ha preferido priorizar la seguridad y la fiabilidad, aunque esto suponga retrasos adicionales en el calendario.
La agencia ha anunciado que realizará pruebas adicionales para aislar la causa exacta de la fuga y validar las soluciones implementadas. Entre las acciones previstas figuran el reemplazo de sellos criogénicos, la inspección de válvulas y líneas de transferencia, y la simulación de diferentes condiciones operativas. Esta decisión se enmarca en la tradición de la NASA de aprender de cada anomalía; no en vano, el propio programa Apolo vivió numerosos episodios de ensayo y error antes de lograr el alunizaje en 1969.
El revés de Artemis II se produce en un contexto de intensa actividad y competencia en el sector espacial internacional. Empresas como SpaceX y Blue Origin avanzan en el desarrollo de sistemas reutilizables y nuevas arquitecturas para la exploración lunar. SpaceX, por ejemplo, ha realizado recientemente un nuevo vuelo de prueba de su cohete Starship, el sistema seleccionado por la NASA para el módulo de alunizaje de las futuras misiones Artemis. Por su parte, Blue Origin ultima los detalles del Blue Moon, su propio módulo lunar, mientras que Virgin Galactic ha retomado los vuelos suborbitales turísticos, consolidando la madurez de la industria espacial privada.
En Europa, la empresa española PLD Space ha logrado con éxito el lanzamiento del Miura 1, el primer cohete suborbital recuperable del continente, demostrando la pujanza de la nueva generación de empresas espaciales en España y abriendo la puerta a futuros desarrollos orbitales. La ESA, por su parte, acaba de anunciar el descubrimiento de varios exoplanetas potencialmente habitables gracias a la misión CHEOPS, lo que subraya la importancia de la colaboración internacional en la exploración del cosmos.
El refuerzo de las pruebas en Artemis II recuerda que, aunque el sector espacial vive una era de avances extraordinarios, la ingeniería de cohetes sigue siendo una disciplina exigente y llena de desafíos inesperados. La NASA, fiel a su filosofía de “probar, aprender y mejorar”, mantiene su hoja de ruta hacia la Luna, convencida de que cada obstáculo es una oportunidad para perfeccionar la tecnología y garantizar el éxito de los vuelos tripulados más allá de la Tierra.
Se espera que los resultados de los próximos ensayos permitan fijar una nueva fecha para el lanzamiento de Artemis II y que la experiencia acumulada contribuya a allanar el camino para las siguientes misiones del programa. Así, mientras el mundo observa expectante, la carrera lunar del siglo XXI continúa su andadura, combinando el legado de la exploración histórica con la innovación del presente.
(Fuente: Space Scout)
