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Nubes bajas y bandas paralelas: el espectáculo meteorológico que marcó el golfo de Bengala en enero

Nubes bajas y bandas paralelas: el espectáculo meteorológico que marcó el golfo de Bengala en enero

Durante el pasado mes de enero, una sorprendente conjunción de fenómenos atmosféricos captó la atención de meteorólogos y observadores satelitales en el golfo de Bengala y el delta adyacente. Una oleada de frío inusualmente intensa se tradujo en la formación de densas nubes bajas que cubrieron por completo las llanuras deltaicas, mientras en paralelo, una serie de bandas nubosas perfectamente alineadas surcaban la superficie del golfo, ofreciendo una estampa poco habitual incluso para esta época del año.

Este fenómeno, documentado por satélites de observación terrestre de la NASA y otras agencias, se explica por la interacción entre masas de aire frío procedentes del interior del subcontinente indio y la humedad relativa aportada por el mar. Cuando una masa de aire frío y seco avanza sobre las regiones cálidas y húmedas del litoral, se produce una inversión térmica que favorece la condensación y la formación de nubes estratificadas de baja altitud.

La presencia de bandas nubosas paralelas, visibles en las imágenes satelitales, obedece a un mecanismo conocido como “rollos de nubes” o “bandas de nubes convectivas”, que se producen cuando el aire frío, al desplazarse sobre aguas más cálidas, se inestabiliza y comienza a ascender en células ordenadas. Entre cada banda, el aire desciende, generando zonas despejadas. Este patrón de circulación, que recuerda al dibujo de las olas en la arena causado por el viento, es relativamente común en latitudes medias durante invasiones de aire frío, pero resulta especialmente llamativo cuando se extiende sobre grandes superficies marinas.

El delta, cubierto por las nubes bajas, experimentó un marcado descenso de la temperatura, con mínimas que cayeron varios grados por debajo de lo habitual para la región. Este fenómeno no solo tuvo implicaciones meteorológicas, sino que también afectó a la navegación aérea y marítima, al reducir la visibilidad y complicar las operaciones logísticas en los puertos y aeropuertos cercanos.

Desde el punto de vista técnico, la NASA emplea satélites como el Terra y el Aqua, equipados con el sensor MODIS, para monitorizar en tiempo real estos patrones nubosos. Las imágenes obtenidas permiten a los científicos analizar la estructura y dinámica de las nubes, así como predecir su evolución. Además, la colaboración internacional en el intercambio de datos meteorológicos ha sido clave para comprender la magnitud y el desarrollo de este episodio.

En cuanto a los avances de la exploración espacial relacionados con la observación de la Tierra, SpaceX y Blue Origin continúan desarrollando plataformas de lanzamiento reutilizables que podrían facilitar el envío de nuevos satélites meteorológicos en el futuro. La NASA, por su parte, anunció recientemente la puesta en marcha de la misión PACE (Plankton, Aerosol, Cloud, ocean Ecosystem), destinada a estudiar la interacción entre nubes, océanos y aerosoles, lo que permitirá obtener información aún más precisa sobre estos fenómenos.

Mientras tanto, empresas emergentes como la española PLD Space están apostando por el desarrollo de lanzadores ligeros que, en un futuro próximo, podrían poner en órbita satélites de observación dedicados exclusivamente al monitoreo del clima y la atmósfera. La integración de tecnologías de inteligencia artificial en la interpretación de datos satelitales también permitirá anticipar con mayor exactitud eventos extremos como las olas de frío o las invasiones de aire polar.

Por otro lado, el avance en la exploración de exoplanetas también se beneficia del conocimiento adquirido sobre la dinámica atmosférica terrestre. Los patrones nubosos observados en la Tierra sirven como referencia para interpretar las atmósferas de planetas lejanos, cuyos datos se obtienen mediante telescopios espaciales como el James Webb o el próximo ARIEL de la ESA.

Estos episodios meteorológicos extremos, aunque aparentemente locales, forman parte de un sistema global interconectado que la ciencia espacial está ayudando a desentrañar. El estudio detallado de las nubes y su comportamiento no solo contribuye a mejorar las previsiones meteorológicas y la gestión de riesgos, sino que también ayuda a entender mejor el clima de nuestro planeta y, en última instancia, el de otros mundos.

De esta manera, la conjunción de tecnología espacial, cooperación internacional y observación continua permite avanzar en el conocimiento de los complejos mecanismos que rigen la atmósfera terrestre, abriendo nuevas puertas tanto a la ciencia como a la industria aeroespacial. El fenómeno registrado en el golfo de Bengala es un recordatorio de la importancia de la vigilancia satelital y la investigación climática en la era moderna.

(Fuente: NASA)