Orbex se declara insolvente, pero el impulso del sector espacial británico continúa firme

El sector de lanzadores pequeños en Europa ha recibido un duro golpe tras la declaración de insolvencia de Orbex, una de las empresas más prometedoras del Reino Unido en el desarrollo de cohetes reutilizables para satélites ligeros. Sin embargo, lejos de frenar el empuje del sector espacial británico, la crisis de Orbex ha servido para poner en valor la resiliencia y la diversificación del ecosistema espacial británico, que sigue avanzando hacia el objetivo de contar con una capacidad de lanzamiento orbital completamente doméstica.
Orbex, fundada en 2015 y con sede en Forres, Escocia, se había posicionado como uno de los actores clave de la nueva ola europea de lanzadores ligeros. Su cohete Prime, impulsado por biopropano y oxígeno líquido, estaba diseñado para ofrecer una alternativa ecológica y eficiente al creciente mercado de pequeños satélites. El proyecto contaba con apoyo de fondos europeos, nacionales y privados, así como acuerdos con el puerto espacial Sutherland, la primera infraestructura de su clase en suelo británico.
A pesar de haber recaudado más de 100 millones de euros e iniciado la fase de integración de sus motores impresos en 3D, Orbex no ha logrado asegurar la financiación necesaria para completar la campaña de certificación y dar el salto al vuelo inaugural. La competencia feroz en el sector, los retrasos regulatorios y las dificultades para acceder a la cadena de suministro han terminado por asfixiar a la compañía, que se ha acogido a la administración judicial con la esperanza de encontrar un comprador o inversor que salve el proyecto y los cerca de 90 empleos directos.
El colapso de Orbex se suma al fracaso de Virgin Orbit, la filial de lanzamientos espaciales de Virgin Galactic, que en 2023 cesó actividades tras su fallido intento de lanzar desde el Spaceport Cornwall, en el suroeste de Inglaterra. Sin embargo, el panorama británico dista mucho de ser sombrío. El gobierno y la Agencia Espacial del Reino Unido mantienen su compromiso con el desarrollo de una infraestructura espacial nacional, conscientes de la importancia estratégica que supone tener acceso autónomo al espacio para la defensa, la observación de la Tierra y el sector comercial.
De hecho, varias empresas británicas continúan avanzando en sus respectivos proyectos. Skyrora, con sede en Edimburgo, ha realizado múltiples pruebas exitosas de motores y planea ejecutar lanzamientos suborbitales desde la base de SaxaVord, en las islas Shetland, antes de dar el salto a la órbita. Su lanzador Skyrora XL aspira a competir directamente con los desarrollos alemanes y españoles, como el Miura 5 de la alicantina PLD Space, que recientemente completó con éxito el vuelo inaugural de su cohete suborbital Miura 1 y se encuentra en fase avanzada de desarrollo de su lanzador orbital.
El ecosistema británico se beneficia, además, de la colaboración con gigantes internacionales. SpaceX domina el mercado global de lanzamientos comerciales, pero la demanda de acceso flexible y personalizado para pequeños satélites sigue creciendo. Blue Origin, la compañía de Jeff Bezos, ha mostrado interés en establecer alianzas tecnológicas y de formación con el sector británico, mientras que la Agencia Espacial Europea (ESA) mantiene su apoyo a la creación de una red europea de puertos espaciales y lanzadores ligeros, con vistas a no depender exclusivamente de proveedores estadounidenses o rusos.
En paralelo, la NASA sigue de cerca la evolución del sector, consciente de que la proliferación de lanzadores pequeños y medianos en Europa puede facilitar la cooperación en misiones científicas, el despliegue de constelaciones de observación y la exploración de exoplanetas. El auge de satélites dedicados a la búsqueda de mundos habitables fuera del Sistema Solar, como las misiones CHEOPS y PLATO de la ESA, requiere una flexibilidad de lanzamientos que solo una oferta diversificada y competitiva puede garantizar.
El caso Orbex pone de manifiesto los retos que enfrenta el sector privado europeo frente a los gigantes estadounidenses, tanto en términos de acceso a capital como de madurez tecnológica. No obstante, la rápida reacción de las autoridades y la continuidad de otros proyectos demuestran que el impulso británico por conquistar el espacio sigue vivo. La apuesta por la innovación, la sostenibilidad y la colaboración internacional se consolida como la hoja de ruta para que el Reino Unido y Europa mantengan su competitividad en la nueva economía espacial.
En conclusión, aunque la caída de Orbex supone un revés temporal, el sector británico de lanzadores espaciales mantiene su ambición intacta y sigue siendo un actor clave en la escena europea, dispuesto a aprender de los fracasos y a convertirlos en nuevas oportunidades para el futuro.
(Fuente: NASASpaceflight)
