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Problemas en la etapa superior del SLS amenazan el calendario de Artemis 2

Problemas en la etapa superior del SLS amenazan el calendario de Artemis 2

Apenas veinticuatro horas después de que la NASA anunciara oficialmente el 6 de marzo de 2025 como fecha prevista para el lanzamiento de Artemis 2, la agencia espacial estadounidense se ha visto obligada a reconsiderar esa hoja de ruta debido a un contratiempo técnico detectado en la etapa superior del Space Launch System (SLS). El incidente podría suponer un nuevo retraso en la misión que marcará el regreso de los astronautas a la órbita lunar, un hito largamente esperado desde el final del programa Apolo.

La etapa superior del SLS, conocida como Interim Cryogenic Propulsion Stage (ICPS), desempeña un papel crucial en el envío de la cápsula Orion y su tripulación hacia la Luna. La ICPS, una adaptación del Delta Cryogenic Second Stage (DCSS) de United Launch Alliance, utiliza hidrógeno y oxígeno líquidos para proporcionar el impulso final que permitirá a la nave escapar de la gravedad terrestre y emprender su trayecto lunar. De acuerdo con fuentes internas de la NASA, los ingenieros han identificado una anomalía en uno de los sistemas de la ICPS durante las pruebas integradas en el Centro Espacial Kennedy, lo que ha obligado a la agencia a considerar el traslado del cohete de vuelta al edificio de ensamblaje (VAB) para llevar a cabo labores de reparación y diagnóstico.

Este contratiempo se suma a la larga lista de desafíos técnicos y logísticos que han acompañado al desarrollo del SLS, el lanzador más potente construido por la NASA desde el Saturn V. Artemis 2, en la que participarán cuatro astronautas —entre ellos la primera mujer y la primera persona de color que viajarán más allá de la órbita baja terrestre—, pretende demostrar la capacidad del sistema para operaciones tripuladas antes de intentar el alunizaje de Artemis 3, previsto para no antes de 2026.

Desde hace meses, diversos actores del sector espacial han observado con atención la evolución del programa Artemis, cuyo coste y plazos han sido objeto de debate en el Congreso estadounidense. El SLS, concebido inicialmente para volar en 2016, acumula casi una década de retraso y su coste total supera ya los 20.000 millones de dólares. La NASA, presionada por la Casa Blanca y por la competencia creciente del sector privado, había puesto especial empeño en cumplir el calendario y demostrar la viabilidad del programa.

En paralelo, empresas privadas como SpaceX avanzan en el desarrollo de alternativas como Starship, un vehículo totalmente reutilizable que, en teoría, podría ofrecer capacidades superiores a una fracción del coste. Starship ya ha realizado varios vuelos de prueba suborbitales y, según los planes de la NASA, desempeñará un papel clave en Artemis 3 como módulo de aterrizaje lunar. La aparición de actores como Blue Origin, que sigue adelante con su cohete New Glenn, o la consolidación de lanzadores europeos como Ariane 6 y la española PLD Space, han intensificado la presión competitiva sobre la agencia estadounidense.

El panorama internacional de la exploración lunar es más dinámico que nunca. China avanza con paso firme en su programa Chang’e y planea misiones tripuladas para la próxima década, mientras que la India, tras el éxito de Chandrayaan-3, aspira a convertirse en potencia de referencia en la exploración lunar. En este contexto, los retrasos técnicos del SLS y la incertidumbre sobre el calendario de Artemis 2 preocupan tanto a la NASA como a sus socios internacionales y a la industria aeroespacial en su conjunto.

La NASA aún no ha ofrecido una estimación concreta sobre la magnitud del retraso ni detalles específicos acerca de la naturaleza exacta del problema detectado en la etapa superior. Sin embargo, la agencia ha subrayado su compromiso con la seguridad de la tripulación y la necesidad de garantizar que todos los sistemas funcionen a la perfección antes de autorizar el lanzamiento. En próximas semanas se espera una actualización más exhaustiva, que podría incluir un nuevo calendario de pruebas, la posible intervención de equipos externos y medidas de refuerzo en la gestión de riesgos.

A pesar de los obstáculos, la comunidad científica y el sector aeroespacial confían en que Artemis 2 supondrá un paso decisivo en la nueva era de la exploración lunar. Más allá de su simbolismo, la misión permitirá ensayar tecnologías clave para la vida y el trabajo en el espacio profundo, sentando las bases para la futura presencia humana permanente en la Luna y, en última instancia, en Marte.

El futuro inmediato de Artemis 2 dependerá de la capacidad de la NASA para solventar este nuevo reto técnico y mantener la confianza de sus socios y del público. Mientras tanto, la carrera por volver a pisar la Luna continúa, con actores públicos y privados redoblando esfuerzos para liderar la próxima gran aventura espacial.

(Fuente: SpaceNews)