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China inaugura 2026 con dos lanzamientos de cohetes Larga Marcha y nuevas misiones tecnológicas

China inaugura 2026 con dos lanzamientos de cohetes Larga Marcha y nuevas misiones tecnológicas

En la madrugada del martes, China ha dado el pistoletazo de salida a lo que promete ser un año récord para su programa espacial, protagonizando dos lanzamientos casi consecutivos con cohetes Larga Marcha. Estas misiones han puesto en órbita satélites de observación de la Tierra y telecomunicaciones, consolidando la posición del gigante asiático como uno de los actores más activos y ambiciosos en la carrera espacial global.

El primero de los lanzamientos tuvo lugar desde el Centro de Lanzamiento de Satélites de Taiyuan, en la provincia de Shanxi. Un cohete Larga Marcha 4C despegó a primera hora del día portando a bordo un lote de satélites Yaogan, conocidos por su alto grado de sofisticación en la observación terrestre y su uso principalmente militar, aunque China insiste en su naturaleza científica y civil. Estos satélites han sido insertados en una órbita poco habitual, lo que ha suscitado el interés de la comunidad internacional. Aunque las autoridades chinas no han especificado la altitud y la inclinación orbital exacta, los expertos apuntan a que se trata de una órbita sincronizada con el sol, que permite captar imágenes de la superficie terrestre bajo condiciones de iluminación constantes, optimizando así la vigilancia y el análisis de cambios medioambientales o actividades humanas.

Solo unas horas después, desde el cosmódromo de Jiuquan, en el desierto de Gobi, otro cohete Larga Marcha —en este caso, el modelo 2D— transportó varios satélites Guowang, parte de la constelación de comunicaciones que China está desplegando para competir directamente con sistemas como Starlink de SpaceX y la futura red Kuiper de Amazon. El plan de China es completar una megaconstelación de satélites en órbita baja que proporcione cobertura de internet de alta velocidad a nivel global, especialmente en regiones remotas o de difícil acceso. Este ambicioso proyecto, que combina capacidades civiles y militares, pretende también garantizar la soberanía tecnológica del país en un sector estratégico donde Estados Unidos y sus empresas privadas llevan la delantera.

Ambos lanzamientos emplearon tecnologías de vanguardia desarrolladas íntegramente por la industria aeroespacial china. Los cohetes Larga Marcha, que celebran más de cinco décadas en activo, han evolucionado hasta convertirse en una familia de vehículos robustos y fiables, capaces de colocar cargas útiles en diferentes tipos de órbita. En 2023, China logró un récord de 67 lanzamientos orbitales, y todo apunta a que la cifra será superada en 2026, con una cadencia que rivaliza con la de SpaceX, cuyo Falcon 9 ha marcado el ritmo en los últimos años con su reutilización y eficiencia.

El contexto global de estos lanzamientos es especialmente relevante. Mientras SpaceX continúa expandiendo su constelación Starlink (que ya supera los 6.000 satélites en órbita) y se prepara para nuevas pruebas del cohete Starship con vistas a misiones lunares y marcianas, China afianza su propia estrategia espacial. Blue Origin, la empresa de Jeff Bezos, también avanza con su programa New Glenn, aunque aún sin vuelos orbitales regulares. Por su parte, la NASA colabora activamente con la industria privada y socios internacionales en el regreso a la Luna dentro del programa Artemis, pero observa con atención los progresos chinos, especialmente en la exploración lunar y la construcción de su estación espacial Tiangong.

En Europa, PLD Space acaba de consolidar su posición como pionera con el éxito del Miura 1, el primer cohete suborbital privado español, y ya prepara el Miura 5, que aspira a competir en el segmento de lanzadores pequeños para clientes institucionales y comerciales. Virgin Galactic, tras superar varias dificultades técnicas y económicas, ha reanudado sus vuelos turísticos suborbitales, mientras la búsqueda de exoplanetas habitables continúa con telescopios como el James Webb y misiones de la ESA y la NASA.

El espectacular inicio de año espacial chino confirma que la competición por el acceso y el control del espacio está más viva que nunca, con el auge de nuevas potencias y empresas privadas que desafían la hegemonía tradicional de Estados Unidos y Rusia. A medida que la tecnología avanza y los costes disminuyen, la exploración y explotación del espacio se democratiza, abriendo la puerta a nuevos descubrimientos científicos y oportunidades económicas, pero también a retos en materia de seguridad y gobernanza internacional.

En definitiva, los primeros lanzamientos chinos de 2026 no solo refuerzan la capacidad tecnológica y la ambición del país asiático, sino que marcan el pulso de una nueva era en la carrera espacial, donde la competencia y la colaboración irán de la mano para definir el futuro de la humanidad más allá de nuestro planeta.

(Fuente: SpaceNews)