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China prepara el despliegue de más de 200.000 satélites y aviva la carrera por el espacio

China prepara el despliegue de más de 200.000 satélites y aviva la carrera por el espacio

En un movimiento sin precedentes que podría transformar la fisonomía de la órbita terrestre baja (LEO), China ha presentado ante la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) una solicitud para lanzar más de 200.000 satélites en los próximos años. Este ambicioso plan, que abarca más de una docena de constelaciones satelitales, pone de manifiesto la creciente pugna internacional por asegurar posiciones orbitales estratégicas y acceso al espectro radioeléctrico, recursos cada día más codiciados en la nueva era espacial.

Las solicitudes chinas ante la UIT detallan redes satelitales que van desde modestas agrupaciones de varias decenas de aparatos hasta sistemas masivos que podrían igualar o superar la escala de las constelaciones más avanzadas actualmente en operación, como Starlink de SpaceX. Aunque la documentación pública no especifica el calendario exacto para el despliegue ni las funciones de cada constelación, todo apunta a que el objetivo es ofrecer servicios de comunicaciones globales, internet de banda ancha, así como aplicaciones para observación terrestre y navegación.

El precedente lo marcó SpaceX, la compañía estadounidense fundada por Elon Musk, que ya ha puesto en órbita más de 6.000 satélites Starlink y tiene autorización para llegar a los 42.000. A su estela, otras firmas y agencias espaciales han presentado planes para grandes redes de satélites: Amazon, con su proyecto Kuiper, espera desplegar más de 3.200; OneWeb, adquirida por Eutelsat, opera actualmente con cerca de 650 aparatos; y la Agencia Espacial Europea (ESA) contempla su propia infraestructura segura de comunicaciones conocidas como IRIS^2.

El interés chino en esta carrera tiene profundas raíces estratégicas. En los últimos cinco años, el gigante asiático ha acelerado su desarrollo espacial público y privado, tanto con el incremento de lanzamientos de cohetes Long March como con la consolidación de empresas comerciales como GalaxySpace, China SatNet o CASC. La intención es doble: garantizar la autonomía tecnológica frente a Occidente y posicionarse como potencia dominante en el acceso global a datos y comunicaciones. No en vano, el control de las posiciones orbitales y del espectro radioeléctrico es esencial para la seguridad nacional, la economía digital y la gestión de infraestructuras críticas.

No solo el número de satélites es relevante, sino también la calidad de la tecnología empleada. El despliegue de constelaciones masivas plantea desafíos nunca vistos en cuanto a gestión del tráfico espacial, mitigación de residuos y sostenibilidad a largo plazo. Las colisiones entre satélites o la generación de chatarra espacial podrían desencadenar el temido síndrome de Kessler, una reacción en cadena de impactos que dificultaría futuras operaciones en órbita. Por ello, tanto la UIT como la Oficina de Naciones Unidas para Asuntos del Espacio Ultraterrestre (UNOOSA) insisten en la necesidad de coordinación internacional y regulación estricta.

Mientras tanto, en Europa, la empresa española PLD Space se consolida como referente en el desarrollo de cohetes reutilizables para lanzamientos suborbitales y orbitales ligeros. Su cohete MIURA 1 realizó con éxito su primer vuelo en 2023, y el MIURA 5, destinado a satélites pequeños, avanza hacia su debut. El auge de startups como PLD Space demuestra que la nueva carrera espacial ya no está reservada a superpotencias, sino que abarca a actores emergentes que buscan un nicho en el mercado de los servicios espaciales.

En paralelo, otras compañías privadas como Blue Origin, de Jeff Bezos, y Virgin Galactic, de Richard Branson, continúan compitiendo en el sector del turismo espacial y el acceso suborbital, mientras que la NASA y la ESA mantienen su liderazgo en exploración científica y el descubrimiento de exoplanetas, con misiones como TESS, James Webb o CHEOPS.

La explosión de nuevas constelaciones plantea importantes interrogantes sobre la gobernanza global del espacio, la cooperación internacional y el futuro de la actividad espacial, tanto pública como privada. El espacio, antaño dominio exclusivo de unos pocos estados, se ha transformado en un ámbito de competencia feroz por recursos finitos y oportunidades comerciales sin precedentes.

El ambicioso plan chino para desplegar más de 200.000 satélites podría marcar un antes y un después en la historia de la humanidad fuera de la Tierra, obligando a repensar no solo el acceso y uso del espacio, sino también la necesidad de establecer normas y acuerdos que garanticen la seguridad, la sostenibilidad y la utilización pacífica del entorno espacial.

En definitiva, la órbita terrestre se convertirá en un escenario aún más congestionado y estratégico en los próximos años, con China dispuesta a jugar un papel protagonista en la redefinición del equilibrio espacial global. (Fuente: SpaceDaily)