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China reevalúa la vuelta de la tripulación de la Shenzhou-20 tras un posible impacto de desechos

China reevalúa la vuelta de la tripulación de la Shenzhou-20 tras un posible impacto de desechos

La exploración espacial no está exenta de riesgos, y uno de los mayores retos a los que se enfrenta cualquier misión tripulada es el creciente problema de los desechos espaciales. En las últimas horas, la Agencia Espacial Tripulada de China (CMSA) ha confirmado que está llevando a cabo una exhaustiva evaluación para determinar el momento más seguro para el regreso de la tripulación de la Shenzhou-20 a la Tierra. Todo ello se produce después de que se detectase un posible impacto de restos orbitales en la nave, lo que ha encendido las alarmas en el centro de control de la misión.

El impacto de los desechos espaciales no es una cuestión menor. Según las primeras informaciones proporcionadas por la CMSA, el incidente se produjo cuando la nave se encontraba en una órbita baja terrestre, donde la densidad de basura espacial es considerablemente elevada debido a décadas de lanzamientos y satélites fuera de servicio. Aunque no se han hecho públicos detalles técnicos específicos sobre el daño que habría sufrido la Shenzhou-20, las fuentes oficiales subrayan que tanto la nave como la tripulación permanecen en condiciones estables y seguras.

La Shenzhou-20 es la más reciente misión tripulada china, lanzada como parte del ambicioso programa para completar y operar la estación espacial Tiangong. A bordo de la nave viajan tres taikonautas, quienes han permanecido durante varios meses realizando experimentos científicos y tareas de mantenimiento en la estación. El regreso de la tripulación estaba inicialmente previsto para las próximas semanas, pero la posible colisión con fragmentos de basura espacial ha obligado a suspender cualquier decisión sobre la fecha de reentrada hasta que se complete un análisis detallado del estado de la cápsula y de los sistemas críticos para el retorno.

El problema de los desechos espaciales preocupa cada vez más a agencias e instituciones de todo el mundo. La propia NASA, así como empresas privadas como SpaceX o Blue Origin, han advertido en múltiples ocasiones sobre los riesgos que supone la acumulación de fragmentos de satélites destruidos, etapas superiores de cohetes y otros restos que orbitan la Tierra a velocidades superiores a los 27.000 kilómetros por hora. Un simple fragmento de apenas unos milímetros puede causar daños severos en las naves espaciales y poner en peligro la vida de las tripulaciones.

En este contexto, la comunidad internacional debate desde hace años la necesidad de establecer nuevas normativas y protocolos para gestionar el tráfico espacial y reducir la generación de basura orbital. Iniciativas como el sistema de seguimiento de objetos en órbita de la Agencia Espacial Europea (ESA) o los programas de desorbitado controlado de SpaceX para sus satélites Starlink suponen pasos importantes, pero el volumen de desechos sigue creciendo.

Mientras tanto, la CMSA ha informado que continúa monitorizando de cerca todos los sistemas de la Shenzhou-20 y que mantiene contacto constante con la tripulación. Se están realizando simulaciones y comprobaciones adicionales para garantizar que el escudo térmico, los sistemas de navegación y los mecanismos de reentrada no hayan sufrido daños que puedan comprometer la seguridad de los astronautas durante el descenso a la Tierra. La agencia ha subrayado que no se tomará ninguna decisión precipitada y que la prioridad absoluta es preservar la integridad física de los taikonautas.

El incidente pone de relieve los desafíos técnicos y logísticos que supone la exploración tripulada en la órbita baja terrestre, un entorno cada vez más congestionado. Mientras China mantiene en vilo a la comunidad espacial internacional a la espera de noticias sobre la Shenzhou-20, otras agencias continúan con sus propios planes. La NASA ultima detalles para la próxima misión Artemis, que planea devolver astronautas a la superficie lunar, mientras que SpaceX sigue perfeccionando su nave Starship con vistas a misiones interplanetarias y colaboraciones comerciales. Blue Origin, por su parte, ha anunciado nuevos avances en el desarrollo de su cohete New Glenn, y la española PLD Space celebra el éxito de su primer lanzamiento suborbital, con la vista puesta en lanzamientos comerciales a lo largo de 2024.

El sector privado y los organismos públicos coinciden en que la sostenibilidad del espacio es un reto global. Soluciones como la eliminación activa de desechos, el diseño de satélites con capacidad de autodestrucción controlada y el establecimiento de “carreteras orbitales” más seguras son ya parte de la agenda internacional.

Por ahora, la misión de la Shenzhou-20 permanece bajo vigilancia estricta, a la espera de que los ingenieros chinos determinen el momento más seguro para el regreso de los astronautas. Esta situación subraya la importancia de la cooperación internacional y del desarrollo de tecnologías que permitan mitigar el impacto de los residuos espaciales, un desafío que podría condicionar el futuro de la exploración más allá de nuestro planeta.

(Fuente: SpaceNews)