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Daños en la histórica rampa de lanzamiento rusa tras el despegue de la Soyuz MS-28

Daños en la histórica rampa de lanzamiento rusa tras el despegue de la Soyuz MS-28

La plataforma de lanzamiento 31 del cosmódromo de Baikonur, en Kazajistán, uno de los enclaves más emblemáticos de la historia espacial rusa, ha sufrido daños significativos tras el despegue de la nave Soyuz MS-28, según ha confirmado la agencia estatal Roscosmos. Este incidente pone en el punto de mira la infraestructura soviética heredada y plantea interrogantes sobre la continuidad de los lanzamientos tripulados hacia la Estación Espacial Internacional (ISS) desde territorio kazajo.

El suceso tuvo lugar durante el lanzamiento de la Soyuz MS-28, una misión clave destinada a trasladar a tres miembros de la tripulación internacional hasta la ISS. Según las primeras informaciones, el despegue se desarrolló aparentemente con normalidad y la nave logró insertarse en órbita sin contratiempos. Sin embargo, los técnicos detectaron poco después que parte de la estructura de la rampa 31 había resultado dañada, aunque por el momento Roscosmos no ha precisado el alcance ni la naturaleza exacta de los desperfectos.

La rampa 31, conocida oficialmente como Site 31/6, es una de las dos únicas plataformas de Baikonur aptas para lanzar cohetes Soyuz tripulados. Su relevancia estratégica aumentó en los últimos años después de que la mítica rampa Gagarin, el legendario Site 1 desde donde partió Yuri Gagarin en 1961, entrara en fase de mantenimiento periódico y modernización, lo que dejó a Site 31 como alternativa imprescindible para no interrumpir el flujo de misiones hacia la ISS.

El cosmódromo de Baikonur, gestionado por Rusia en régimen de alquiler a Kazajistán desde el colapso de la Unión Soviética, ha sido el punto de partida de buena parte de la historia espacial internacional. Desde sus plataformas han despegado no solo cosmonautas rusos sino también astronautas de la NASA, la ESA y otras agencias, gracias a los acuerdos de colaboración internacional que garantizan el acceso a la ISS. Tras la retirada de los transbordadores estadounidenses en 2011, las cápsulas Soyuz se convirtieron durante casi una década en el único transporte capaz de enviar seres humanos hasta la estación orbital, hasta la llegada de las naves Crew Dragon de SpaceX, que devolvieron la capacidad de vuelo tripulado a Estados Unidos en 2020.

El incidente de la rampa 31 reaviva el debate sobre la modernización de las infraestructuras espaciales rusas, muchas de las cuales acumulan décadas de servicio. A pesar de reformas puntuales, la edad de estas instalaciones y los retos técnicos asociados a los lanzamientos de alta cadencia suponen un desafío continuado para Roscosmos. El director general de la agencia, Yuri Borisov, ha asegurado que se llevará a cabo una investigación exhaustiva para determinar las causas del daño y garantizar la seguridad de futuras misiones, aunque no se descartan retrasos en el calendario de lanzamientos.

Mientras tanto, el sector espacial internacional observa con atención. SpaceX, bajo el liderazgo de Elon Musk, continúa consolidando su dominio en el transporte orbital tripulado y de carga, con lanzamientos regulares de las cápsulas Crew Dragon desde Florida y con una fiabilidad que ha permitido a la NASA diversificar sus opciones de acceso a la ISS. Blue Origin, por su parte, acelera el desarrollo de la nave New Glenn y reciente avances en vuelos suborbitales tripulados, aunque todavía sin una presencia tan marcada en los vuelos orbitales.

En Europa, la española PLD Space avanza con sus cohetes Miura, tras el exitoso lanzamiento del Miura 1, que supuso un hito para la industria aeroespacial nacional y europea. Virgin Galactic, mientras tanto, sigue apostando por el turismo espacial suborbital, aunque su impacto en el segmento orbital es aún incipiente. La NASA, además de sus colaboraciones comerciales, mantiene la exploración del sistema solar y la búsqueda de exoplanetas como prioridades, con misiones como TESS y la próxima Europa Clipper, que ampliarán el horizonte de nuestro conocimiento planetario.

El incidente en Baikonur pone de relieve la importancia de contar con infraestructuras modernas y seguras para sostener la exploración espacial internacional, así como la necesidad de una colaboración más estrecha entre agencias públicas y empresas privadas para garantizar la continuidad de los vuelos tripulados y la investigación científica en la órbita baja terrestre.

A la espera de los resultados de la investigación rusa, la comunidad espacial internacional permanece pendiente del estado de la rampa 31 y de su impacto en el calendario de lanzamientos hacia la ISS, pieza clave de la cooperación internacional en el espacio. En un contexto global donde nuevas potencias y empresas privadas están multiplicando su protagonismo, este contratiempo resalta la fragilidad y la importancia de las infraestructuras espaciales históricas.

(Fuente: SpacePolicyOnline.com)