Descubren el mayor flujo de gas caliente del universo en una galaxia cercana gracias al James Webb

Un equipo de astrónomos de la Universidad de California en Irvine ha dado un paso significativo en la comprensión de los procesos energéticos que dan forma a las galaxias al identificar el mayor flujo de gas supercaliente jamás detectado en el universo. Este hallazgo, publicado en la revista Science, se ha logrado gracias a los datos obtenidos por el telescopio espacial James Webb de la NASA y tiene como protagonista a la galaxia de disco VV 340a, situada relativamente cerca en términos astronómicos.
VV 340a, también conocida como Arp 302N, es parte de un par de galaxias interaccionando situadas a unos 450 millones de años luz de la Tierra en la constelación de Boötes. Aunque este sistema ya había despertado el interés de los científicos debido a su intensa actividad de formación estelar y a la presencia de un núcleo galáctico activo, el reciente descubrimiento revela un fenómeno aún más espectacular: gigantescos chorros de gas sobrecalentado que emergen a ambos lados de la galaxia, formando dos extensos filamentos luminosos o nebulosas.
El motor de este espectáculo cósmico es un agujero negro supermasivo situado en el centro de VV 340a. Los investigadores han determinado que este agujero negro no solo está devorando grandes cantidades de materia, sino que también desencadena potentes flujos de energía capaces de expulsar material a escalas colosales. Esta eyección de gas caliente se produce en forma de vientos galácticos, que se extienden a lo largo de decenas de miles de años luz, superando cualquier estructura similar detectada previamente.
La clave para rastrear estos flujos ha sido la sensibilidad sin precedentes del telescopio James Webb, especialmente en el rango del infrarrojo medio. Gracias a sus instrumentos, los científicos han podido observar la composición química, la temperatura y la velocidad del gas, así como la interacción de este con el medio interestelar circundante. Los datos espectroscópicos han permitido identificar la presencia de elementos ionizados y moléculas complejas, lo que sugiere que el gas no solo está extremadamente caliente, sino que también está siendo alterado químicamente por la intensa radiación del agujero negro central.
Desde un punto de vista técnico, este descubrimiento supone un hito en el estudio de los procesos de retroalimentación galáctica. Tradicionalmente, se sabía que los agujeros negros supermasivos podían influir en la evolución de sus galaxias anfitrionas mediante la emisión de radiación y la expulsión de materia. Sin embargo, la escala y la potencia del flujo de gas detectado en VV 340a superan ampliamente las estimaciones previas, lo que obliga a los astrofísicos a revisar los modelos teóricos sobre la interacción entre los núcleos galácticos activos y su entorno.
La observación también aporta nuevas pistas sobre cómo los agujeros negros pueden regular la formación de estrellas en sus galaxias. Los vientos galácticos, al expulsar gas del núcleo, pueden privar a la galaxia de la materia prima necesaria para crear nuevas estrellas, actuando como un mecanismo de autorregulación. Sin embargo, en algunos casos, estos flujos pueden comprimir nubes de gas en regiones externas, desencadenando brotes de formación estelar. El estudio de VV 340a ayudará a dilucidar cuál de estos efectos predomina y cómo se manifiesta en diferentes etapas de la evolución galáctica.
El telescopio James Webb, lanzado en diciembre de 2021, sigue demostrando su capacidad para revolucionar la astronomía moderna. Mientras que otros observatorios espaciales como el Hubble o el Chandra han proporcionado imágenes y datos valiosísimos sobre el universo visible y el cosmos en rayos X, respectivamente, el Webb ha abierto una ventana inédita al infrarrojo, permitiendo observar regiones del espacio antes ocultas por el polvo y el gas. Este avance ha sido fundamental para el hallazgo de los flujos de VV 340a, ya que el gas supercaliente emite principalmente en el infrarrojo medio.
El descubrimiento se suma a una serie de logros recientes en el campo de la astrofísica extragaláctica, como la detección de exoplanetas con atmósferas complejas, el estudio de las primeras galaxias formadas tras el Big Bang y la caracterización de núcleos galácticos activos en diferentes etapas de evolución. Todo ello está marcando una nueva era en la exploración del cosmos, en la que la colaboración entre agencias espaciales públicas y empresas privadas, como NASA, SpaceX, Blue Origin o PLD Space, está acelerando el ritmo de los avances científicos y tecnológicos.
En definitiva, el estudio de la galaxia VV 340a y su espectacular flujo de gas caliente representa un avance fundamental para comprender cómo los agujeros negros supermasivos pueden esculpir la estructura y el destino de las galaxias. Con cada nueva observación, el telescopio James Webb consolida su papel como herramienta imprescindible para desentrañar los mayores misterios del universo. (Fuente: SpaceDaily)
