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El cohete Vulcan de ULA se prepara para su segunda misión de seguridad nacional

El cohete Vulcan de ULA se prepara para su segunda misión de seguridad nacional

El sector aeroespacial estadounidense se prepara para un nuevo hito con el inminente lanzamiento del cohete Vulcan de United Launch Alliance (ULA), que afronta su segunda misión de seguridad nacional bajo la designación USSF-87. Este vuelo, previsto para despegar desde la plataforma 41 de la Estación de la Fuerza Espacial de Cabo Cañaveral a las 3:30 de la madrugada, hora local (08:30 UTC), representa además la cuarta misión de este novedoso lanzador, que aspira a consolidarse como pilar fundamental en el acceso orbital de Estados Unidos.

El Vulcan Centaur, desarrollado por ULA—una empresa conjunta entre Boeing y Lockheed Martin—nació con el objetivo de sustituir progresivamente a los veteranos Atlas V y Delta IV, cuyas etapas principales emplean motores rusos RD-180 y que han servido durante décadas como caballo de batalla para lanzamientos civiles, militares y científicos. La llegada del Vulcan responde a la necesidad de reforzar la autonomía industrial estadounidense en el sector espacial y a las exigencias del Pentágono de contar con cohetes de fabricación completamente nacional para el transporte de satélites críticos.

El vuelo USSF-87 transportará una carga secreta del Comando de Sistemas Espaciales de la Fuerza Espacial de los Estados Unidos, enmarcándose dentro del programa National Security Space Launch (NSSL). Estos lanzamientos son esenciales para mantener la superioridad tecnológica y la vigilancia de Estados Unidos en el ámbito orbital, asegurando la operatividad de satélites de comunicaciones, navegación, alerta temprana y reconocimiento estratégico.

El Vulcan Centaur, que debutó en enero de 2024 tras años de retrasos y exhaustivas pruebas, es un lanzador de nueva generación que emplea motores BE-4 desarrollados por Blue Origin, la compañía de Jeff Bezos. Estos motores funcionan con metano líquido y oxígeno líquido, una elección que marca un cambio respecto a los tradicionales propelentes basados en queroseno, buscando mayor eficiencia y menor impacto ambiental. El cohete puede configurarse con dos o seis propulsores sólidos de refuerzo, lo que le otorga una gran versatilidad para misiones de distinta complejidad y peso.

La importancia de este lanzamiento radica no solo en la carga militar que transporta, sino en su papel en la transición hacia una flota de lanzadores que pueda competir con las propuestas de SpaceX y otros actores privados. SpaceX, con sus cohetes Falcon 9 y Falcon Heavy, ha revolucionado el sector en la última década mediante la reutilización de etapas y una reducción drástica de costes, participando activamente en lanzamientos de seguridad nacional y misiones de la NASA, como el envío de astronautas a la Estación Espacial Internacional o el despliegue de la constelación Starlink.

Por su parte, Blue Origin, además de proveer los motores BE-4, avanza en el desarrollo de su propio lanzador pesado, el New Glenn, que promete ampliar la competencia en el sector de lanzamientos comerciales y gubernamentales. La colaboración entre ULA y Blue Origin ejemplifica el nuevo modelo de cooperación-competencia en el ámbito espacial estadounidense, donde la innovación tecnológica se convierte en un factor decisivo.

Mientras tanto, en Europa, la española PLD Space continúa cosechando éxitos tras el histórico vuelo de su Miura 1, primer cohete suborbital privado lanzado desde suelo europeo. La compañía, con sede en Elche, ya prepara su siguiente reto con el desarrollo del Miura 5, que aspira a poner en órbita pequeños satélites y consolidar la presencia española en el competitivo mercado de lanzadores ligeros. Otros actores internacionales, como Virgin Galactic en el ámbito del turismo suborbital, y las agencias espaciales de China, India y la ESA, siguen contribuyendo decisivamente a la diversificación del acceso al espacio.

En el terreno científico, el estudio de exoplanetas y la búsqueda de vida fuera del Sistema Solar también viven una etapa dorada. La NASA, la ESA y la agencia espacial canadiense (CSA) mantienen en activo el telescopio espacial James Webb, cuyas observaciones han permitido detectar atmósferas exoplanetarias y analizar la composición química de mundos lejanos, abriendo la puerta a futuros descubrimientos revolucionarios.

El lanzamiento del USSF-87 con el Vulcan Centaur consolidará aún más el papel de ULA como proveedor estratégico de servicios de lanzamiento para el gobierno de Estados Unidos, al tiempo que refuerza la tendencia global hacia la diversificación, innovación y competencia en el acceso al espacio. En un contexto marcado por la colaboración público-privada y la constante búsqueda de autonomía tecnológica, cada misión es un paso más hacia un futuro en el que el espacio será cada vez más accesible y esencial para la seguridad, la economía y la ciencia.

(Fuente: Spaceflight Now)