El despegue fallido del Spectrum de Isar Aerospace marca un punto de inflexión en la carrera espacial europea

En 2025, Europa presenció uno de los acontecimientos más esperados para su emergente sector espacial privado: el primer intento serio de lanzar un cohete orbital desarrollado íntegramente por una empresa europea. La compañía alemana Isar Aerospace, fundada en 2018 y con sede en Múnich, fue la encargada de protagonizar este histórico hito con el vuelo inaugural de su lanzador Spectrum. Sin embargo, la misión no salió como se esperaba y, tras menos de un minuto de vuelo, el cohete explotó en una bola de fuego, precipitándose finalmente en las frías aguas del Mar de Noruega, apenas a unos metros de la plataforma de lanzamiento.
El Spectrum representa el ambicioso salto de Europa hacia un mercado de lanzadores comerciales dominado hasta ahora por empresas estadounidenses como SpaceX y Blue Origin. Este cohete, diseñado para poner en órbita cargas de hasta 1.000 kilogramos en órbita baja terrestre, simboliza el esfuerzo de la industria europea por alcanzar la autonomía en el acceso al espacio y reducir la dependencia de cohetes estadounidenses, rusos o chinos.
La misión, que despegó desde el Centro Espacial de Andøya, en Noruega, se planteaba como una demostración tecnológica de las capacidades de Isar Aerospace. El Spectrum está equipado con motores Aquila, desarrollados íntegramente por la propia empresa y alimentados por queroseno y oxígeno líquido, en línea con las tendencias internacionales de eficiencia y sostenibilidad. El vehículo cuenta con dos etapas y sistemas avanzados de control de vuelo, aunque en esta ocasión, los motores se apagaron automáticamente antes de lo previsto, desencadenando la pérdida de control y el posterior accidente.
Este revés recuerda a los comienzos de SpaceX, que también sufrió múltiples fracasos antes de consolidar el Falcon 1 como el primer cohete privado capaz de alcanzar la órbita en 2008. De hecho, la trayectoria de la empresa de Elon Musk ha servido de inspiración a numerosas startups europeas como PLD Space, Rocket Factory Augsburg y la propia Isar Aerospace. En el caso de PLD Space, la empresa española logró en 2023 el primer lanzamiento suborbital exitoso de su cohete Miura 1, abriendo la puerta al desarrollo de su futuro lanzador orbital Miura 5, cuya primera misión se espera también para mediados de esta década.
El panorama en Europa está experimentando una transformación sin precedentes. A la sombra de los gigantes estadounidenses, compañías como Blue Origin continúan desarrollando su New Glenn, mientras que Virgin Galactic avanza en el turismo espacial suborbital. En paralelo, la NASA sigue liderando la exploración interplanetaria, con misiones como Artemis para el retorno a la Luna y nuevos telescopios espaciales dedicados a la búsqueda de exoplanetas. Sin embargo, el viejo continente se resiste a quedarse atrás.
La Agencia Espacial Europea (ESA) ha intensificado su colaboración con empresas privadas y startups, buscando acelerar la transición hacia un modelo comercial similar al estadounidense. La reciente crisis del acceso europeo al espacio, agravada por la retirada del Ariane 5 y los retrasos en el Ariane 6, ha puesto de manifiesto la necesidad de contar con lanzadores flexibles, competitivos y de desarrollo ágil. En este contexto, la explosión del Spectrum, aunque decepcionante, representa también un paso necesario en el proceso de maduración tecnológica.
La historia espacial está plagada de fracasos que preceden a grandes éxitos. El propio Elon Musk ha defendido en numerosas ocasiones la importancia de aprender de los errores y de no temer al fallo en fases tempranas de desarrollo. La comunidad espacial europea, consciente de esta realidad, ha mostrado su apoyo a Isar Aerospace, que ya ha anunciado su compromiso para investigar las causas del accidente y preparar nuevas misiones en el futuro próximo.
Mientras tanto, otras empresas del continente avanzan en sus propios proyectos. PLD Space prevé realizar los primeros vuelos orbitales del Miura 5 desde la Guayana Francesa, mientras que Rocket Factory Augsburg y HyImpulse Technologies trabajan en nuevos conceptos de lanzadores reutilizables y motores innovadores, como los alimentados por propelentes ecológicos.
Más allá de los lanzadores, la exploración de exoplanetas continúa siendo una prioridad para Europa y el resto del mundo. El telescopio espacial James Webb, junto con las misiones europeas CHEOPS y Plato, sigue desvelando nuevos mundos más allá de nuestro sistema solar, alimentando el interés público y científico por la búsqueda de vida fuera de la Tierra.
En definitiva, el fracaso del Spectrum en 2025 no debe interpretarse como una derrota, sino como una fase de aprendizaje imprescindible en la consolidación de la industria espacial privada europea. El sector está más vivo que nunca, con una competencia creciente y un horizonte de oportunidades que promete situar a Europa en la vanguardia de la exploración y el acceso comercial al espacio.
(Fuente: European Spaceflight)
