El Foro Económico Mundial y Arabia Saudí impulsan un centro global para abordar los residuos espaciales

El crecimiento acelerado de la economía espacial global ha traído consigo retos sin precedentes, siendo la proliferación de residuos orbitales uno de los más apremiantes. En este contexto, el nuevo Space Futures Centre, una iniciativa independiente respaldada por el Foro Económico Mundial y la Agencia Espacial Saudí, ha dado un paso adelante con la publicación de su primer informe sobre la gestión de la basura espacial. Este centro aspira a convertirse en un referente mundial para el desarrollo sostenible de la actividad espacial, reuniendo a líderes de la industria, instituciones públicas y expertos de todo el globo.
El informe, titulado “Space Debris Insights”, desglosa con detalle el alcance actual del problema de los residuos en órbita terrestre y propone líneas de actuación tanto tecnológicas como regulatorias. En la actualidad, según los datos recogidos, se estima que más de 34.000 objetos de más de 10 centímetros orbitan el planeta, a los que se suman millones de fragmentos más pequeños, todos ellos potencialmente peligrosos para satélites, astronautas y misiones futuras.
La proliferación de basura espacial es consecuencia directa de la explosión del sector a lo largo de la última década, impulsada principalmente por empresas como SpaceX, que con su constelación Starlink ha multiplicado el número de satélites en órbita baja. No obstante, la compañía liderada por Elon Musk ha implementado sistemas de mitigación y maniobras de evasión automatizadas, además de diseñar sus satélites para que reentren en la atmósfera al final de su vida útil, reduciendo así el riesgo de colisiones y la generación de nuevos fragmentos.
En paralelo, otras firmas privadas como Blue Origin y Virgin Galactic, aunque centradas en el turismo suborbital, también han mostrado interés en la gestión responsable del entorno espacial. Blue Origin, de Jeff Bezos, está desarrollando tecnologías orientadas a la reutilización completa de vehículos y a la minimización de desechos, mientras que Virgin Galactic, pionera en vuelos comerciales, aboga por acuerdos internacionales que promuevan buenas prácticas entre todos los operadores.
No solo el sector privado está tomando medidas. La NASA, con sus misiones científicas y de exploración, colabora activamente en proyectos internacionales como el Comité de Coordinación Interagencias sobre Basura Espacial (IADC, por sus siglas en inglés), y ha financiado iniciativas como la misión ClearSpace-1, cuyo objetivo será capturar y retirar un objeto inactivo de la órbita terrestre en 2026. La Agencia Espacial Europea (ESA) también lidera el desarrollo de sistemas capaces de desorbitar satélites antiguos y residuos, en colaboración con empresas emergentes que buscan soluciones innovadoras.
España, por su parte, ha dado pasos firmes con el auge de PLD Space, la compañía ilicitana que recientemente ha completado el primer vuelo suborbital privado europeo con el cohete Miura 1. PLD Space incorpora protocolos de desorbitado controlado y utiliza materiales que minimizan los restos generados tras la reentrada. El éxito de Miura 1 ha reforzado el papel de España en el sector y ha abierto la puerta a futuras colaboraciones internacionales en materia de sostenibilidad orbital.
La dimensión internacional del problema exige un marco normativo robusto y coordinado. El informe del Space Futures Centre insta a la creación de una “hoja de ruta global” que armonice las regulaciones nacionales, fomente la transparencia en las maniobras orbitales y promueva la compartición de datos en tiempo real sobre posiciones de satélites y residuos. Asimismo, aboga por incentivos económicos que premien a los operadores que adopten tecnologías limpias y sancionen a quienes incumplan las directrices.
En el ámbito científico, la exploración de exoplanetas y misiones de observación como el telescopio James Webb o el futuro Roman Space Telescope corren el riesgo de verse perjudicados por la contaminación orbital, que puede interferir en las observaciones y comprometer la seguridad de los instrumentos. La comunidad internacional, incluyendo a agencias como la japonesa JAXA y la india ISRO, reclama un esfuerzo conjunto para garantizar un acceso seguro y sostenible al espacio profundo.
El informe concluye que la cooperación público-privada, la apuesta por la innovación tecnológica y el compromiso político son esenciales para preservar el espacio como un recurso común para la humanidad. El Space Futures Centre se compromete a seguir impulsando el diálogo, la investigación y la acción coordinada, con el objetivo de convertir el crecimiento de la economía espacial en un motor de progreso y sostenibilidad para las próximas generaciones.
Sin duda, la gestión de los residuos espaciales será uno de los grandes desafíos del siglo XXI, y la respuesta conjunta de gobiernos, empresas y organismos internacionales marcará el futuro de la exploración y la utilización del espacio exterior.
(Fuente: SpaceNews)
