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El Pentágono reevalúa la arquitectura de su constelación LEO: incertidumbre para la industria espacial

El Pentágono reevalúa la arquitectura de su constelación LEO: incertidumbre para la industria espacial

El Departamento de Defensa de Estados Unidos ha decidido pausar temporalmente el desarrollo de partes clave de su ambiciosa constelación de satélites en órbita baja terrestre (LEO, por sus siglas en inglés), conocida como la Proliferated Warfighter Space Architecture (PWSA). Esta decisión, motivada por la necesidad de revisar y optimizar los procesos de adquisición, podría tener profundas consecuencias tanto para los grandes contratistas aeroespaciales como para las compañías emergentes que buscan consolidarse en el competitivo sector de la defensa espacial.

La PWSA, gestionada por la Agencia de Desarrollo Espacial (SDA), constituye uno de los proyectos más relevantes del Pentágono para dotar a las fuerzas armadas estadounidenses de capacidades avanzadas de comunicación, observación y defensa en el espacio. La arquitectura de esta megaconstelación se basa en una estructura por capas, entre las que destacan la “capa de transporte” (Transport Layer), encargada de facilitar la transmisión rápida y segura de datos entre satélites y estaciones terrestres, y la “capa de custodia” (Custody Layer), dedicada a la observación persistente de la superficie terrestre.

Según fuentes oficiales, la revisión afecta especialmente a estas dos capas, cuya adjudicación y despliegue estaban previstos para los próximos dos años. Los responsables del Pentágono han justificado la pausa como una “medida prudente” para garantizar que la inversión pública se destina a soluciones tecnológicamente maduras y que la arquitectura final responde a las necesidades tácticas reales de las fuerzas armadas.

Un entramado tecnológico en revisión

La Transport Layer es el pilar fundamental de la PWSA, ya que facilitará el enlace de alta velocidad entre plataformas militares y de inteligencia, permitiendo una respuesta prácticamente en tiempo real ante amenazas emergentes. Esta capa se apoya en satélites interconectados mediante enlaces ópticos láser, una tecnología que ha avanzado rápidamente en los últimos años, impulsada por la colaboración público-privada y la experiencia de empresas como SpaceX, que ya utiliza enlaces similares en su constelación Starlink.

Sin embargo, la revisión del Pentágono implica analizar la madurez de estos desarrollos y su integración con otros sistemas, como las plataformas de defensa antimisiles y los sensores de alerta temprana. La complejidad técnica y la necesidad de interoperabilidad internacional —especialmente con socios de la OTAN— han motivado una cautelosa reevaluación de los contratos y los cronogramas de despliegue.

Por su parte, la Custody Layer tiene como objetivo proporcionar vigilancia continua de grandes áreas del planeta, combinando sensores ópticos y de infrarrojo para detectar movimientos de tropas, lanzamientos de misiles y otras actividades de interés estratégico. Esta capacidad resulta esencial en el contexto de la actual competencia geopolítica, donde el dominio del entorno espacial puede marcar la diferencia en escenarios de conflicto o disuasión.

Impacto en la industria y oportunidades para nuevos actores

La decisión de paralizar temporalmente la adjudicación de nuevos contratos ha generado inquietud entre los principales proveedores del sector, como Lockheed Martin, Northrop Grumman y Raytheon, que lideran muchos de los desarrollos para la SDA. Sin embargo, también abre una ventana de oportunidad para empresas más pequeñas y startups, que han demostrado una notable agilidad en la integración de tecnologías disruptivas y soluciones de coste reducido.

En este sentido, compañías como PLD Space, la firma española que recientemente realizó el primer lanzamiento exitoso de su cohete Miura 1, observan con atención estos movimientos. Aunque la PWSA es un programa estadounidense, la tendencia a diversificar proveedores y buscar tecnologías innovadoras podría favorecer la colaboración transatlántica en futuras fases del proyecto.

Asimismo, la revisión del Pentágono coincide con un contexto internacional en el que el acceso a la órbita baja se ha democratizado gracias a la reducción de costes de lanzamiento, impulsada principalmente por SpaceX y su familia de cohetes Falcon y Starship. El auge de nuevas empresas —como Blue Origin, que está ultimando su propio sistema de lanzamiento reutilizable, o Virgin Galactic, centrada en el turismo espacial— ha transformado el ecosistema espacial, obligando a los organismos públicos a replantear sus estrategias de adquisición.

El futuro de la defensa espacial

La pausa en la expansión de la PWSA no supone, según los responsables del Pentágono, un retroceso en sus ambiciones espaciales, sino una oportunidad para reforzar la robustez y resiliencia del sistema ante amenazas como los ataques cibernéticos o las armas antisatélite. El Departamento de Defensa ha subrayado que el objetivo final sigue siendo dotar a Estados Unidos y sus aliados de una infraestructura espacial flexible, escalable y capaz de adaptarse a los desafíos del siglo XXI.

A medida que avanzan las revisiones, la industria espacial global permanece atenta a las decisiones estratégicas que puedan redefinir el equilibrio de poderes en la órbita baja terrestre. El resultado de este proceso marcará no solo el rumbo de la defensa estadounidense, sino también el futuro de la colaboración internacional y la innovación tecnológica en la última frontera.

(Fuente: SpaceNews)