El renacer de la «Guerra de las Galaxias»: ¿Realidad o espejismo para la defensa espacial?

La defensa antimisiles vuelve a tomar protagonismo en el espacio, esta vez impulsada por una directriz ejecutiva del expresidente Donald Trump que propone la creación de un escudo bautizado como «Golden Dome». Este ambicioso sistema no solo reforzaría las capacidades terrestres ya existentes, sino que apostaría de nuevo por interceptores desplegados en el espacio, orientados a neutralizar misiles balísticos en la fase inicial de su trayectoria, conocida como “boost-phase”. Esta propuesta evoca inevitablemente los ecos del programa original de Defensa Estratégica, popularmente conocido como la “Guerra de las Galaxias”, lanzado por Ronald Reagan en los años 80.
El “Golden Dome”, tal como ha sido planteado, buscaría dotar a Estados Unidos de una protección sin precedentes frente a amenazas balísticas, recurriendo a tecnologías avanzadas y sistemas de interceptación distribuidos tanto en la superficie como en órbita. El corazón de la propuesta reside en desarrollar interceptores espaciales capaces de atacar misiles enemigos apenas despeguen, antes de que puedan liberar contramedidas o fragmentarse en múltiples cabezas. Según expertos militares, este enfoque representa el “santo grial” de la defensa antimisiles, ya que la interceptación temprana es la más eficaz para neutralizar amenazas nucleares.
Sin embargo, la historia nos recuerda que la defensa espacial contra misiles no es una idea nueva, y que los retos técnicos y económicos han sido, hasta ahora, insalvables. En la década de los 80, la Iniciativa de Defensa Estratégica (SDI, por sus siglas en inglés) promovió el desarrollo de interceptores espaciales denominados “Brilliant Pebbles”. Aquellos satélites autónomos debían detectar y destruir misiles intercontinentales en pleno ascenso. El programa fue finalmente cancelado en la década de 1990 debido a su complejidad técnica, costes desorbitados y dudas sobre su viabilidad operativa frente a tácticas de saturación o contramedidas electrónicas.
Hoy, con la carrera espacial revitalizada por actores públicos y privados, la viabilidad de interceptores espaciales sigue siendo cuestionada. SpaceX, Blue Origin y Virgin Galactic han revolucionado el acceso al espacio con lanzadores reutilizables y tecnologías de vanguardia, abaratando costes de puesta en órbita. No obstante, desplegar y mantener constelaciones de interceptores, dotados de sensores avanzados, propulsión autónoma y sistemas de guiado precisos, supondría un esfuerzo logístico y financiero colosal.
Por su parte, la NASA y la Agencia Espacial Europea (ESA) han centrado sus esfuerzos en la exploración científica y la observación de la Tierra, relegando los programas militares a un segundo plano. Sin embargo, el auge de la militarización del espacio preocupa a la comunidad internacional. Rusia y China han desarrollado capacidades antisatélite y misiles hipersónicos que podrían evadir o saturar la defensa propuesta, mientras que la proliferación de tecnologías duales complica el control y la verificación de tratados internacionales.
En España, la empresa PLD Space ha logrado avances significativos en el desarrollo de lanzadores suborbitales y orbitales, como el cohete MIURA 1, aunque su enfoque se mantiene estrictamente civil y comercial. La posibilidad de que empresas europeas se sumen al sector de defensa espacial dependerá de decisiones políticas y del contexto geoestratégico global.
Otro aspecto crucial es el impacto en la sostenibilidad del entorno espacial. La proliferación de satélites interceptores podría agravar el problema de los desechos espaciales, aumentando el riesgo de colisiones y comprometiendo la seguridad de la órbita baja terrestre. Además, la falta de un marco legal internacional robusto plantea interrogantes sobre la gobernanza y la responsabilidad de estos sistemas.
Mientras tanto, la exploración de exoplanetas y la búsqueda de vida fuera del Sistema Solar continúan captando la atención de la comunidad científica y del público en general. Los avances en telescopios espaciales, como el James Webb de la NASA y futuras misiones de la ESA, contrastan con el resurgimiento de estrategias defensivas inspiradas en la Guerra Fría.
En definitiva, la propuesta del “Golden Dome” revive el sueño —o pesadilla— de una defensa global desde el espacio. Si bien los avances tecnológicos de las últimas décadas abren nuevas posibilidades, los obstáculos históricos, los riesgos de escalada militar y las limitaciones económicas siguen estando presentes. La comunidad internacional y la industria espacial deberán decidir si este nuevo capítulo de la “Guerra de las Galaxias” es una oportunidad realista o simplemente otra promesa imposible de cumplir.
(Fuente: SpaceNews)
