El satélite mexicano Gxiba-1 inicia su misión en órbita desde la Estación Espacial Internacional

El 3 de febrero de 2026, el panorama espacial internacional sumó un nuevo protagonista: el CubeSat mexicano Gxiba-1, que fue desplegado desde el módulo japonés Kibo de la Estación Espacial Internacional (ISS). Este pequeño satélite, fruto del esfuerzo de un equipo de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP), representa un hito en la incipiente pero ambiciosa carrera espacial mexicana, así como un ejemplo de colaboración global en la exploración del espacio.
El despliegue de Gxiba-1 se realizó mediante el brazo robótico del módulo Kibo, mientras la ISS sobrevolaba la Tierra. Esta maniobra, habitual en la plataforma orbital, pone de relieve la versatilidad del laboratorio japonés, diseñado tanto para experimentación científica como para servir de lanzadera de pequeños satélites. El Kibo ha sido fundamental en el auge de los CubeSats, dispositivos compactos y relativamente económicos que han democratizado el acceso al espacio para universidades y startups de todo el mundo.
El CubeSat Gxiba-1 es un satélite de clase 1U (10x10x10 cm), y ha sido íntegramente desarrollado en México. Su misión principal es recolectar datos sobre el entorno espacial en la órbita baja terrestre, estudiando tanto el comportamiento de los materiales como la comunicación entre la nave y los equipos en tierra. Este tipo de información resulta crucial para futuros proyectos espaciales, ya que ayuda a validar tecnologías y a formar a la próxima generación de ingenieros y científicos mexicanos.
En el contexto internacional, la puesta en órbita de Gxiba-1 se suma a una tendencia creciente liderada por agencias como la NASA, la Agencia Espacial Europea (ESA) y empresas privadas como SpaceX, Blue Origin y Virgin Galactic. En los últimos años, SpaceX ha revolucionado el sector con sus lanzamientos reutilizables y su programa de transporte de cargas a la ISS, mientras que Blue Origin y Virgin Galactic han apostado por el turismo suborbital y el desarrollo de nuevas tecnologías de propulsión. Al mismo tiempo, empresas europeas como la española PLD Space han avanzado en el desarrollo de cohetes reutilizables, como el Miura 1, reforzando la posición de Europa en el sector espacial comercial.
La implicación de Japón en este despliegue no es casualidad. El módulo Kibo, operativo en la ISS desde 2008, se ha convertido en un epicentro de la cooperación internacional, permitiendo a países sin acceso directo a lanzadores espaciales experimentar y validar sus tecnologías. Gracias a esta infraestructura, naciones como México pueden participar activamente en la carrera espacial, enviando experimentos y satélites de pequeño tamaño al espacio.
En cuanto a la exploración de exoplanetas y el futuro de la investigación espacial, el lanzamiento de CubeSats como Gxiba-1 también abre la puerta a misiones más ambiciosas. Estos pequeños satélites se están utilizando cada vez más en misiones de búsqueda de exoplanetas y observación astronómica, complementando los datos de grandes telescopios como el James Webb, operado por la NASA y la ESA, y misiones privadas en desarrollo. De hecho, la NASA ha utilizado CubeSats en programas como el MarCO, que acompañó a la misión InSight a Marte, demostrando que estas plataformas pueden tener un papel relevante más allá de la órbita terrestre.
El caso de Gxiba-1 es especialmente relevante para América Latina, una región que históricamente ha estado relegada en el ámbito aeroespacial. Sin embargo, iniciativas como la de la UPAEP muestran que el acceso al espacio se está abriendo a nuevas voces y talentos, lo que podría tener un impacto positivo en la economía y la formación científica regional. No obstante, México aún enfrenta retos significativos en materia de financiación, infraestructura y políticas públicas para consolidar un programa espacial nacional robusto.
Mientras tanto, la cooperación internacional sigue siendo clave. Tanto la NASA como la ESA fomentan acuerdos con países emergentes en el sector, y empresas como SpaceX ofrecen servicios de lanzamiento compartido que reducen los costes de acceso al espacio. Por su parte, la española PLD Space ha anunciado recientemente proyectos de colaboración con universidades y centros de investigación de toda Europa, y Blue Origin planea expandir sus servicios a clientes institucionales y privados a nivel mundial.
Con el despliegue de Gxiba-1, México da un paso firme hacia su integración en la comunidad espacial internacional, sumándose a una nueva generación de actores que apuestan por la innovación y la cooperación. El futuro del espacio, cada vez más global y accesible, promete descubrimientos y oportunidades sin precedentes para la ciencia y la tecnología. (Fuente: SpaceDaily)
