Éxito surcoreano: el cohete Nuri consolida a Corea del Sur en la élite espacial

Corea del Sur ha dado un paso de gigante en su ambicioso programa espacial al completar con éxito la cuarta misión de su lanzador de desarrollo nacional, el Nuri, también conocido como KSLV-II. En la madrugada del 28 de noviembre de 2025, el cohete de 200 toneladas despegó majestuosamente desde la base de lanzamiento de Goheung, en la costa sur del país. La misión, que estuvo a punto de verse retrasada por una anomalía detectada en un sensor de presión, acabó cumpliendo todos sus objetivos: la inserción en órbita de un satélite principal y varios pequeños satélites secundarios, consolidando así a Corea del Sur en el reducido club de países capaces de poner carga útil en órbita con tecnología propia.
El Nuri, un proyecto emblemático de la agencia espacial surcoreana KARI (Korea Aerospace Research Institute), representa una inversión tecnológica y estratégica de enorme calado. El cohete, de tres etapas y propulsado íntegramente por motores de fabricación nacional —cuatro motores KRE-075 de queroseno y oxígeno líquido en la primera etapa— es la culminación de más de una década de desarrollo. Tras los éxitos de 2022 y 2023, la cuarta misión refuerza la capacidad de Corea del Sur para acceder de forma independiente al espacio, un factor clave no solo para la observación terrestre y las telecomunicaciones, sino también para la defensa nacional y la exploración científica.
La misión de noviembre llevó a órbita un satélite principal de observación terrestre, diseñado para mejorar el monitoreo de recursos naturales y la gestión de desastres. Además, la cofia del Nuri albergaba varios cubesats desarrollados por universidades e institutos de investigación surcoreanos, que tendrán funciones de observación tecnológica y científica, fomentando el ecosistema nacional de innovación espacial.
Este avance sitúa a Corea del Sur en una posición privilegiada en la carrera espacial asiática, junto a potencias como Japón, China e India. No es casualidad que la fecha de este lanzamiento coincida con renovados anuncios de la NASA y la ESA sobre misiones lunares y la exploración de exoplanetas, ni con la creciente actividad de empresas privadas estadounidenses como SpaceX y Blue Origin. Mientras SpaceX sigue batiendo récords con lanzamientos frecuentes del Falcon 9 y prueba los límites del desarrollo con su colosal Starship, y Blue Origin prepara el debut de su New Glenn para competir en el mercado de lanzamientos comerciales, el éxito surcoreano demuestra que el acceso al espacio ya no es coto exclusivo de las grandes potencias tradicionales.
En el ámbito europeo, la noticia ha sido recibida con especial interés, dado que la española PLD Space también ha logrado hitos recientes con el lanzamiento de su cohete Miura 1 y se prepara para el debut del Miura 5, en un contexto global donde la soberanía tecnológica en el sector espacial se convierte en un activo estratégico. Por su parte, Virgin Galactic, tras años de desarrollos y vuelos suborbitales turísticos, continúa explorando nuevas aplicaciones comerciales para sus vehículos reutilizables, mientras la NASA y la ESA intensifican la búsqueda de exoplanetas con misiones como TESS y CHEOPS, respectivamente.
El éxito del Nuri no solo implica una proeza tecnológica, sino que supone un impulso al desarrollo de una industria espacial nacional surcoreana, con oportunidades de colaboración internacional e impacto económico a largo plazo. El gobierno surcoreano ya ha anunciado nuevos programas para el diseño de satélites geoestacionarios, la exploración lunar y la creación de empresas tecnológicas en torno al espacio, siguiendo la estela de la pujante NewSpace global.
A nivel histórico, el logro surcoreano se puede comparar con los primeros lanzamientos exitosos de los lanzadores Ariane en Europa o del PSLV en la India, hitos que marcaron el inicio de una era de independencia y crecimiento tecnológico en sus respectivas regiones. Corea del Sur, que ya sorprendió al mundo en los años 80 y 90 con su rápido desarrollo económico, se erige ahora como un actor relevante en la nueva economía espacial del siglo XXI.
El camino, sin embargo, no está exento de desafíos. La competencia internacional en el sector de lanzadores es feroz, y la sostenibilidad de los programas nacionales dependerá en buena medida de la capacidad para abaratar costes, mejorar la fiabilidad y acceder a mercados globales. La cooperación internacional y la participación en misiones científicas conjuntas, como las relativas al estudio de exoplanetas o la exploración lunar, serán claves para el futuro.
En definitiva, la misión Nuri-4 representa mucho más que un simple lanzamiento: es un símbolo del auge tecnológico de Corea del Sur, un ejemplo de perseverancia y una muestra de que la nueva era espacial será, sin duda, multipolar y colaborativa. El mundo sigue atento a los próximos pasos de Seúl, que ya mira hacia misiones lunares y, más allá, hacia una presencia permanente en el espacio.
(Fuente: SpaceDaily)
