Fracaso en el lanzamiento del PSLV: India pierde 16 satélites en un golpe a su programa espacial

El pasado domingo, la India sufrió un serio revés en su ambicioso programa espacial cuando el cohete Polar Satellite Launch Vehicle (PSLV), uno de los vehículos lanzadores estrella de la Agencia India de Investigación Espacial (ISRO), falló durante la fase de ascenso, provocando la pérdida tanto de un satélite principal de observación terrestre como de otros 15 satélites secundarios que viajaban como carga compartida.
El PSLV, que desde su debut en 1993 ha sido uno de los pilares del éxito espacial indio, realizaba su misión número 59. El objetivo principal era colocar en órbita el satélite Cartosat-3B, dedicado a la observación de la superficie terrestre, con aplicaciones en cartografía de alta resolución, gestión de recursos naturales y respuesta ante desastres. Además, el vuelo transportaba un conjunto internacional de pequeños satélites, incluyendo CubeSats de instituciones académicas y empresas privadas, en una colaboración global que se ha vuelto habitual en las misiones de la ISRO.
La anomalía se produjo minutos después del despegue, cuando la telemetría mostró desviaciones en los parámetros de vuelo. Según las primeras investigaciones, el fallo podría haberse originado en el encendido de una de las etapas sólidas del PSLV, impidiendo que el vehículo alcanzara la velocidad y altitud necesarias para la inserción orbital. Como resultado, la carga útil quedó atrapada en una órbita inestable y finalmente se perdió en la atmósfera.
Este incidente supone un duro golpe para la reputación del PSLV, conocido por su fiabilidad: hasta la fecha, el lanzador había completado con éxito más de 50 misiones consecutivas, y fue el responsable en 2017 del histórico lanzamiento de 104 satélites en una sola misión, un récord mundial que consolidó la posición de la India como actor principal en el mercado de lanzamientos comerciales.
La pérdida del Cartosat-3B se suma a las dificultades recientes de la ISRO, que en los últimos años ha sufrido algunos tropiezos, como el fracaso parcial de la misión lunar Chandrayaan-2 en 2019. Sin embargo, la agencia ha demostrado una notable capacidad de recuperación y aprendizaje, y ya ha anunciado la creación de una comisión de investigación para esclarecer las causas exactas del fallo y evitar que se repita en futuras misiones.
Mientras tanto, los clientes internacionales afectados por la pérdida de sus satélites deberán replantearse sus planes. La creciente competencia en el sector de lanzamientos, con actores como SpaceX, Rocket Lab o la española PLD Space, ofrece alternativas cada vez más variadas, aunque la demanda de lanzadores fiables y asequibles sigue superando a la oferta.
Precisamente, la fiabilidad y la capacidad de innovación se han convertido en factores clave en la nueva carrera espacial. SpaceX continúa batiendo récords con su cohete Falcon 9, que recientemente alcanzó el centenar de lanzamientos reutilizables y mantiene un calendario frenético, especialmente tras el éxito de sus misiones de Starlink y el transporte de astronautas a la Estación Espacial Internacional para la NASA. Blue Origin, por su parte, avanza en el desarrollo del cohete New Glenn, aunque ha sufrido retrasos, mientras que Virgin Galactic sigue perfeccionando sus vuelos suborbitales turísticos tras superar varios desafíos técnicos.
En Europa, la startup española PLD Space se prepara para lanzar su primer cohete suborbital Miura 1 tras una exitosa campaña de ensayos, posicionándose como un referente en la nueva ola de lanzadores ligeros. La Agencia Espacial Europea (ESA), por otro lado, apuesta por la próxima generación de cohetes Ariane 6 y Vega-C, y colabora activamente en misiones de exploración planetaria y observación de exoplanetas, como la misión Ariel, que estudiará la atmósfera de mundos lejanos en busca de signos de habitabilidad.
En el ámbito científico, el descubrimiento y caracterización de exoplanetas sigue avanzando a buen ritmo, con telescopios como el James Webb de la NASA o el CHEOPS europeo, que están revolucionando la comprensión de la diversidad planetaria más allá de nuestro sistema solar. Estas misiones, junto con los esfuerzos de agencias y empresas privadas, alimentan la esperanza de encontrar señales de vida o al menos condiciones favorables para ella en otros rincones de la galaxia.
El fallo del PSLV es, por tanto, un recordatorio de la complejidad inherente a la exploración espacial, donde incluso las tecnologías más probadas pueden fallar. Sin embargo, también pone de relieve la resiliencia y el espíritu de colaboración internacional que caracterizan a este sector, donde cada fracaso es una oportunidad para mejorar y seguir avanzando hacia nuevos logros.
(Fuente: SpaceNews)
