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Hegseth denuncia la burocracia del Pentágono y exige un cambio en la contratación espacial

Hegseth denuncia la burocracia del Pentágono y exige un cambio en la contratación espacial

En el corazón de Colorado, uno de los polos emergentes de la industria espacial estadounidense, el debate sobre el futuro de la defensa y las estrategias de contratación del gobierno federal ha alcanzado un nuevo nivel. Pete Hegseth, figura mediática y veterano del Ejército, ha alzado la voz en una serie de encuentros con empresas espaciales locales, acusando abiertamente a la burocracia del Pentágono de obstaculizar la innovación y el desarrollo tecnológico en el sector aeroespacial.

Durante su intervención, Hegseth subrayó la diferencia entre los auténticos “constructores” —las empresas y startups que apuestan por la innovación y el desarrollo rápido de nuevas tecnologías— y los grandes contratistas tradicionales de Washington, conocidos en el sector como “Beltway primes”. Según Hegseth, el sistema de contratación actual favorece a estos gigantes empresariales con procesos lentos, costosos y a menudo poco eficaces, en detrimento de actores emergentes que podrían aportar soluciones más ágiles y disruptivas al complejo panorama espacial y de defensa.

Esta crítica llega en un momento clave, cuando la administración estadounidense prepara una profunda revisión de su modelo de adquisiciones, en respuesta a los desafíos crecientes que plantean potencias rivales como China y Rusia. El objetivo: conseguir que el Departamento de Defensa y la Fuerza Espacial puedan incorporar tecnología puntera a un ritmo mucho más rápido, especialmente en áreas críticas como la comunicación satelital, la vigilancia orbital y la defensa frente a amenazas hipersónicas.

La preocupación de Hegseth no es aislada. Empresas como SpaceX y Blue Origin han transformado en la última década el paradigma de acceso al espacio, introduciendo procesos de fabricación más eficientes y reutilización de vehículos lanzadores, lo que ha abaratado los costes e incrementado la frecuencia de misiones. SpaceX, por ejemplo, ha conseguido contratos para lanzar satélites militares y misiones de reabastecimiento a la Estación Espacial Internacional gracias a su capacidad de innovar rápidamente y demostrar fiabilidad. Blue Origin, aunque todavía no ha igualado el ritmo de lanzamientos de su rival, avanza en el desarrollo de su cohete New Glenn y motores BE-4, claves para futuros contratos gubernamentales.

En el ámbito europeo, iniciativas como la de la española PLD Space también están marcando tendencia, apostando por microlanzadores reutilizables como Miura 1 y Miura 5, con el objetivo de competir en el mercado global y ofrecer soluciones ágiles para la puesta en órbita de pequeños satélites. Estos modelos contrastan con los procedimientos más rígidos y tradicionales de contratación, que en ocasiones retrasan el acceso a nuevas tecnologías.

La NASA, por su parte, ha intentado adaptarse a este nuevo panorama con programas como el Commercial Crew Program y el Artemis, en los que la colaboración público-privada y la competencia abierta han permitido reducir costes y acelerar calendarios. Sin embargo, incluso dentro de la agencia estadounidense persiste un debate interno sobre hasta qué punto se debe confiar en fórmulas comerciales o seguir apostando por los grandes contratistas históricos.

Mientras tanto, la exploración de exoplanetas y la búsqueda de nuevas fronteras científicas también se ven condicionadas por estas dinámicas. Proyectos como el telescopio espacial James Webb o la futura misión Europa Clipper demuestran el valor de la colaboración internacional y la incorporación de tecnología puntera, pero también han estado marcados por sobrecostes y retrasos debidos, en parte, a la complejidad burocrática del proceso de contratación y gestión.

El mensaje de Hegseth resuena especialmente en Colorado, donde conviven desde startups de software orientado a la observación de la Tierra hasta gigantes como Lockheed Martin y Raytheon, que han dominado durante décadas el mercado de defensa. Muchas de estas firmas emergentes reclaman una mayor apertura y flexibilidad en los concursos públicos, convencidas de que podrían aportar soluciones más económicas y eficaces, tanto para el sector civil como militar.

En paralelo, empresas como Virgin Galactic han demostrado que la colaboración con la administración puede ser beneficiosa, como se ha visto en sus contratos para investigaciones en microgravedad, pero insisten en la necesidad de simplificar procesos y reducir cargas administrativas para aprovechar plenamente el potencial del sector privado.

En definitiva, la industria espacial se enfrenta a un momento de inflexión, en el que la agilidad, la innovación y la colaboración serán claves para mantener el liderazgo tecnológico y garantizar la seguridad nacional. Si la administración y el Pentágono logran adaptar sus procesos a las nuevas realidades del mercado, Estados Unidos y sus aliados estarán mejor preparados para afrontar los retos del futuro espacial.

(Fuente: SpaceNews)