In-Q-Tel apuesta por Vast: inversión estratégica para el futuro de las estaciones espaciales comerciales

En un movimiento que pone de manifiesto el creciente interés por el sector espacial privado, In-Q-Tel, el fondo de inversión vinculado a la comunidad de inteligencia y seguridad nacional de Estados Unidos, ha decidido apostar por la empresa Vast. Esta compañía, con sede en California, está desarrollando estaciones espaciales comerciales de nueva generación, y la entrada de capital de In-Q-Tel supone un impulso significativo para sus ambiciones en la órbita baja terrestre.
Sin embargo, esta inversión no debe interpretarse automáticamente como un indicio de un interés militar directo en los vuelos espaciales tripulados, a pesar del origen institucional de los fondos. La maniobra responde, más bien, a una estrategia de anticipación tecnológica y a la necesidad de diversificar las capacidades espaciales estadounidenses en un momento de transición histórica para la industria.
Vast, fundada en 2021, se ha posicionado como uno de los actores emergentes en la carrera por ocupar el nicho comercial que dejará la Estación Espacial Internacional (EEI) cuando concluya su vida útil, prevista para el final de esta década. Su proyecto estrella, la estación Haven-1, pretende ofrecer un entorno habitable modular que permita estancias de larga duración para astronautas, investigadores y clientes privados, tanto gubernamentales como comerciales.
La inversión de In-Q-Tel se enmarca en una tendencia global en la que fondos de capital riesgo, instituciones públicas y agencias de seguridad exploran oportunidades en el sector espacial. Aunque tradicionalmente el interés militar se ha centrado en satélites, observación y comunicaciones, la proliferación de estaciones espaciales privadas abre un nuevo campo de posibilidades para la experimentación científica, la producción en microgravedad y el desarrollo de tecnologías duales, con aplicaciones tanto civiles como de defensa.
El contexto internacional añade presión a Estados Unidos para mantener su liderazgo en la órbita baja. Con rivales como China avanzando en la construcción de su propia estación espacial, Tiangong, y Rusia mostrando interés en plataformas independientes, la diversificación de la infraestructura orbital se convierte en un asunto estratégico. La colaboración entre el sector público y privado, ejemplificada por la relación entre la NASA y empresas como SpaceX o Blue Origin, es fundamental para sostener la presencia americana más allá de la EEI.
Precisamente, SpaceX ha sido un catalizador de esta nueva era. Su plataforma de lanzamiento reutilizable y las cápsulas Dragon han demostrado que la logística tripulada y de carga puede privatizarse con éxito. PLD Space, desde España, también ha dado pasos firmes con el lanzamiento de su cohete Miura 1, abriendo la puerta a una mayor participación europea en este mercado.
Blue Origin, por su parte, continúa desarrollando su estación orbital privada, Orbital Reef, en colaboración con Boeing y Sierra Space. Virgin Galactic, aunque más centrada en el turismo suborbital, contribuye a democratizar el acceso al espacio y generar interés en nuevas aplicaciones comerciales.
La NASA, consciente de la inminente retirada de la EEI, ha fomentado la aparición de empresas como Vast mediante el programa Commercial LEO Destinations. Este plan busca estimular el desarrollo de estaciones privadas que puedan prestar servicios tanto a la agencia como a otros clientes, asegurando una transición suave y evitando lagunas en la capacidad de investigación en microgravedad.
La exploración de exoplanetas, otro de los grandes focos de la actualidad espacial, se beneficiará de estas infraestructuras. Nuevos telescopios y experimentos podrán instalarse en plataformas comerciales, multiplicando las oportunidades de descubrimiento y cooperación internacional. Además, la presencia continua en el espacio facilitará pruebas tecnológicas clave para futuras misiones tripuladas a la Luna y Marte, objetivos centrales del programa Artemis de la NASA.
Por último, hay que subrayar que el respaldo de In-Q-Tel a Vast no implica, por el momento, una integración de operaciones militares en la estación. Más bien, refleja la convicción de que el futuro de la seguridad nacional pasa por asegurar una cadena de suministro robusta y una presencia industrial sostenible en el espacio. La inversión es, en definitiva, una apuesta por el potencial disruptivo de la tecnología comercial, así como por la resiliencia y soberanía estadounidenses en el nuevo ecosistema orbital.
Mientras la frontera espacial se privatiza y multiplica, alianzas como la de Vast e In-Q-Tel marcan el camino de una industria en transición, donde la colaboración público-privada será determinante para definir el equilibrio de poder y la agenda científica de las próximas décadas.
(Fuente: SpaceNews)
