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La actividad pasada de Sagitario A* revela un pasado turbulento en el centro galáctico

La actividad pasada de Sagitario A* revela un pasado turbulento en el centro galáctico

Aunque el agujero negro supermasivo de la Vía Láctea, conocido como Sagitario A* (Sgr A*), es actualmente uno de los menos activos y más apagados del universo conocido, nuevas investigaciones han revelado que no siempre fue así. Un equipo científico liderado por Stephen Di del Departamento de Física y Astronomía de la Universidad Estatal de Michigan ha encontrado evidencias claras de que este coloso cósmico desató una poderosa llamarada de rayos X hace apenas unos cientos o, como mucho, mil años, en términos cósmicos un abrir y cerrar de ojos. El rastro de este estallido sigue siendo visible en las nubes de gas que rodean el centro de nuestra galaxia.

Sagitario A*, situado a unos 26.000 años luz de la Tierra en la constelación de Sagitario, posee una masa equivalente a unos cuatro millones de veces la del Sol. Desde su descubrimiento en la década de 1970, los astrónomos han intentado desentrañar tanto su historia como su influencia en la evolución de la Vía Láctea. Las observaciones actuales muestran que Sgr A* es inusualmente tranquilo para tratarse de un agujero negro supermasivo, con una emisión de energía extremadamente baja en comparación con sus homólogos situados en el centro de otras galaxias.

No obstante, los datos recientes obtenidos a través de telescopios espaciales de rayos X, como el Chandra de la NASA y el XMM-Newton de la Agencia Espacial Europea (ESA), han arrojado nueva luz sobre el pasado de Sagitario A*. El equipo de Michigan State ha analizado las huellas químicas y energéticas que las ráfagas de rayos X dejaron impresas en las gigantescas nubes de gas que orbitan el centro galáctico. Estos «ecos de luz», también conocidos como «reflejos de rayos X», permiten reconstruir episodios luminosos que se produjeron hace siglos, en una suerte de arqueología cósmica.

La investigación demuestra que, en algún momento de los últimos 1.000 años, Sagitario A* experimentó una fase de actividad explosiva, liberando una llamarada de rayos X miles de veces más potente que cualquier emisión observada en la actualidad. El fenómeno habría sido tan intenso que las densas nubes de gas molecular que envuelven el núcleo galáctico aún muestran la huella de esa radiación extrema, como si de un negativo fotográfico se tratara. Aunque las llamaradas actuales de Sagitario A* son relativamente modestas y esporádicas, este episodio indica que el agujero negro ha tenido periodos de voracidad mucho mayor en tiempos recientes.

La importancia de este hallazgo radica en que ayuda a los astrónomos a comprender mejor la relación entre los agujeros negros supermasivos y su entorno galáctico. Se sabe que estos gigantes desempeñan un papel fundamental en la regulación del crecimiento de las galaxias, ya que sus estallidos energéticos pueden desencadenar o inhibir la formación de estrellas en sus proximidades. El estudio de Sgr A* puede proporcionar pistas sobre procesos similares en otras galaxias, y sobre cómo pudo influir en la configuración actual de la Vía Láctea.

El interés en los agujeros negros supermasivos no se limita al ámbito académico. Empresas privadas como SpaceX y Blue Origin, aunque centradas principalmente en la exploración y explotación comercial del espacio cercano a la Tierra, se benefician de los avances científicos en astrofísica, pues estos conocimientos resultan clave para el desarrollo de nuevas tecnologías de navegación, comunicación y observación del cosmos profundo. Por su parte, la NASA y la ESA colaboran en misiones de observación que permiten analizar fenómenos extremos como los que ocurren cerca de Sgr A*.

Además, la creciente capacidad de detectar planetas fuera del Sistema Solar, los llamados exoplanetas, se apoya en herramientas y técnicas desarrolladas para el estudio de objetos como Sagitario A*. Instrumentos de alta sensibilidad, como los utilizados por el telescopio espacial James Webb, permiten captar señales débiles y reconstruir la historia energética de regiones remotas del universo, contribuyendo a una visión cada vez más completa del lugar que ocupamos en la galaxia.

En el panorama español, empresas como PLD Space, que recientemente ha lanzado con éxito el cohete Miura 1 desde Huelva, demuestran que la industria espacial privada está en auge y puede jugar un papel importante en la observación astronómica futura. Asimismo, la colaboración internacional sigue siendo esencial para descifrar los misterios del centro galáctico, una región que sigue fascinando a la comunidad científica y al público en general.

Este descubrimiento sobre el pasado turbulento de Sagitario A* no solo enriquece nuestro conocimiento sobre el corazón de la Vía Láctea, sino que subraya la importancia de mantener una vigilancia constante sobre los fenómenos más extremos del cosmos. El estudio de los agujeros negros supermasivos sigue siendo una de las fronteras más apasionantes de la astrofísica y promete nuevas sorpresas en los próximos años.

(Fuente: SpaceDaily)