La industria aeroespacial recupera tecnología clave tras la compra de activos de Vector Launch

El sector espacial privado está viviendo una fase de consolidación y recuperación tecnológica que podría marcar un antes y un después en el desarrollo de cohetes pequeños. Esta semana, se ha cerrado una operación significativa: la adquisición de los activos de Vector Launch, una empresa que, pese a su corta trayectoria, dejó una huella considerable en la carrera por el acceso asequible al espacio. Lo más relevante de este movimiento es que uno de los fundadores originales de Vector ha recuperado los derechos sobre las tecnologías y patentes que él mismo ayudó a crear.
Vector Launch surgió en 2016 con la misión de ofrecer lanzamientos frecuentes y económicos mediante cohetes de pequeña carga útil, un segmento que ha visto un auge en la última década gracias al creciente interés por los satélites de órbita baja. Desde su inicio, la compañía atrajo la atención por su enfoque innovador y su promesa de revolucionar el coste de acceso al espacio. Sin embargo, a pesar de recaudar decenas de millones de dólares y llevar a cabo varios lanzamientos de prueba, Vector se declaró en bancarrota en 2019, incapaz de superar los enormes desafíos financieros y técnicos del sector.
La subasta de sus activos, celebrada tras su bancarrota, atrajo a varios actores del sector, interesados principalmente en la propiedad intelectual acumulada por la empresa: diseños de motores, plataformas de lanzamiento móviles y sistemas de control de vuelo desarrollados para el Vector-R y Vector-H, sus vehículos insignia. El hecho de que uno de los arquitectos originales del proyecto haya logrado recuperar estos activos es visto como un retorno a los orígenes de la visión de Vector, lo que abre la puerta a una posible reactivación o, al menos, a la integración de estos desarrollos en nuevas iniciativas.
En el contexto actual, donde empresas como SpaceX y Blue Origin lideran los lanzamientos comerciales con vehículos de gran capacidad, el mercado de pequeños lanzadores sigue siendo un terreno fértil para la innovación. SpaceX, por ejemplo, ha dominado el segmento con su programa de viajes compartidos (rideshare), pero aún existe demanda para lanzamientos dedicados y flexibles que puedan adaptarse a las necesidades de constelaciones de satélites más pequeñas o misiones específicas. Empresas emergentes y consolidadas, como PLD Space en España, Rocket Lab en Nueva Zelanda o Firefly Aerospace en Estados Unidos, compiten por ocupar este nicho.
PLD Space, en particular, ha logrado avances significativos con su cohete Miura 1, cuyo primer vuelo suborbital de prueba fue un éxito en 2023, y se prepara para el lanzamiento orbital del Miura 5. El hecho de que Europa cuente con actores propios en la carrera por los pequeños lanzadores añade presión a los competidores estadounidenses y asiáticos, y subraya la importancia estratégica de disponer de acceso autónomo al espacio para usos científicos, comerciales y de seguridad.
La NASA, por su parte, sigue apoyando el desarrollo de nuevas tecnologías de lanzamiento a través de programas como Venture Class Launch Services (VCLS), destinados a fomentar la aparición de pequeñas empresas capaces de ofrecer servicios de lanzamiento específicos para cargas útiles de la agencia. Esta diversificación es vista como esencial para la resiliencia y flexibilidad del sector aeroespacial estadounidense.
En paralelo, Blue Origin avanza —aunque a un ritmo más lento que SpaceX— en el desarrollo de su cohete New Glenn, cuyo primer vuelo está previsto para 2024 tras sucesivos retrasos. Virgin Galactic, por su lado, centra su actividad en el turismo suborbital, habiendo reanudado recientemente los vuelos comerciales tras superar varios problemas técnicos.
El creciente interés por la exploración de exoplanetas y la proliferación de satélites científicos y comerciales en órbitas bajas refuerzan la necesidad de contar con una amplia gama de opciones de lanzamiento. El acceso asequible y frecuente al espacio es un elemento clave tanto para la investigación como para el desarrollo económico, y disponer de tecnologías fiables y reutilizables es el gran desafío de la próxima década.
La recuperación de los activos de Vector Launch supone, por tanto, una oportunidad de reimpulsar innovaciones que, por falta de financiación en su momento, no llegaron a materializarse plenamente. Si su tecnología puede integrarse en nuevos proyectos, podría contribuir a reducir los costes y aumentar la frecuencia de lanzamientos, beneficiando a todo el ecosistema espacial.
La historia de Vector es un recordatorio de lo compleja y arriesgada que es la industria aeroespacial, donde incluso las buenas ideas requieren de una ejecución impecable y una financiación robusta para prosperar. Ahora, con sus activos de vuelta en manos de quienes los concibieron, se abre una nueva etapa para unas tecnologías que podrían tener, finalmente, el impacto que prometieron en su día.
El sector espacial mundial observa con interés cómo se desarrollan estos acontecimientos, en un momento en el que la competencia y la colaboración internacional son más intensas que nunca. El acceso al espacio, en definitiva, sigue siendo una carrera de fondo donde cada innovación cuenta.
(Fuente: Arstechnica)
