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La nueva carrera espacial: Europa apuesta por la imagen hiperespectral para liderar la observación terrestre

La nueva carrera espacial: Europa apuesta por la imagen hiperespectral para liderar la observación terrestre

Durante los últimos cincuenta años, la observación de la Tierra desde el espacio ha estado marcada por una constante: la búsqueda de imágenes cada vez más nítidas y detalladas. Los satélites han mejorado su resolución hasta el punto de identificar con precisión coches, infraestructuras o incluso cambios sutiles en el paisaje. Sin embargo, este progreso se ha centrado casi exclusivamente en el aspecto visual, dejando de lado otras dimensiones de la información que la Tierra puede revelar. En la actualidad, una nueva tecnología está revolucionando el campo: la imagen hiperespectral.

Este avance tecnológico permite a los satélites ir mucho más allá de lo que el ojo humano o las cámaras convencionales pueden captar. La imagen hiperespectral consiste en recoger información a lo largo de cientos de bandas espectrales, más allá del clásico rojo, verde y azul. De este modo, los sensores pueden descomponer la luz reflejada o emitida por los objetos en una multitud de longitudes de onda, obteniendo así una verdadera “huella digital” bioquímica. Esto posibilita la identificación precisa de materiales, cultivos, contaminantes o incluso el estado de salud de la vegetación o las masas de agua.

Europa, consciente del potencial estratégico y científico de esta tecnología, ha apostado fuerte por la imagen hiperespectral. La Agencia Espacial Europea (ESA) lidera el desarrollo del satélite EnMAP (Environmental Mapping and Analysis Program), lanzado en 2022, que ya está proporcionando datos hiperespectrales de alta resolución a científicos y usuarios europeos. En el horizonte próximo, la misión CHIME (Copernicus Hyperspectral Imaging Mission for the Environment), parte del programa Copernicus, promete ampliar aún más la capacidad de monitorización ambiental del continente.

El liderazgo europeo en este campo, sin embargo, no está garantizado. Estados Unidos, con la NASA y empresas privadas como Planet Labs, así como China, están invirtiendo recursos considerables en desarrollar y lanzar sus propios satélites hiperespectrales. Empresas emergentes estadounidenses, apoyadas por el capital riesgo y contratos gubernamentales, han comenzado a desplegar constelaciones comerciales que prometen un acceso casi en tiempo real a datos hiperespectrales para agricultura, minería o seguridad medioambiental.

Frente a esta competencia global, Europa ha entendido que la colaboración entre organismos públicos y empresas privadas resulta esencial. La financiación y el desarrollo de nuevas misiones requieren una cooperación fluida que permita compartir riesgos y beneficios. En este sentido, el modelo que está siguiendo el sector espacial europeo es similar al que ha permitido el rápido avance de SpaceX en Estados Unidos, donde la colaboración público-privada ha acelerado la innovación y reducido los costes de acceso al espacio.

En España, la empresa PLD Space es un ejemplo de esta dinámica. Aunque su foco principal es el desarrollo de lanzadores reutilizables como el Miura 1, su éxito demuestra las posibilidades de la colaboración entre startups y administraciones para impulsar la industria espacial nacional. Iniciativas como el PERTE Aeroespacial y la implicación del CDTI en la financiación de proyectos de observación terrestre han colocado a nuestro país en una posición favorable para participar en misiones hiperespectrales europeas.

La imagen hiperespectral no solo tiene aplicaciones científicas o medioambientales. Su capacidad para identificar materiales y compuestos específicos la convierte en una herramienta valiosa para la seguridad alimentaria, el control de fronteras, la detección de vertidos contaminantes y la gestión de recursos naturales. Por ejemplo, la monitorización de la sequía y el estrés hídrico en los cultivos, la identificación de especies invasoras o la detección precoz de incendios forestales ya son posibles gracias a la información obtenida en cientos de longitudes de onda.

No obstante, el reto principal reside en la gestión y el procesamiento de la ingente cantidad de datos que estas tecnologías generan. Aquí, la inteligencia artificial y el aprendizaje automático están llamados a jugar un papel clave, permitiendo analizar patrones complejos y generar alertas automáticas en tiempo real para gobiernos, agricultores o servicios de emergencia.

Mientras tanto, otras compañías como Blue Origin y Virgin Galactic continúan centrando sus esfuerzos en el turismo espacial y la democratización del acceso al espacio, mientras que SpaceX sigue batiendo récords de lanzamientos y desarrollando tecnologías de reutilización que podrían abaratar aún más el acceso a órbita para satélites de observación. La NASA, por su parte, mantiene el foco en la exploración interplanetaria y la búsqueda de exoplanetas, aunque también colabora en misiones de observación terrestre con aplicaciones hiperespectrales.

En última instancia, el futuro de la observación de la Tierra se decidirá en gran medida por la capacidad de las instituciones y empresas europeas para colaborar y liderar el desarrollo de tecnologías hiperespectrales. Solo mediante alianzas público-privadas robustas podrá Europa mantener su posición de vanguardia y asegurar que los datos del planeta sigan estando al servicio de la sociedad, la ciencia y la sostenibilidad.

(Fuente: SpaceNews)