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La última medición precisa de la expansión del universo agrava la «tensión de Hubble»

La última medición precisa de la expansión del universo agrava la "tensión de Hubble"

Un equipo internacional de astrónomos ha logrado una de las medidas más precisas hasta la fecha de la tasa de expansión actual del universo, conocida como la constante de Hubble, utilizando observatorios terrestres y espaciales de vanguardia. Entre los instrumentos clave empleados se encuentran el prestigioso W. M. Keck Observatory, situado en la cima de Maunakea (Hawái), y el telescopio espacial James Webb de la NASA. Este avance añade aún más complejidad al llamado problema de la «tensión de Hubble», una discrepancia que lleva años desconcertando a la comunidad cosmológica.

Desde hace décadas, los científicos tratan de determinar el ritmo exacto con el que el universo se expande. Según la teoría del Big Bang, tras la gran explosión inicial, el cosmos comenzó a expandirse, alejando las galaxias entre sí. La constante de Hubble cuantifica precisamente esa velocidad de alejamiento a medida que aumenta la distancia. Sin embargo, existen dos métodos principales para calcular este valor, y ambos arrojan resultados contradictorios.

Por un lado, las mediciones basadas en el fondo cósmico de microondas, la radiación relicta de los primeros instantes del universo, sugieren una constante de Hubble menor, en torno a los 67 kilómetros por segundo por megapársec. Este método analiza la luz primordial captada, entre otros, por el satélite Planck de la ESA. Por otro lado, las observaciones de objetos más «cercanos» en el tiempo, como supernovas de tipo Ia y estrellas variables cefeidas en galaxias relativamente próximas, ofrecen un valor superior, en torno a los 73 km/s/Mpc.

La nueva investigación, que ha contado con la colaboración de instituciones estadounidenses y europeas, ha explotado las capacidades del Keck Cosmic Web Imager, un instrumento diseñado para cartografiar el gas difuso que conecta galaxias a gran escala, conocido como la «red cósmica». Combinando estos datos con la altísima resolución infrarroja del telescopio James Webb, los astrónomos han podido analizar la luz de galaxias lejanas y la absorción de elementos en el medio intergaláctico con un detalle sin precedentes.

El resultado, lejos de resolver la discrepancia, la agudiza: la constante de Hubble obtenida a través de este método independiente se sitúa muy próxima al valor alto, respaldando así las estimaciones derivadas de observaciones «locales». Esto refuerza la sospecha de que existe una fisura en la comprensión actual del universo, posiblemente asociada a nueva física más allá del modelo estándar de la cosmología.

El llamado «problema de la tensión de Hubble» es especialmente relevante porque pone en cuestión los pilares teóricos que explican la evolución del cosmos. Si la verdadera constante de Hubble es la más alta, podría implicar la existencia de partículas desconocidas, una energía oscura más exótica o incluso fallos en la interpretación de los datos cosmológicos. Por el contrario, si se confirmara el valor bajo, supondría que las observaciones de supernovas y cefeidas contienen algún sesgo sistemático aún por detectar.

En este contexto, la aportación de los telescopios espaciales y terrestres es fundamental. El James Webb, lanzado en 2021, está permitiendo observar con una claridad sin precedentes el universo temprano, mientras que el Keck Observatory, equipado con óptica adaptativa y espectrógrafos de última generación, sigue siendo un referente mundial en astrofísica extragaláctica.

Más allá de la cosmología, la carrera espacial no se detiene. En el ámbito privado, SpaceX sigue marcando hitos en el lanzamiento de satélites y pruebas de su nave Starship, mientras que Blue Origin avanza en el desarrollo de su cohete New Glenn y en misiones suborbitales turísticas. En España, PLD Space avanza con su cohete Miura 1 y prepara el salto al Miura 5, abriendo camino a una industria aeroespacial nacional competitiva. Virgin Galactic, por su parte, continúa comercializando vuelos suborbitales para turistas espaciales, aunque con un ritmo más pausado debido a desafíos técnicos y financieros.

La NASA, por su parte, mantiene su compromiso con la exploración del Sistema Solar y la investigación astrofísica. Tras el éxito de la misión Artemis I, la agencia estadounidense sigue trabajando en la preparación de futuros vuelos tripulados a la Luna y, a más largo plazo, a Marte. La exploración de exoplanetas tampoco se detiene, con misiones como TESS y CHEOPS de la ESA aportando datos sobre mundos lejanos y potencialmente habitables.

En definitiva, la reciente medición de la constante de Hubble pone de relieve la vitalidad y los retos de la cosmología moderna. La colaboración entre grandes observatorios, tanto públicos como privados, y el desarrollo de tecnologías cada vez más precisas, auguran nuevos descubrimientos que podrían revolucionar nuestra visión del universo en los próximos años. La solución a la «tensión de Hubble» sigue siendo uno de los grandes enigmas de la ciencia actual y, por ende, un motor de innovación y debate en la comunidad internacional.

(Fuente: SpaceDaily)