La vida pudo surgir de geles pegajosos en la Tierra primitiva, según un estudio internacional

Un consorcio internacional de científicos procedentes de Japón, Malasia, Reino Unido y Alemania ha presentado una hipótesis revolucionaria sobre el origen de la vida en la Tierra que podría cambiar el paradigma clásico de la biología. Según sus investigaciones, los primeros indicios de vida pudieron haberse gestado en geles pegajosos y superficiales adheridos a minerales, mucho antes de la aparición de las primeras células. Esta teoría, que se suma a la larga lista de propuestas sobre el origen de la vida, aporta un enfoque novedoso al sugerir que estos geles prebiológicos ofrecieron tanto soporte físico como un entorno químico propicio para el desarrollo de la compleja química que precedió a la biología.
La búsqueda del origen de la vida ha sido una de las cuestiones más fascinantes y persistentes de la ciencia moderna. Tradicionalmente, la imagen popular y científica situaba la aparición de las primeras formas de vida en las «sopas primordiales» de los océanos, donde moléculas orgánicas simples se habrían combinado espontáneamente para dar lugar a estructuras más complejas. Sin embargo, el nuevo estudio pone el foco en otro escenario igualmente plausible: la formación de geles densos y viscosos en superficies minerales, donde las moléculas orgánicas no solo se acumularían, sino que además estarían protegidas y concentradas, facilitando la aparición de procesos prebióticos cruciales.
Técnicamente, estos geles se forman cuando moléculas orgánicas, como aminoácidos, lípidos y azúcares primitivos, interactúan con superficies minerales en ambientes húmedos. A diferencia de las soluciones líquidas, donde las moléculas están muy dispersas, en los geles las moléculas están mucho más próximas entre sí, lo que favorece las reacciones químicas necesarias para la síntesis de compuestos más complejos. Además, la adhesión a superficies minerales podría haber ofrecido una protección extra frente a la radiación ultravioleta y otros agentes destructivos presentes en la atmósfera primitiva de la Tierra.
Uno de los aspectos técnicos más interesantes de este modelo es la posibilidad de que estos geles hayan actuado como «incubadoras químicas». En los entornos de gel, las fluctuaciones de agua y temperatura, junto con la concentración de precursores moleculares, podrían haber generado microambientes propicios para la autoorganización molecular y la formación de estructuras similares a las membranas celulares. Este paso es fundamental, ya que la compartimentación es uno de los requisitos previos para el desarrollo de sistemas biológicos funcionales.
La propuesta de los geles pegajosos no solo enriquece el debate sobre los orígenes de la vida terrestre, sino que también tiene implicaciones importantes para la astrobiología y la búsqueda de vida en otros planetas. Por ejemplo, en Marte, la detección de antiguos lechos minerales y estructuras geológicas que pudieron haber albergado agua líquida sugiere que procesos similares podrían haber ocurrido en el planeta rojo. Asimismo, el estudio de exoplanetas con condiciones superficiales ricas en minerales y agua abre nuevas posibilidades para encontrar entornos propicios para el desarrollo de vida fuera de la Tierra.
En este contexto, las agencias espaciales, tanto públicas como privadas, tienen un papel clave en la investigación de estos procesos. La NASA y la ESA, por ejemplo, han planificado misiones a la Luna y Marte para analizar in situ la química de las superficies y buscar indicios de procesos prebióticos. Por su parte, empresas como SpaceX y Blue Origin están sentando las bases para una futura exploración más profunda, que podría permitir el transporte de instrumentos científicos capaces de detectar geles precursores de vida o incluso analizar muestras directamente en la superficie de otros cuerpos planetarios.
En España, la compañía PLD Space está abriendo camino en el sector aeroespacial privado, desarrollando lanzadores reutilizables que podrían abaratar los costes de estas misiones y facilitar el envío de experimentos a diferentes destinos del sistema solar. Este tipo de innovación tecnológica es crucial para acelerar la investigación y la obtención de datos sobre los orígenes de la vida.
El avance en la comprensión de los procesos que podrían haber desencadenado la aparición de la vida también impulsa el diseño de instrumentos más sensibles y específicos para la detección de biomarcadores en exoplanetas, una prioridad para los telescopios espaciales de próxima generación como el James Webb de la NASA y los futuros proyectos europeos.
En definitiva, la hipótesis de los geles pegajosos como cuna de la vida añade una pieza fundamental al complejo puzle del origen de la biología en la Tierra y en el universo. Con cada nuevo estudio y misión, nos acercamos un poco más a desvelar uno de los mayores misterios de la ciencia.
(Fuente: SpaceDaily)
