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Lockheed Martin refuerza la defensa del GPS frente a la amenaza de interferencias

Lockheed Martin refuerza la defensa del GPS frente a la amenaza de interferencias

La próxima generación de satélites de navegación global, conocida como GPS IIIF, se perfila como un salto tecnológico crucial en la protección de señales estratégicas ante intentos de interferencia o suplantación por parte de actores hostiles. Lockheed Martin, contratista principal del sistema, ha presentado en los últimos días detalles sobre las capacidades avanzadas de estos satélites, defendiendo que su despliegue supondrá un giro radical en la seguridad de la navegación y el posicionamiento global, tanto para operaciones militares como civiles.

GPS, o Global Positioning System, es una red de satélites operada por la Fuerza Espacial de Estados Unidos. Desde su despliegue inicial en la década de 1990, ha evolucionado en varias fases, siendo la actual la denominada GPS III, cuyos primeros satélites se lanzaron en 2018. El segmento IIIF (Follow-On) representa la sexta generación de la constelación, con el añadido de tecnologías que no solo mejoran la precisión, sino que también refuerzan la resiliencia ante amenazas cibernéticas y electrónicas.

Entre los avances más destacados de GPS IIIF destaca la incorporación de «spot beams» regionales, haces focalizados de alta potencia capaces de dirigir señales específicamente a áreas de interés. Según Lockheed Martin, esto permitirá aumentar en varios órdenes de magnitud la dificultad para que adversarios puedan interferir o “hackear” la señal GPS en teatros de operaciones críticos. Además, estos haces regionales ofrecerán a los responsables militares estadounidenses y aliados la posibilidad de reforzar la cobertura en zonas estratégicas y degradarla selectivamente en áreas hostiles, limitando la capacidad de uso por parte de oponentes.

El contexto internacional actual, marcado por una creciente sofisticación en las capacidades de guerra electrónica de potencias como Rusia o China, ha puesto en el punto de mira la vulnerabilidad de los sistemas de navegación por satélite. En los últimos años, se han documentado numerosos casos de interferencias a sistemas GPS tanto en zonas de conflicto como en ejercicios militares. Según fuentes de la OTAN, estas tácticas buscan cegar o desorientar a fuerzas dependientes de la navegación satelital, lo que subraya la importancia de evolucionar hacia arquitecturas más robustas.

La arquitectura IIIF integrará mejoras tanto en el hardware espacial como en el segmento terrestre. Los satélites llevarán a bordo cargas útiles más avanzadas, con criptografía mejorada y receptores resistentes a técnicas de spoofing, una modalidad de ataque que suplanta señales genuinas por otras falsas. Otro de los avances relevantes es la integración de sistemas de comunicaciones láser inter-satélite, permitiendo que los distintos elementos de la constelación se comuniquen entre sí sin depender exclusivamente de estaciones terrestres vulnerables.

Lockheed Martin no es la única compañía trabajando en la seguridad de la navegación global. Empresas como SpaceX, a través de su constelación Starlink, están desarrollando tecnologías que podrían complementar o, en escenarios futuros, competir con los sistemas de posicionamiento tradicionales. Starlink ha sido probado en ejercicios militares para transmisión segura de datos y potencialmente, en futuras versiones, podría aportar redundancia geolocalizadora gracias a su cobertura global y baja latencia. Por su parte, Blue Origin y Virgin Galactic, aunque centradas en el transporte suborbital y la exploración espacial, han mostrado interés en la seguridad de las comunicaciones orbitales, vitales para la infraestructura satelital.

En Europa, la española PLD Space avanza en el desarrollo de lanzadores reutilizables que, en el futuro, podrían poner en órbita satélites dedicados a la seguridad y navegación, ya sea complementando Galileo (el sistema europeo de navegación) o colaborando en programas transatlánticos. La sinergia entre lanzadores nacionales y cargas útiles especializadas es vista como un factor estratégico en la soberanía tecnológica europea.

La NASA, aunque no opera sistemas de navegación civil, sí colabora en programas de innovación en defensa espacial y comunicaciones seguras, especialmente en el ámbito de la exploración lunar y marciana, donde la resiliencia frente a interferencias será aún más crítica.

Respecto a la hoja de ruta del GPS IIIF, la Fuerza Espacial de Estados Unidos espera comenzar el despliegue de los primeros satélites a mediados de esta década, sumándose a los GPS III ya en funcionamiento. El objetivo es mantener una constelación de al menos 24 satélites activos, con capacidad de sustitución rápida en caso de avería o acción hostil. Este enfoque modular y escalable es clave para asegurar la continuidad del servicio global.

A la espera de la entrada en servicio del GPS IIIF, la comunidad internacional sigue de cerca cada avance técnico, sabedora de que el control de la navegación satelital es un pilar estratégico no solo para las fuerzas armadas, sino también para las infraestructuras críticas civiles, desde la aviación hasta el transporte marítimo y la gestión de emergencias.

La carrera por asegurar y modernizar los sistemas de posicionamiento global refleja la creciente militarización del espacio, obligando a la innovación continua en defensa electrónica y resiliencia tecnológica. La llegada de GPS IIIF promete cambiar las reglas del juego en este terreno, haciendo que las amenazas de interferencia sean cada vez más difíciles de materializar para actores hostiles.

(Fuente: SpaceNews)