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Los secretos de Io y Europa: cómo su origen marcó su destino acuático y volcánico

Los secretos de Io y Europa: cómo su origen marcó su destino acuático y volcánico

Io y Europa, dos de las lunas más fascinantes de Júpiter, han intrigado durante décadas a científicos y astrónomos por sus notables diferencias geológicas y composicionales. Io ostenta el título de cuerpo más volcánico del sistema solar, una esfera incandescente de actividad y colorido sin apenas rastro de agua. Por el contrario, Europa oculta bajo su corteza helada uno de los océanos más prometedores para la búsqueda de vida extraterrestre. Ahora, una investigación internacional liderada por la Universidad Aix-Marsella (Francia) y el Southwest Research Institute (Estados Unidos) arroja nueva luz sobre el origen de este contraste, sugiriendo que las diferencias entre ambas lunas se definieron desde el mismo momento de su formación.

Ambos satélites, junto con Ganímedes y Calisto, forman el grupo de las lunas galileanas, descubiertas en 1610 por Galileo Galilei. Desde entonces, han sido objeto de numerosos estudios, pero ha sido en las últimas décadas, gracias a misiones como Galileo de la NASA y el reciente interés por la habitabilidad de otros mundos, cuando se ha profundizado en sus secretos. Io, la más cercana a Júpiter, es conocida por sus más de 400 volcanes activos, algunos de los cuales lanzan material a cientos de kilómetros de altura. Su superficie, teñida de amarillos, rojos y blancos por el azufre y los compuestos volcánicos, carece casi por completo de agua. Europa, segunda en distancia, presenta una superficie lisa y brillante cubierta de hielo de agua, bajo el cual se cree que existe un océano global con más agua que todos los océanos terrestres juntos.

El nuevo estudio, publicado en una destacada revista científica, combina modelos de formación planetaria y datos de composición obtenidos por diversas sondas espaciales. Los investigadores proponen que las diferencias en el contenido de agua de Io y Europa tienen su origen en las condiciones del disco de gas y polvo que rodeaba a Júpiter durante la formación de sus satélites. El calor extremo y la intensa radiación en la región más cercana al planeta gigante habrían provocado que los materiales volátiles, como el agua, se evaporasen antes de poder incorporarse a los cuerpos en formación. Así, Io, situada en la órbita más interna, quedó privada de agua, mientras que Europa, algo más alejada, pudo retener una cantidad significativa de hielo.

Estos hallazgos tienen profundas implicaciones para la astrobiología y la exploración espacial. La ausencia de agua en Io explica su intensa actividad volcánica y su atmósfera extremadamente tenue, compuesta principalmente de dióxido de azufre. Por el contrario, la presencia de un océano bajo la superficie de Europa convierte a esta luna en uno de los principales destinos para la búsqueda de vida fuera de la Tierra. La NASA, la Agencia Espacial Europea (ESA) y otras agencias ya han puesto en marcha misiones como Europa Clipper y JUICE para estudiar en detalle este mundo helado y su potencial habitabilidad.

El interés en las lunas de Júpiter se enmarca en un contexto más amplio de exploración planetaria, donde empresas privadas y agencias públicas compiten y colaboran en la carrera por desvelar los misterios del sistema solar. SpaceX, por ejemplo, ha anunciado su ambición de utilizar la nave Starship para misiones interplanetarias, mientras que Blue Origin y Virgin Galactic continúan desarrollando tecnologías para facilitar el acceso al espacio profundo. Por su parte, la española PLD Space avanza en el desarrollo de cohetes reutilizables que podrían ser clave en futuras misiones de carga y exploración.

El estudio de exoplanetas, muchos de los cuales se encuentran en zonas habitables y podrían poseer océanos similares al de Europa, también se beneficia de estos descubrimientos. Comprender cómo las condiciones iniciales de formación determinan la composición y geología de los satélites y planetas es crucial para evaluar su potencial de albergar vida. En este sentido, tanto la NASA como la ESA y otras agencias internacionales están invirtiendo en telescopios de nueva generación y misiones de sondeo para identificar y caracterizar mundos lejanos.

En definitiva, la investigación sobre Io y Europa no solo enriquece nuestro conocimiento sobre los orígenes y evolución del sistema solar, sino que también allana el camino para futuras exploraciones y el posible hallazgo de vida más allá de la Tierra. El contraste entre estos dos mundos vecinos nos recuerda que, en el cosmos, el destino de cada cuerpo puede estar sellado desde su nacimiento, dependiendo de su entorno y las fuerzas que lo moldean.

(Fuente: SpaceDaily)