Musgos espaciales: una nueva esperanza para la vida más allá de la Tierra

Un equipo de investigadores japoneses ha logrado un hito insólito en la biología espacial al demostrar que los esporófitos del musgo Physcomitrium patens pueden sobrevivir durante nueve meses en el espacio exterior, adheridos al casco de la Estación Espacial Internacional (EEI), y, al regresar a la Tierra, siguen siendo viables para reproducirse. Este hallazgo, publicado el 20 de noviembre en la revista iScience, abre nuevas perspectivas para la astrobiología, la terraformación y el futuro de la vida en ambientes extraterrestres.
La investigación, liderada por Tomomichi Fujita de la Universidad de Hokkaido, consistió en enviar esporófitos de musgo al espacio, donde fueron sometidos a condiciones extremas: vacío casi absoluto, temperaturas variables entre -20 y 30°C, intensa radiación ultravioleta cósmica y la ausencia total de atmósfera protectora. Los ejemplares se mantuvieron en el exterior de la EEI durante más de 270 días. A su regreso, los científicos comprobaron que los musgos no sólo seguían vivos, sino que eran capaces de producir esporas viables, lo que indica que su ciclo reproductivo no se había visto interrumpido por la experiencia.
Este éxito contrasta con la fragilidad de la mayoría de organismos terrestres ante el entorno espacial. Incluso los experimentos previos con semillas o esporas de plantas superiores han mostrado tasas de supervivencia muy limitadas. Sin embargo, los musgos, uno de los linajes vegetales más antiguos del planeta, parecen haber desarrollado una resistencia excepcional, propia de organismos que ya sobrevivieron a condiciones extremas cuando la vida colonizaba la Tierra primitiva.
La EEI se ha convertido en los últimos años en un laboratorio clave para este tipo de investigaciones. En sus plataformas exteriores se han llevado a cabo experimentos con bacterias, líquenes y semillas, pero las tasas de supervivencia y viabilidad reproductiva rara vez habían sido tan altas como las observadas en este estudio. Los musgos, al carecer de sistemas vasculares complejos y depender de esporas para su reproducción, parecen estar mejor adaptados a la deshidratación y la radiación cósmica que las plantas superiores.
El experimento se enmarca en la creciente colaboración internacional en biología espacial. Mientras la NASA y la ESA centran sus esfuerzos en estudiar los efectos del espacio sobre semillas agrícolas, con vistas a la futura colonización lunar y marciana, Japón ha apostado por investigar organismos simples y resistentes, como los musgos y líquenes. La Agencia de Exploración Aeroespacial de Japón (JAXA) ha aprovechado la infraestructura de la EEI para enviar muestras biológicas al espacio, en colaboración con universidades nacionales e internacionales.
La trascendencia de este hallazgo va mucho más allá de la biología básica. La posibilidad de que organismos vegetales puedan sobrevivir y reproducirse tras largos periodos en el espacio exterior tiene implicaciones directas para la terraformación de otros planetas y la creación de ecosistemas autosuficientes fuera de la Tierra. En este contexto, empresas privadas como SpaceX y Blue Origin han mostrado interés en transportar organismos resistentes en futuras misiones a Marte. De hecho, Elon Musk, CEO de SpaceX, ha declarado en varias ocasiones que la colonización marciana requerirá de especies vegetales capaces de soportar condiciones extremas, y experimentos como el realizado en la EEI proporcionan una base científica sólida para seleccionar los primeros colonizadores biológicos del Planeta Rojo.
Mientras tanto, la NASA avanza en su programa Artemis, que prevé el establecimiento de bases lunares permanentes a partir de 2026. Una de las líneas de investigación prioritarias de la agencia estadounidense es el desarrollo de sistemas biológicos regenerativos, capaces de reciclar oxígeno y nutrientes. Los musgos, por su bajo requerimiento energético y su resistencia comprobada, podrían integrarse en estos sistemas para garantizar la sostenibilidad de las misiones de larga duración.
No sólo las agencias públicas están apostando por la biología espacial. Empresas como Virgin Galactic, centrada en el turismo suborbital, han comenzado a ofrecer espacio en sus vuelos para experimentos biológicos, ampliando las oportunidades para universidades y start-ups. Además, la española PLD Space, pionera en el desarrollo de lanzadores reutilizables en Europa, prevé incorporar módulos de experimentación biológica en futuros lanzamientos suborbitales desde Huelva.
En paralelo, la búsqueda de exoplanetas habitables por parte de telescopios como el James Webb o el próximo PLATO de la ESA, refuerza la importancia de entender cuáles son los límites de la vida. Si organismos simples como los musgos pueden sobrevivir a las adversidades del espacio, aumenta la probabilidad de que formas de vida resistentes hayan colonizado otros rincones del universo.
En definitiva, los resultados obtenidos por el equipo japonés no sólo suponen un avance en la comprensión de la resistencia biológica, sino que abren nuevas vías para la exploración espacial y la posibilidad de vida fuera de la Tierra. El musgo Physcomitrium patens podría convertirse en uno de los primeros colonizadores verdes de la Luna o Marte, marcando un hito en la historia de la exploración humana.
(Fuente: SpaceDaily)
